Roberto A. Cabrera

Hay quienes afirman que conocieron a alguien por la cara, yo conocí a Roberto A. Cabrera por las letras, y francamente es una de las formas que más valoro de conocer a una persona: primero la obra y luego a su autor. Cabrera reside en la actualidad en la isla de La Palma, donde ejerce como profesor de Enseñanza Secundaria. Compagina la escritura con la fotografía analógica en blanco y negro, una de sus pasiones. Está inmerso en la promoción de su última novela, Interregno. Pasión e instante en la vida de Humberto Laredo, fotógrafo (Trifolium, 2017). Una novela muy esperada por quienes quedaron satisfechos con su anterior trabajo, Bajo el sol de los muertos (ATTK Editores, 2016), que le granjeó un puesto entre los jóvenes más prometedores de la literatura actual en las Islas.

⇒ ¿Qué vamos a encontrar en Interregno? El término se emplea para hablar de un país que se queda sin soberano, sin gobierno, pero la novela no tiene nada que ver con sistemas políticos ni con esa situación real que define la palabra.

En efecto, el título es una metáfora. En la novela, el protagonista vive una existencia dividida entre la nostalgia de un reino del que fue expulsado (su anterior pareja) y la espera de algo indefinido que ha de llegar aún. En esa tierra de nadie, precaria, provisional e insatisfactoria, se debate el protagonista, que se siente, justamente, en un interregno. En suma, es la historia de un hombre en apariencia común, un fotógrafo que trabaja en un periódico de provincias. Al lector se le da cuenta de los tropiezos de este hombre, de sus insatisfacciones, de sus búsquedas en un mundo absurdo e irredimible que sabe a disparate.

⇒ Es una novela muy rápida de leer, el tiempo que transcurre es bastante breve, ¿fue intencionado o fue surgiendo a medida que escribías?

La novela es breve, tanto en extensión como en el tiempo interno, pues toda la acción de la novela transcurre en el curso de una semana, a un ritmo trepidante. Desde que comencé a escribirla tenía claro que debía ser una novela corta, con un estilo resuelto, ágil, dominado por una voluntad firmemente satírica.

«No ha sido mi intención volcarme exclusivamente en satirizar el periodismo»

⇒ En este libro haces una radiografía de una profesión determinada, del periodismo. Tú fuiste redactor hace tiempo, ¿crees que no han cambiado las cosas desde entonces? 

Me es difícil responder a esa pregunta. Trabajé a finales del siglo pasado durante un año en un periódico, pero no en calidad de redactor sino de corrector, en la sección de Cierre. Desde entonces no he vuelto a estar en contacto con la profesión periodística, por lo que no sabría responder a la pregunta.

⇒ ¿Realmente es una sátira al periodismo, como han definido? Yo veo esa crítica como secundaria, veo mucho más allá, aunque no quiero hacer un spoiler.

Cierto. No ha sido mi intención volcarme exclusivamente en satirizar el periodismo. La sátira está presente en toda la novela, nada escapa a su ácido: ni el protagonista, ni su entorno profesional, ni su pareja.

⇒ También haces una crítica de la religión, en general, ¿Consideras que esta sigue presente y marcando nuestras vidas de alguna forma?

No estoy de acuerdo con que en mi novela se haga una crítica de la religión en general. Sí hay una crítica a la religión institucionalizada, en concreto a la Iglesia Católica y al Opus Dei. Por el contrario, la religión como forma de espiritualidad personal no sale, me parece, tan malparada. Y en respuesta a la segunda parte de la pregunta, creo que la religión, en sus dos dimensiones, sigue presente en nuestras vidas. La religión institucionalizada influye, para bien o para mal, como actor social y político. Y la religión, como vivencia espiritual íntima, difícilmente puede dejar de estar presente, pues el anhelo de trascendencia, la intuición del misterio, el temor a la muerte forman parte del equipaje que nos hace humanos, como el lenguaje, la moral o la política.

⇒ Sin embargo, también aparece el esoterismo, los presagios, ese destino que de alguna forma algo nos marca en un momento y determina nuestro futuro como le pasa a Humberto Laredo.

Humberto Laredo intuye, presiente que la vida ha de ser algo más que esa rutina alienante que lo devora todo. Busca una luz que lo eleve de la vida mediocre y sin horizontes que lleva. Y la fotografía no mercenaria, la que no hace para ganarse la vida, le ofrece un medio para interrogar esos signos, esos presagios, para explorar esa luz desconocida.

«El humor relativiza, humaniza la escala de los absolutos, sus tiranías»

⇒ Utilizas el humor a lo largo de toda la novela, incluso hasta el desenlace final que no vamos a desvelar, ¿crees que el sarcasmo nos ayuda a mirar de otra forma?

El humor es una respuesta posible a la evidencia, terrible, del absurdo de vivir. Una alternativa a la desesperación. El humor hace tal vez soportable la inevitabilidad del naufragio. Solo los humanos somos capaces de reírnos. Y nuestra carcajada viaja por un universo, me temo, vacío, frío, silencioso. El humor relativiza, humaniza la escala de los absolutos, sus tiranías. El humor nos hace solidarios.

⇒ ¿Qué influencia tiene para ti la existencia humana, la cotidianidad es una constante en tus novelas?

Trato de escribir partiendo de experiencias concretas, e inmediatamente procuro trascenderlas. Porque sin una decidida aspiración a lo universal no hay, me temo, creación artística digna de ese nombre.

El escritor está presente en esta obra, trata de involucrar al lector haciendo guiños. ¿Qué hay de Roberto en ella? Eres fotógrafo y dominas el arte del revelado — algo que por cierto parece curioso cuando hoy día la fotografía es digital y se edita desde un ordenador—, has sido corrector, y por supuesto escritor.

En consonancia con mi respuesta a la pregunta anterior, no puedo dejar de admitir que estoy presente en la novela: mis preocupaciones, mis obsesiones, mis temores, mis anhelos dan vida a Humberto, a quien hice fotógrafo para poder hermanar en esta novela mis dos pasiones creativas: la escritura y la fotografía. Lo confieso: las fotografías secretas de Humberto son las mías, se las he cedido. El lector inquieto puede curiosear en mi página web y podrá identificar las fotografías que se describen en la novela sin la menor dificultad.

«Mis tres novelas tienen en común ciertos elementos, como la reflexión a partir de hechos vividos, la experiencia de la memoria, la reflexión sobre la condición»

⇒ Tu carrera literaria comenzó escribiendo poesía, incluso llegaste a ganar el Premio Pedro García Cabrera en 1991, sin embargo tu reconocimiento viene de la narrativa. Bajo el sol de los muertos tuvo unas críticas muy favorables, recuerdo halagos de Santiago Gil, de tu editora Guadalupe Martín y de Rafael-José Díaz, entre otros ¿Seguirás en esta línea literaria?

Mis tres novelas tienen en común ciertos elementos, como la reflexión a partir de hechos vividos, la experiencia de la memoria, la reflexión sobre la condición humana. Sin embargo, evito repetir una fórmula. No sé hasta qué punto lo he logrado, pero ambiciono para cada libro que escribo una singularidad determinada en cuanto al tono, el estilo, la construcción.

⇒ Tienes otras dos novelas, Disgregario, una especie de recopilación de micronarraciones o prosa poética, La estación extraviada y otros dos cuentos. ¿Te sientes cómodo en la novela corta? Ahora muchos autores están viendo en ella y en el relato un nuevo género que no se habían planteado. 

Siento predilección por la forma corta, por la expresión fragmentaria. Incluso la novela más larga que he escrito, Bajo el sol de los muertos, es un conjunto de astillas, una vorágine de pedazos que dialogan entre sí.

⇒ Al pie de una de las fotos en blanco y negro que ofreces en tu blog dice: «De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. –F. Nietzsche, Así habló Zaratustra». Eres licenciado en Filosofía, esa asignatura que quieren hacer desaparecer, y profesor, ¿crees como algunos compañeros tuyos, que Nietzsche ha sido un autor mail interpretado por la historia?

La razón por la que amo tanto esa frase de Nietzsche es porque describe perfectamente mi manera de afrontar la escritura. Sobre la cuestión de si Nietzsche ha sido malinterpretado, cabe recordar que Nietzsche es un escritor prodigioso, un malabarista del espíritu de contradicción, un virtuoso de la ambigüedad. Por eso no es posible, ni deseable, una lectura unívoca de su pensamiento.

«me inspiran autores que viven su escritura como una fatalidad»

⇒ ¿Qué autores te inspiran a la hora de escribir? 

A la hora de escribir me inspiran autores que viven su escritura como una fatalidad y construyen, justo por ello, un mundo de palabras necesarias y rigurosas. Pienso, inevitablemente, en escritores como Juan Rulfo o Franz Kafka. Si he de concretar títulos, mencionaré la lectura en mi adolescencia de Demian, de Hermann Hesse, que fue decisiva pues despertó en mí el deseo de escribir; Pedro Páramo, del ya mencionado Rulfo; La realidad y el deseo, de Luis Cernuda; Crimen y castigo, de Dostoyevski; La transformación, de Kafka; El astillero, de Onetti

⇒ ¿Cuéntanos cuáles son tus próximos proyectos literarios o fotográficos? ¿Se te ha ocurrido aunar ambas disciplinas en un libro?

Me atrae mucho la prosa breve. Me gustaría cultivar el cuento. Partir de una historia mínima, un fulgor, una insinuación, algo en todo caso intenso, de expresión mínima. Escribir como si fotografiara con palabras. Y fotografiar como si escribiera con la luz (que es, en esencia, lo propio de la fotografía). Componer un libro en el que dialoguen mis fotografías con mis textos es un viejo sueño, que espero realizar algún día.


Roberto A. Cabrera (Canarias, España, 1971) es licenciado en Filosofía. En 1994 coordinó el suplemento literario Las ínsulas extrañas, en el periódico El Día, donde trabajó como corrector durante un año. Ha obtenido, entre otros premios, el de poesía Pedro García Cabrera (1991) y el Montblanc a la cultura en Canarias (1993), en la modalidad de literatura. Poemas suyos han aparecido en revistas españolas y francesas. Colaboró en la edición facsimilar de El Pensador, del escritor ilustrado José Clavijo y Fajardo (Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, 2001), publicando en su volumen introductorio un extenso estudio crítico y un índice onomástico de la obra. A partir del año 2000 abandona la poesía y escribe narrativa. Es autor de la novela Bajo el sol de los muertos (2015) y las novelas cortas La estación extraviada (2007) e Interregno. Pasión e instante en la vida de Humberto Laredo, fotógrafo (2017). Ha cultivado la prosa breve: Disgregario (2002) y Fábulas, seguido de Sueños, claridades, enigmas (2007). (Web).

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