La literatura erótica es un género literario en el cual los textos se relacionan, directa o indirectamente, con el erotismo y el sexo. En ocasiones se puede referir a la misma también como literatura pornográfica si las escenas sexuales son realmente muy explícitas, aunque normalmente sigue considerándose dentro del erotismo», según podemos leer en la Wikipedia.

No cabe duda de que la literatura erótica está viviendo su mejor momento y hay libros eróticos para todos los gustos, además de una amplia nómina de autores a escala internacional herederos de una fecunda tradición literaria: Marqués de Sade, Giovanni Boccaccio, Vladimir Nabokov, Anaïs Nin, Marguerite Duras, Gustave Flaubert, D. H. Lawrence, Pauline Réage, Henry Miller, Elfriede JelinekIsabel Allende. La española Almudena Grandes marcó sin duda una etapa en este terreno en nuestro país con Las edades de Lulú, premio La Sonrisa Vertical y editada por Tusquets en 1989.

ya el propio Cairasco de Figueroa se movía entre la religiosidad y la sensualidad en versos como los incluidos en su libro ‘Poesías líricas eróticas atribuibles’

La literatura erótica española —y, por ende, la canaria— se ha desarrollado con cierto retraso debido a la dictadura franquista, que censuraba y prohibía su lectura. Centrándonos ya en el Archipiélago, podemos observar cómo ya el propio Cairasco de Figueroa (Las Palmas de Gran Canaria, 1538-1610), considerado el fundador de la literatura canaria, se movía entre la religiosidad y la sensualidad en versos como los incluidos en su libro Poesías líricas eróticas atribuibles. También a Graciliano Afonso Naranjo (La Orotava, 1775 – Las Palmas de Gran Canaria, 1861) se le atribuyen creaciones poéticas de estas características.

En DRAGARIA hemos querido realizar una radiografía de la literatura erótica canaria actual, y lo hacemos acercándonos a algunos de los escritores que llenan de tinta erótica nuestro archipiélago, dieciséis autores y autoras que, o bien se dedican de lleno a este género, o bien lo abordan con cierta asiduidad en sus obras. Saber qué piensan, cómo afrontan el género, qué peso tiene el erotismo en su producción, cuáles son sus tendencias estilísticas, qué respuesta reciben de sus lectores… Ellas y ellos son: Amalia Quiroz Pedrazas, Ángela Molina, Elena VillamandosEmilio González Déniz, Félix DíazFrancisco Javier Rodríguez Pulido, Inma Flores, Irma Ariola, Josefa Molina, Juan Ramón Tramunt, Magela GraciaMayte Martín, Rosario Valcárcel y Sasa Sosa. Junto a ellos, Manuel Martínez Perdomo y Esther Álvarez (Stara Grazie), como muestra de este movimiento en blogs y redes sociales.

Tal vez sorprenda descubrir algunos nombres en esa lista, pero es que el autor exclusivamente erótico es algo raro en las Islas: la mayor parte de los escritores de este estilo, incluso los más significados, combina este subgénero con otros tipos de expresión literaria. Mucha gente probablemente desconoce, por ejemplo, que la autora erótica más reconocida actualmente en el Archipiélago, Magela Gracia, también escribe cuentos infantiles.

Literatura erótica canaria
Emilio González Déniz, Josefa Molina, Elena Villamandos e Irma Ariola.

La etiqueta

¿Es preciso encasillar el erotismo como un subgénero independiente? ¿Limita esta clasificación a los autores?

Emilio González Déniz asegura que no cree demasiado en los géneros, ya que escribe lo que quiere escribir: «Lo de los géneros tiene que ver más con el mercado editorial», afirma.  Francisco Rodríguez, a punto de sacar su primer poemario, opina que «la subdivisión de la literatura, sea erótica o no, es una forma de encasillar a cualquier autor y los encasillamientos suelen ser peligrosos porque, en ocasiones, limitan la creatividad del propio escritor». Félix Díaz se muestra también contrario a los encasillamientos: «Eso estará bien para los académicos pero, salvo en esos círculos exclusivos y elitistas, encasillar dentro de un género solo sirve para perder el tiempo o apartar posibles lectores».

«encasillar dentro de un género solo sirve para perder el tiempo o apartar posibles lectores»

Para Juan Ramón Tramunt, la etiqueta «puede ser interesante para el lector a la hora de escoger», pero personalmente prefiere «eludir las clasificaciones a la hora de escribir». Mayte Martín opina que no solo es negativo el encasillamiento, sino que existen autores que sin escribir literatura erótica reflejan un indudable erotismo: «El perfume, de Patrick Süskind, por poner un ejemplo, o La costa de los ausentes, de Santiago Gil, desde Conan Doyle hasta Haruki Murakami, de Mercedes Pinto a Lucía Etxebarría». Rosario Valcárcel comparte esta opinión: «Particularmente creo que es mejor no atarse ni encasillarse en muchas clasificaciones que pueden confundir al lector. Prefiero perderme en el laberinto de esos deseos literarios en la sorpresa que van más allá de la sexualidad, de las pasiones y los sentimientos».

Irma Ariola, a punto de sacar su último poemario erótico con la editorial Idea, se muestra  sin embargo partidaria de los sellos, «porque así no te encasillan en un género erróneo y sería positivo para aquellas personas que no conocen bien el tipo de literatura. No obstante, se escribe para expresar y llegar a un público determinado y no para agradar ni contentar a todos». También Sasa Sosa es de esta opinión: «Sitúa al lector. Eso me permite no acercarme nunca a la sección de literatura romántica o de ciencia ficción. Pasa lo mismo en el cine, en la música y en la pintura. Todo son categorías y clasificaciones», sostiene. Stara Grazie secunda esta idea, señalando que «las personas tenemos nombre, los países…». «Pienso que sí, porque lo que escribo es surrealista dentro de lo erótico, aunque me parece que es agotador, la letras deben de ser libres en este campo, abierta», indica.

Manuel Perdomo piensa que todo lo que sea ayudar al lector es positivo: «El mercado de la literatura erótica se diversifica a pasos agigantados con nuevos títulos y autores emergiendo cada día, y todo lo que ayude al consumidor a ahorrar tiempo y encontrar un libro o relato con el que verdaderamente disfrute ha de ser bienvenido». Para Magela Gracia —y su lema la autora erótica que nadie reconoce leer— «es importante que se haga diferenciación clara de géneros para no confundir o engañar al lector, aunque a veces es tan complicado que no se mezclen entre ellos que es imposible decir que un libro pertenece a tal o cual género en exclusiva».

Literatura erótica canaria
Magela Gracia, Inma Flores, Stara Grazie y Francisco Javier Rodríguez Pulido.

Influencias

¿Cómo se llega a este género? ¿Qué autores o autoras les han influido?

Tramunt no se inspira en nadie en concreto: «Mi mochila erótica se limitaba a El Decamerón, y las versiones cinematográficas de Emmanuelle e Historia de O. Ni siquiera he leído las novelas. Quise contar una historia que se me ocurrió a partir de la observación de una escultura en el Louvre y eso dio como resultado La hembra del centauro», asegura. Grazie, por su parte, admite que Las Edades de Rut —el blog que dirige Elena Villamandos y en el que participa— le ha servido de formación.

Varios de los entrevistados confiesan que el cine ha jugado un papel determinante en su elección. Así, Rodríguez señala que en su caso ha sido la experiencia personal, así como la influencia cinematográfica de películas como El último tango en París o El imperio de los sentidos. «A la erótica me ha llevado la vida misma, pero fue el cine el que me llevó al erotismo en épocas pretéritas», nos revela Valcárcel. 

«No he llegado a la novela erótica. El erotismo forma parte de la vida y de la literatura»

Martín, sin embargo, arguye que «la influencia viene dada más por la literatura y la fotografía que el cine». González Déniz es aun mas contundente: «No he llegado a la novela erótica. El erotismo forma parte de la vida y de la literatura. Lo hay desde mi primera novela. He leído, por supuesto, a D.H. Lawrence, a Anaïs Ninn o a Vargas Llosa, pero no por el erotismo que suelen utilizar, sino porque me gustan sus novelas».

Sosa se inició en la lectura de literatura erótica cuando estudiaba en la universidad: «Fue ahí cuando cayó en mis manos por primera vez un libro de La Sonrisa Vertical. En esa época me impresionó especialmente La historia de O, de la escritora francesa Pauline Réage». Villamandos Flores, por su parte, coinciden en que para ellas la influencia llegó a través de comics como Cimoc, Víbora o 1984, y de revistas como Interviú, Lib y Penthouse.

Literatura erótica canaria
Juan Ramón Tramunt, Ángela Molina, Félix Díaz y Sasa Sosa.

Mujeres y hombres

Vivimos el sexo de forma diferente, ¿pero influyen esas diferencias a la hora de escribir?

Villamandos no lo encuentra «relevante». Perdomo es de la opinión de que «la feminización de la literatura erótica es lo mejor que le ha podido pasar al género, sin lugar a dudas. Pero realmente en lo que respecta a la literatura actual no veo demasiadas diferencias entre la literatura erótica producida por hombres y aquella producida por mujeres. Quizás lo que echo un poco de menos es algo de diversidad en el panorama varonil de la literatura erótica, sobre todo en lo que respecta al tema de la orientación sexual y de la identidad de género. Creo que existe una mayor representación de mujeres lesbianas y bisexuales entre las escritoras de este tipo de ficción, o al menos no existe miedo a que la narración femenina se acerque a las experiencias eróticas entre mujeres» El planteamiento de ellos como ser sexual es brutal, y me enriquece mucho».

González Déniz estima que «aquí aparece el marketing editorial». «A veces la desinhibición en el sexo puede no ser exclusiva de personas abiertas, incluso es posible que surja más en personas socialmente más integradas en el sistema. Insisto en lo mismo. Hay una visión masculina o femenina no solo del sexo, sino del mundo; se mira desde diferente situación, y la biología determina esa manera de mirar. La ideología es otra cosa», aduce. Para Valcárcel, tampoco hay diferencias o no debería haberlas: «No creo que dependa del género del escritor, eso sería terrible. Me sigue preocupando la mujer sumisa, la que no vacila en llevar a cabo lo que le exige un macho o hembra dominante, tanto en la vida real como en registro literario. Si lo reflejo en mis escritos es como medida de denuncia. No debemos perder el poder de visibilidad y protagonismo, de libertad y autonomía que poco a poco se ha ganado», entiende.

«Me sigue preocupando la mujer sumisa, la que no vacila en llevar a cabo lo que le exige un macho o hembra dominante»

Rodríguez, en cambio, opina que  la mujer es «más desenfadada, el noventa por cierto de la literatura erótica es escrita y leída por y para las mujeres. Existen diferencias y vienen del trasfondo social en el que estamos inmersos». Gracia cree que «la literatura erótica desde el punto de vista masculino suele ir muy dominada por el sexo, y la de la mujer aparece mezclada con muchas más emociones. Somos, quizá, más sensitivas e imaginativas, y nos excitan muchas más cosas. En líneas generales, los hombres son mucho más fálicos». Flores ve «la literatura escrita por hombres menos mezclada con el romanticismo; de alguna forma, más dura, con escenas que pueden rozar la pornografía».

Ariola se suma a las opiniones que defienden que existen diferencias: «Efectivamente, la escritora de literatura erótica nos muestra una mujer desinhibida sin tabú. A diferencia del hombre, tiene más sensualidad, juego y morbo», dice. Molina, por último, sostiene que «cada escritor escribe a partir de lo que es: una persona con sus experiencias, sus dudas, sus miedos, sus anhelos, sus deseos sexuales, sus fantasías, sus expectativas, sus motivaciones».

Literatura erótica canaria
Rosario Valcárcel, Amalia Quiroz Pedrazas, Mayte Martín y Manuel Martínez Perdomo.

Conductas y tabúes

¿Qué reflejar? ¿Dónde están los límites?

«En general, desde el punto de vista de la psicología clínica, me interesa cualquier tipo de conducta humana, pues he trabajado con ello; y a la vez es una fuente inagotable de ideas literarias», asegura Tramunt. «A la hora de plantearme escribir sobre erotismo no me impongo límites, salvo que sean conductas delictivas», asevera Flores.

Sin aceptar el término tabú, sí hay cierto consenso en cuanto a los límites. Gracia secunda la idea de legalidad: «Nunca usaré una conducta, por ejemplo ilegal, para causar excitación en el lector. Así que el límite, imagino, se encuentra en el punto de vista y en el estilo y género en el que se relata algo». Pérez reconoce que hay temas sobre los que le «es imposible escribir.» «Me resisto a crear algún relato o historia donde los protagonistas no den su consentimiento verbal o implícito a la hora de realizar alguna actividad sexual o erótica. O historias donde aparezcan temas delicados como la pedofilia, la zoofilia o la necrofilia».

«No me imagino escribiendo poemas sobre la zoofilia, por ejemplo. Aunque debo dejar un asomo a tal posibilidad»

Quiroz afirma que hay temas contrarios a su «ética y sensibilidad, como las filias» Su poesía «se orienta a la introspección, el intimismo, las circunstancias de los personajes, incluso se puede realzar el hedonismo, siempre exento de violencia». Molina lo suscribe: «No me imagino escribiendo poemas sobre la zoofilia, por ejemplo. Aunque debo dejar un asomo a tal posibilidad, pues Pavese, en sus Diálogos con Leucó, y en el diálogo entre Circe y Leucotea, escribió espléndidamente cómo la primera copulaba con los compañeros de Ulises convertidos en cerdos. Y esta imagen, ciertamente, me seduce», admite.

Sosa insiste en que la idea de tabú «es de origen religioso», y ella no quiere «tener absolutamente nada que ver con la religión». Grazie confiesa que no conoce «esa palabra», pues se eduóc «con una familia en la que se hablaba de todo con educación y valores». Ariola también echa mano de una educación familiar en la que siempre se ha visto «con naturalidad la diversidad en las personas». «No entro en juicios de valores, al contrario, soy transgresora y me lo suelen decir por escribir poesía erótica lésbica o homoerotismo femenino», arguye. González Déniz, finalmente, afirma que el sexo puede aparecer en sus novelas «lo mismo que otras muchas cosas. En algunas no hay, y en otras surge cuando la trama lo requiere. El límite es la historia que se cuenta».

¿Erotismo o pornografía?

¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde acaba uno y comienza la otra?

Quiroz opina que «la literatura pornográfica exacerba los instintos puramente carnales y se regodea explícitamente en la obscenidad; la literatura erótica cuida la expresión verbal, estética y conceptual, con imágenes sugerentes asociadas al juego placentero de los cuerpos. Denota mayor espiritualidad y trasciende más allá de los sentidos». González Déniz sostiene que «el porno es gimnasia, mientras que el erotismo es más sugerencia que explicitud, como en la vida.

«La literatura porno es más clara, utiliza otro tipo de vocabulario, muchas veces soez, pero descriptivo», considera Flores. Gracia, que tilda sus obras de pornográficas, argumenta que «la erótica usa muchos sinónimos para nombrar algo sin llegar a resultar ofensiva para cierto número de personas. Por ejemplo, no es lo mismo escribir miembro que polla. Hay gente que se solivianta con ciertos términos y se encuentra más cómoda con otros. El grado de obscenidad es otra de las cosas que puede diferenciarla. Sexo más complejo, más sucio, con más personas implicadas, sin escenas románticas que las complementen o palabras de cariño o afecto. El sexo por sexo, vamos».

«el porno actual es muy vulgar, y siempre lo erótico da el puntito y suele poner mucho más»

Perdomo estima que ambas modalidades «algunas veces se solapan, pues es difícil diferenciarlas; de momento quizás deberíamos decir que el erotismo muchas veces incluye una estructura narrativa que podría ser considerada más tradicional, mientras que el porno es algo más directo que se concentra en la acción de los personajes». Valcárcel entiende que «las grandes diferencias entre el erotismo y la pornografía en literatura y en la vida real radican en que el erotismo es sugestivo, insinuante, sutil. Juega con la imaginación, no debe ser directo; en cambio la pornografía es cruda, directa, explícita y algunas veces maravillosa».

Hay quienes ven una clara diferencia, como es el caso de Grazie. Para ella, «el porno actual es muy vulgar, y siempre lo erótico da el puntito y suele poner mucho más. Mejor esa taza calentita y tú ya pones el resto». Tramunt sostiene que la diferencia la marca el lector, nos movemos en una escala que va desde la nada al infinito».

Erotismo y literatura

¿Qué relevancia tiene el erotismo en el ámbito de las letras? ¿La efervescencia actual es un boom pasajero?

Martín cree que «el erotismo tiene un silencio muy seductor narrativamente hablando, hay tensión, silencios, un universo completo escondido. Por eso es tan difícil escribir erotismo, llega un momento en que casi se acaba, todo se repite en el contexto de  los amantes. Es un arma contra la sociedad establecida y una forma de rebeldía contra la intolerancia e incluso de lucha por la igualdad». Para Tramunt, si hay alguna función es la de «demostrar que cualquier tema puede ser literariamente factible; si además consigue despertar el interés del público, mejor».

Perdomo cree que la erótica desempeña un papel importante no solo en la literatura, sino en la sociedad, que «ayuda mucho a que las personas descubran aspectos de sí mismas que de otra manera habrían permanecido larvados, a que sepan que no están solas en lo que a fantasías respecta». González Déniz insiste en que escribir es contar una historia y  «el erotismo es un instrumento como otro cualquiera». También para Díaz se trata de un género como cualquier otro, pues «la ficción, de cualquier tipo, sirve para vivir situaciones que de otra forma no sería posible o conveniente. También puede servir para mejorar las relaciones reales, al mostrar ideas nuevas, si es que son realizables, por supuesto».

«ayuda mucho a que las personas descubran aspectos de sí mismas que de otra manera habrían permanecido larvados»

Gracia afirma que estamos ante un género «que no ha sido explotado de forma libre hasta hace apenas diez años. En principio, es una manera de lograr normalizar una parte de nuestra vida que se mantenía algo reprimida para muchas personas. No quiero decir con esto que sea imprescindible, sino que aporta otro granito de arena más para conseguir que seamos más libres a la hora de disfrutar de una sexualidad completa, con fantasías incluidas». Valcárcel apunta que «entre el amor y las pasiones siempre ha habido un proceso gozoso, una dialéctica. Juntos han protagonizado las historias más bellas de la literatura. «Vargas Llosa afirma que “sin erotismo no hay gran literatura”. Yo estoy convencida», afirma.

Sosa defiende que el erotismo no cumple otra función que la de «excitar el placer sexual». Por último, Ariola entiende que hay que tener en cuenta que «la palabra es un agente muy poderoso y que a lo largo de la historia los libros que narraron experiencias sexuales fueron siempre los más perseguidos. El poder de las palabras y la pluma de un poeta es lo más temido por muchos. Estos libros cumplen una función, ya que el sexo es muy descubridor y bueno para deshacerse de fantasmas».

Literatura erótica canaria
Los autores y autoras de género erótico de Canarias que participan en este reportaje, casi al natural.

¿Ficción o realidad?

¿Es posible llevar lo escrito al día a día? ¿Es recomendable? ¿Hay algo de autobiografía?

Tramunt recuerda que Alonso Quijano quiso hacer realidad su fantasía de ser caballero andante y «le costó más de un trompazo. En según qué cosas, allá cada cual, sin perjudicar a nadie. Quienes me conocen ven rasgos míos en mis personajes. En parte es lógico, es más fácil describir algo existente que imaginarlo desde cero. En mi caso no creo que casi nunca vaya más allá de detalles esporádicos». González Déniz dice que «todos hemos conversado mucho en nuestras vidas, y algo se irá colando, aunque sea de forma indirecta. En realidad toda literatura honesta es autobiográfica porque delata una manera de mirar al mundo, pero no pueden haberte sucedido todas las peripecias que cuentas en tus novelas, necesitarías haber vivido mil años».

«Alonso Quijano quiso hacer realidad su fantasía de ser caballero andante y le costó más de un trompazo»

Gracia apunta que «a los hombres, sobre todo, les encanta confesar sus fantasías sexuales a una escritora erótica. Las mujeres en eso somos más comedidas. Me encuentro a diario con tipos que me abordan diciendo que cuando yo quiera me cuentan sus experiencias para que escriba un libro. No suelo aceptar la oferta. Tengo asumido que mis textos excitan mucho a los hombres, pero nadie piensa que en cada novela sobre un asesinato el escritor asesinó a alguien para documentarse, Sin embargo, se cataloga a las escritoras como a unas mujeres que se dividen entre estos dos polos opuestos: que no se comen una rosca y, por ello, necesitan fantasear y escribir para excitarse y tener una vida sexual más rica, o que son casi unas ninfómanas que lo único que hacen es pensar en sexo».

«Me encuentro a diario con tipos que me abordan diciendo que cuando yo quiera me cuentan sus experiencias para que escriba un libro. No suelo aceptar la oferta»

Quiroz, no obstante, señala que «durante el proceso de creación, es inevitable incluir aunque sea mínimamente la propia experiencia. Lo que sí molesta es que el lector no sepa diferenciar el personaje creado del autor que lo creó y le atribuya erróneamente lo que le plazca». Grazie asegura que no le molesta que le pregunten: «Lo hablo abiertamente, es un regalo, soy lo que soy y no sé lo que es tabú, por supuesto que en lo que escribo existe parte de mis venas sexuales», confiesa. Molina afirma que  molestarle, le hace «gracia. Pensar que todo lo que escribe un escritor es autobiográfico es dejarle muy poco espacio a la creatividad literaria».

A Valcárcel esta cuestión también le hace «mucha gracia». «Casi diría que me excita. El problema es que el tener que elegir rompe la magia», expresa entre risas. A Sosa tampoco le molesta, porque si le preguntan quiere decir que la han leído y «de eso se trata, ¿no?». Para concluir, Díaz confiesa que sus textos están basados en sus propias fantasías: «No me ha pasado, pero no me importa, pues son fantasías. Algunas de las situaciones me gustaría vivirlas, pero hay que ser realista», admite.

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