Generación 21 revisitada

Ánghel Morales

Ánghel Morales (El Hierro, 1952) realizó estudios de Artes Gráficas y Periodismo, trabajando para diferentes medios informativos de prensa, radio y televisión. Ha sido director de las revistas ‘Archipiélago Canario’, ‘La Voz del Valle’ y ‘Guía Semanal de Tenerife’, entre otras, y autor de varias obras de teatro como ‘Proceso al imperialismo’ y ‘Contaminación’. Condujo la información político-sindical en Radio Club Tenerife en la la Transición. Trabajó en los servicios informativos de Radio Cadena Española, en el programa ‘La ventana’, de la Sexta Teidevisión, llevó la dirección de varios programas en la emisora Radio Unión Tenerife, y fue corresponsal de las agencias de información Novosti y Mencheta para las islas Canarias. Actualmente sus escritos se pueden leer en su blog personal. Fue director gerente de Gráficas Yurena. Tiene publicados más de cuarenta libros, treinta y cinco de los cuales son personales y el resto en compañía de otros autores. Sus títulos más destacados son: ‘Demasiadas religiones para un solo Dios’, ‘Dios contra las religiones’, ‘Canarias es lo primero’, ‘La arquitectura tradicional canaria’, ‘Identidad’, ‘Harimaguada’, ‘Biografía de Parry II’, ‘Biografía de Nino Morales’, ‘Contra todo poder’, ‘Divagaciones de un loco’, ‘Ser curandero es fácil’, ‘El credo guanche’, ‘Proceso al colonialismo’, ‘Adivinanzas eróticas’, ‘La vivienda típica canaria’, ‘Nación Canaria (Antología poética 1971-2007)’, ‘Relatos para quemar el odio’, ‘Filosofía del disparate’, ‘Generación 21: nuevos novelistas canarios’ y ‘La Voz del Anghel’, entre otros. Ha publicado ‘Manual del buen sepulturero y otras tumbas de carne y verso’ (Colección Alumbre. Diputación de Cádiz, 2014) y el relato ‘La madre que parió a Jackie Earle Haley’, I Premio Desfase Los gayumbos de Pablo Iglesias, convocado y editado por la editorial madrileña LcLibros. 

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David Galloway, Víctor Álamo de la Rosa, Víctor Conde, Alexis Ravelo, Javier Hernández Velázquez, José Luis Correa, Cristo Hernández Morales, Anelio Rodríguez Concepción, Álvaro Marcos Arvelo, Santiago Gil, Nicolás Melini y Pablo Martín-Carbajal fueron los narradores que en 2011 seleccioné para la antología que titulé Generación 21: nuevos novelistas canarios, una obra que consolidaría una colección, bajo el mismo nombre, donde he ido publicando hasta treinta novelas de otros tantos autores a lo largo de estos siete años. Algunos de ellos formaron parte del ensayo inicial y los otros y otras se fueron incorporando poco, lástima que algunos y sobre todo algunas que fueron invitados a participar en la colección no aparecen en la misma por la única razón de no entregar obra. Al final, la colección quedó compuesta por obras de las siguientes personas: Cristo Hernández, José Correa, Víctor Conde, José Ramallo, Carlos Cruz, María Teresa de Vega, Javier Hernández, Santiago Gil, Ana Joyanes, Jonathan Allen, Eduardo Montelongo, Ángel Vallecillo, Juan Andrés Herrera, Cecilia Domínguez, Jonás Hernández, Gerardo Pérez, Javier Marrero, Gustavo Reneses, Daniel María, Pilar Escalona, Maca Martinón, Carlos Santamaría, Juan Ignacio Royo, Damián H. Estévez, Antonio Sánchez (q.e.p.d.), Tomás Felipe, Cristi Cruz, Candelaria Pérez y Agustín Gajate. 

Un año antes, en 2010, se habían cumplido cuarenta años desde que la historia de la literatura canaria registrara el último hito de nuestra narrativa, la llamada Generación del 70 o boom de la narrativa canaria. Aquel fenómeno significó indudablemente un despertar de la narrativa de Canarias, una especie de gran patada a ese tópico que refiere que Canarias es tierra casi exclusivamente de poetas. Los escritores del 70 abrieron el camino a una narrativa canaria, pero el camino lo hicieron al andar los narradores que llegarían a partir del cambio de milenio, de ahí mi ocurrencia de llamar Generación 21 a un montón de escritores que no forman una generación como tal, de hecho cuando los reuní muchos ni se conocían, pero que sí han sido algunos de los que por fin han consolidado la realidad de un paisaje narrativo en Canarias de indudable vigor y solvencia, al menos por cantidad. Ya nadie puede negar la existencia de una narrativa canaria.

Como editor, no es mi tarea discernir críticamente las aportaciones de estos y otros muchos autores que se han ido sumando al corpus actual de la narrativa canaria, aunque sí tenga mis preferencias, claro está, sino más bien dar testimonio de una realidad ya consolidada, que no es otra que Canarias es tierra también de narradores. Estos casi veinte años transcurridos de siglo XXI así lo atestiguan. En 2011 escribí en el prólogo a Generación 21 que «salvo escasísimas excepciones y según mi parecer, la narrativa de Canarias no había registrado hasta hoy una amplia nómina de novelistas que abordaran con talento, atrevimiento y continuidad la novela de género, esto es, la novela negra o policíaca, la novela histórica, la novela erótica, la novela de ciencia ficción o fantástica y la novela-mundo, la que funda universos míticos de creación propia. Además, la novela urbana, la novela adscrita a un particular realismo sucio canario y la novela testimonial y social cobran también renovados bríos gracias a estos escritores, alejados del experimentalismo y de cierta novela lírica que presidió algunas de las principales aportaciones de los narradores canarios de la Generación del 70».

«han consolidado la realidad de un paisaje narrativo en Canarias de indudable vigor y solvencia, al menos por cantidad. Ya nadie puede negar la existencia de una narrativa canaria»

Una ojeada rápida a la narrativa canaria de los últimos años arrojaría una nómina amplísima, pero hay que dar tiempo al tiempo para ver de qué son capaces. Igual que algunos de los narradores primeros seleccionados en Generación 21 han decaído, publicando obras bastante malas o prácticamente dejando de publicar, hay otros que han venido despuntando, asomando su obra por estas primeras décadas del siglo. Son los casos de Ramón Betancor, Juana Santana, Lourdes Hernández, Candelaria Quintero, Sergio Barreto, Fátima Martín, Yauci Fernández, Iván Morales Torres, Rafael-José Díaz, Matilde Magdalena, Ángela Ramos, Elena Morales, Alicia Llarena, Francisco León, Roberto A. Cabrera, Cristina R. Court, Orlando Alonso Suárez, Paula Nogales, Ana Criado, Moisés Cabello Alemán, Bruno Mesa, Carlos Cruz, Inocencio Javier Hernández, Iván Cabrera Cartaya, Talía Luis Casado, Daniel Ortiz Peñate, José Manuel Brito, Juan Antonio Santana, Ignacio Gaspar, Alba Sabina, Juan Manuel Torres Vera, Marcelino Rodríguez Marichal, Gabriel Cruz, José Fajardo Spínola, Juan Báez, Emilio Farrujia de la Rosa, Rosario Valcárcel, Francisco J. Quevedo, Ernesto R. Abad, Fernando Pérez Rodríguez, Eduardo González Ascanio, Mariano Gambín, entre muchos otros autores que no acaban de consolidar una obra narrativa pero que sin embargo han demostrado posibilidades en sus libros. Estamos seguros de que será cuestión de dar tiempo al tiempo, sobre todo en el caso de los más jóvenes. 

«Ya nadie puede negar la existencia de una narrativa canaria. Canarias es tierra también de narradores»

El mundo actual no parece reunir demasiados acicates para el narrador. En Canarias, por ejemplo, sigue existiendo un solo premio de novela, el Benito Pérez Armas, que incluso en alguna ocasión se ha dejado desierto. Sí existe, hoy en día, una gran facilidad de publicación, incluso de autoedición, por lo que las publicaciones se suceden a un ritmo a menudo frenético. Ahora es ya urgente una revisión crítica que separe lo que hay de bueno y valioso, que separe el grano de la paja, pero eso ya debe ser competencia de otros. Yo me doy por satisfecho con haber contribuido a destacar el hecho narrativo canario, amplio y complejo, y ya con algunos autores más o menos consolidados. Si algo le falta a la narrativa canaria de hoy en día son más lectores, porque cantidad y calidad ya hay, así que para los próximos años solo ese es mi deseo, que más narradores encuentren lectores e inspiración.

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