Santiago Gil
Santiago Gil (Foto: Ángel Medina).

Formular una entrevista a alguien al que consideras un amigo y que sigues hace años parece fácil, pero no lo es en absoluto. ¿Qué vas a preguntar para no caer en los tópicos? ¿Vas a hacer preguntas de las que ya sabes las respuestas? Por eso, cuando me siento ante Santiago Gil, con la novela Gracias por el tiempo como excusa, decidimos que lo mejor es tomar un café y hablar con la naturalidad con la que lo hacemos siempre.

⇒ Cuando terminas la última revisión de una novela o un poemario y lo mandas al editor para su publicación, ¿Qué sientes?

Siempre que terminas una novela te sientes liberado, como si dejaras una vida ya terminada en el camino. Y si has llegado al final es porque esa novela se dejó escribir, te regaló su música y toda su magia. Entonces también te sientes reconfortado. Pero nunca la entrego, ni siquiera se la dejo alguien para que la lea, hasta que no pasa un tiempo. Casi siempre más de un año, para leerla como si fuera de otro

«Mucha gente quiere ser escritor sin haber leído. Cuanto más lees, más te cuesta pronunciar esa palabra detrás de tu nombre»

⇒ ¿Cuándo puede llamarse uno escritor?

Siempre que me preguntan por mi oficio respondo que soy periodista. Uno es escritor cuando los demás te terminan reconociendo como tal, o cuando se escribe sabiendo que se ha recorrido un largo camino y que se ha leído mucho. Mucha gente quiere ser escritor sin haber leído. Cuanto más lees, más te cuesta pronunciar esa palabra detrás de tu nombre. Creo que lo mejor es no olvidar nunca que somos eternos aprendices, en la literatura y en la vida. Yo trato de ser un aprendiz de escritor cada día.

⇒ Llevas muchos años impartiendo cursos de escritura creativa. Ahora mismo lo estás haciendo en la casa museo Pérez Galdós con un extraordinario éxito de asistencia, por cierto. ¿En alguno de esos cursos has descubierto gente que prometía y que, con el tiempo, se convirtieron en una realidad literaria?

Claro que he descubierto a mucha gente que escribe de maravilla, pero porque eran grandes lectores o lectoras, y porque ya venían con muchas horas de escritura. En el taller que imparto en estos momentos en la casa Galdós, por ejemplo, hay un nivel tremendamente alto, y eso es algo que nos motiva a todos, a mí el primero, para seguir aprendiendo unos de otros.

⇒ ¿Qué sientes cuando eso ocurre?

Una inmensa satisfacción, porque en muchos casos lo único que les faltaba era que alguien les animara a tomarse en serio lo que hacían, a seguir la senda que marcó Baudelaire, a ser sublimes sin interrupción, y a saber, como dijo Galdós, que la escritura es un trabajo de galeotes, de escribir cada día, de no rendirse, de oficio y de esfuerzo.

⇒ Asistimos a una democratización de la literatura. Es decir, cualquiera puede publicar sin pasar por el filtro de un corrector profesional o de un asesor que le aconseje sobre lo que tiene entre manos. ¿No crees que, en el fondo, más que una democratización estemos cayendo en una McDonalización de la literatura?

Eso ha sucedido siempre, pero ahora quizá es más visible. El tiempo, como decía Borges, será luego el gran antólogo.

⇒ ¿Qué opinas de los blogs como herramienta para dar a conocer la obra de un escritor, sea profesional o aficionado?

El blog te permite compartir lo que escribes y salir un poco de tu torre de marfil. Es un nuevo soporte que se les ofrece a los escritores y que, además, te puede servir para mantener la maquinaria creativa engrasada todo el tiempo.

«Ser otro nos ayuda a ser más humildes»

⇒ Uno de tus blogs se llama Ciclotimias, y siempre dices que un escritor ha de ser un poco esquizofrénico para poder ponerse en la piel de todos sus personajes y hacerlo con credibilidad. ¿Son los que llamamos locos unos escritores en potencia?

Si entendemos por locura la capacidad de ponerse en el lugar del otro, suscribo la locura ahora mismo, pero se trata de una locura controlada, cuando se lee y también cuando se escribe. Ser otro nos ayuda a ser más humildes y quizá a entender mejor el mundo que nos rodea.

⇒ En tus últimas novelas, especialmente en Gracias por el tiempo, los personajes sufren una crisis vital, una veces es económica, otras es por una tragedia, pero siempre les hace pararse en seco y reflexionar sobre sus vidas y el rumbo que estas llevan. ¿Se puede escribir sobre eso con tu maestría sin haber tenido una de esas crisis vitales, de madurez?

Yo he sufrido mis crisis, como casi todo el mundo, pero es cierto que cuando escribo me pongo en la piel de los que casi nunca tienen voz, de quienes tratamos de esconder debajo de las alfombras de una supuesta felicidad cotidiana. No busco esos personajes, son ellos los que me terminan encontrando siempre. Me cruzo con sus miradas y no tienen que decirme nada para que los termine escribiendo.

«Me seguiré equivocando y seguiré aprendiendo. Más que arrepentirme, aprendo»

⇒ ¿Te arrepientes de algo de lo que has hecho en tu vida?

Cada paso en el camino es una decisión que depende de ti y del azar que traza ese mismo camino. Equivocarse forma parte del juego. Y aprender de los errores es lo que nos ayuda a ser cada día un poco sabios. Me seguiré equivocando y seguiré aprendiendo. Más que arrepentirme, aprendo, y si tengo que pedir disculpas las pido. No valen de nada ni el orgullo ni la soberbia.

⇒ ¿Qué no perdonarías nunca?

Trato de perdonar todo, o de dejar que el tiempo aleje lo que me pueda cegar en lo inmediato. Llevo mal la deslealtad, y me rebelo ante el abuso y la prepotencia.

⇒ Desde tu punto de vista, ¿cuál es tu mayor virtud?

Quizá la constancia. La vida no te regala casi nada. Eres tú quien debes luchar para conseguir tus sueños.

⇒ ¿Y cuál tu mayor miedo?

Hace tiempo que mis miedos no tienen que ver conmigo. No temo a la muerte, siempre y cuando sepa que estoy haciendo lo que quiero con mi vida. Los miedos tienen más que ver con mis seres más queridos, con su salud y su felicidad.

⇒ ¿Qué recomendarías a alguien que desee ser escritor profesional?

Que lo de profesional lo dejaran para el fútbol, que a veces se puede vivir de la literatura, pero que si se quiere ser un profesional y ganar mucho dinero lo mejor es que busque otro oficio más rentable. Le recomendaría que leyera todo lo que pudiera, empezando por los clásicos, que viajara todo lo que pudiera, hacia dentro y hacia afuera, que escribiera mucho y que borrara sin miedo todo lo que tendrá que borrar si quiere seguir aprendiendo. Le diría que se mirara cada día en el espejo de Cervantes o de Galdós para que no se extraviara. Los dos murieron pobres y arruinados, pero dejaron el Quijote o Fortunata y Jacinta.


Santiago Gil (Guía de Gran Canaria, 1967) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en medios de prensa provinciales y nacionales, así como en distintos gabinetes de comunicación. Ha publicado las novelas Los años baldíos, Por si amanece y no me encuentras, Un hombre solo y sin sombra, Cómo ganarse la vida con la literatura, Las derrotas cotidianas, Los suplentes, Sentados, Queridos Reyes Magos, Yo debería estar muerto, El destino de las palabras, Villa Melpómene y La costa de los ausentes; la novela corta El motín de Arucas; el libro de relatos El Parque; los libros de aforismos y relatos cortos Tierra de Nadie y Equipaje de mano, y los libros de poemas Tiempos de Caleila, El Color del Tiempo, Una noche de junio y Trasmallos. También ha publicado un libro de memorias de infancia titulado Música de papagüevos y la recopilación de artículos de opinión Psicografías.

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