J. J. Armas Marcelo

Hablar de literatura canaria con uno de los escritores de mayor repercusión nacional e internacional es un lujo. J. J. Armas Marcelo —Juancho, tal y como es conocido en el mundo literario y entre sus amigos— ha estado recientemente en Gran Canaria y en La Palma. Hemos hablado con él de diversos asuntos, eternos y de actualidad, de su pensamiento y de su obra, pero también nos ha contado anécdotas personales, su modo de entender la vida y nos ha avanzado proyectos como la creación de una orden internacional que llevará el nombre de Pérez Galdós. Opina sin pelos en la lengua de asuntos tan diversos como la política o el alzheimer. Además, nos adelanta temas de esas memorias suyas que, asegura, saldrán a la luz algún día.

⇒ Comienzo echando mano del título de uno de tus ensayos: ¿es un vicio escribir

Claro que es un vicio. Un vicio gratificante, pasional, vitalísimo y creativo. Escribir es un modo de vivir atado al palo mayor del barco de tu vida mientras escuchas a las sirenas llamándote a abandonar la aventura. He visto entrar y salir del escenario legiones de gentes que dijeron que eran escritores. Tuvieron sus quince minutos de gloria, los focos, el libro, los aplausos o el silencio, pero se fueron, salieron del escenario. Quiero decir que si un escritor lo es de verdad, no lo es sólo en los focos y en la gloria cotidiana, sino en la oscuridad y en la soledad de la escritura, porque es un vicio, claro, un vicio personal y solitario con todo lo que eso quiere decir.

⇒ Según el CIS, uno de cada tres españoles no abre un libro jamás. Sin embargo, este año ferias del libro como la de Las Palmas de Gran Canaria ha incrementado un 20% sus ventas, Tenerife un 10%, un 8% la de Madrid, San Jordi fue un éxito también. Hemos publicado un informe en DRAGARIA donde queda patente que Canarias está entre las primeras 10 comunidades en volumen de ventas y de librerías, pero a la cola en índice de lectura… ¿Crees que las encuestas se equivocan, que se lee más de lo que se dice? Y unido a la pregunta anterior, ¿debemos seguir escribiendo, empeñarnos en que las editoriales saquen nuestros libros? ¿Tener mucho coraje, además de vicio? 

«me preguntaron que cuál es para mí la mejor campaña para fomentar la lectura. Rizando el rizo dije que prohibir los libros a los niños de 10 a 25 años»

Creo que las encuestas son lo que son y describen el estado de ánimo de un momento determinado. También las de lectura. Por lo general, se lee poco y siempre leemos los mismos. Hoy sé que leen más las mujeres que los hombres, que —por regla general— desprecian o les es indiferente la lectura. El otro día me preguntaron para una televisión latinoamericana que cuál es para mí la mejor campaña para fomentar la lectura. Rizando el rizo dije que prohibir los libros a los niños de 10 a 25 años. Es una locura, pero quería poner el punto exacto en la prohibición del libro porque estoy seguro de que ese niño, por curiosidad malsana y sin embargo lógica, incluso sería capaz de robar libros para leerlos y saciar su curiosidad. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, yo no lo pondría en primera persona del plural, sino en singular. Escribir es una aventura personal, la literatura es una aventura personal. Escribir me da energía y, además, gratifica mi tiempo y mi vida, de modo que voy a seguir escribiendo hasta que me muera, aunque no tenga mucho que decirle a los demás.

⇒ Pregunta obligada: como escritor canario que vives en Madrid y tienes contacto con la literatura nacional e hispana, ¿cómo ves el nivel de la literatura que se escribe en Canarias? 

Es una literatura pequeña, con todos los problemas de las literaturas pequeñas. Además, yo no leo a los escritores canarios porque sean canarios, sino porque son escritores. Hay escritores, sin duda, desde Emilio González Déniz hasta Alexis Ravelo, desde Santiago Gil a José Luis Correa, desde Andrés Sánchez Robayna a Pedro Flores, Rafael-José Díaz, José Carlos Cataño, Domingo Luis Hernández, Elsa López; Teresa Iturriaga y Bruno Mesa, de Anelio Rodríguez Concepción a Nicolás Melini, eso es innegable. Pero trasciende poco fuera de las Islas, salvo excepciones.

«el destino de las élites intelectuales y creativas canarias es el exilio»

Luego, hay una especie de mueca en la literatura de las Islas actualmente que no me gusta mucho, una mueca de resentimiento de tantos que quieren y no pueden y creen, además, que ellos son los verdaderos. Siempre pasó, tengo experiencia de esas masacres que no van a ningún lado, sino a la extinción de la especie. La especie es el escritor canario. Además, hasta ahora, el destino de las élites intelectuales y creativas canarias es el exilio. Galdós es un ejemplo, y por eso no se quiso durante mucho tiempo, más de un siglo, reconocer en las Islas el talento literario que se le reconocía en todo el mundo. Hay más ejemplos, Manolo Millares o Alfredo Kraus. De libro. He leído a algunos escritores canarios, a otros no, hay mucho que leer en el mundo, ¿no crees? Y tampoco soy un experto patriótico. Recuerda aquello que dijo el gran sabio mexicano Alfonso Reyes: «Si la literatura mexicana ha de pasar a la historia ha de ser por ser literatura y no por ser mexicana».

⇒ Hablaste hace unos días en tu blog en El Cultural de la creación de una orden internacional de Galdós, ¿en qué consiste, qué finalidades tendría?

Bueno, es el germen de un proyecto interesante, pero todo depende de que la gente que la funde, que nace de un seminario literario de Santiago Gil, tire adelante con él. El objetivo es el de siempre, el de la literatura, sin gato por liebre, sin fraudes, con pasión y con ganas.

⇒ Cuentas con varios premios importantes, tanto en las Islas, donde además posees el  título de Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Gran Canaria, como en otras latitudes: doctor Honoris Causa por la Universidad Latina de Panamá, miembro de varias academias de la Lengua del continente americano, persona meritoria para la cultura peruana… Recientemente, el mes pasado, ganaste el XXXII Certamen Internacional de Cuento BARCAROLA con tu relato Detroit, ¿qué premios te quedan, cuál te gustaría conseguir? 

«Mi mejor premio es escribir cuando quiera, donde quiera, como quiera y sobre lo que quiera»

Mi mejor premio es escribir cuando quiera, donde quiera, como quiera y sobre lo que quiera. Ese es el gran premio del escritor. Los oropeles y los galardones, bienvenidos, pero sabiendo que el gran premio de un escritor es la misma escritura, escribir, escribir, escribir. En cuanto a lo demás, bueno, tienes que saber que he perdido mucho más galardones de los que he ganado, que nunca escribo para un premio, ni siquiera para los lectores hipotéticos, que son pocos, la verdad, nunca escribo por razones que no sean estrictamente literarias, no corro por nada, no me entretengo tampoco por nada, cada cosa lleva su ritmo y su tono. Trabajo lo que puedo, todos los días, dos o tres horas escribiendo, si no escribo en una semana no pasa nada. Yo no soy un estajanovista por gusto. Me gusta más la vida que los premios y los juegos florales, esa es la verdad.

⇒ Eres director de la Cátedra Vargas Llosa, ¿tiene esto algún eco en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria?

Tengo mucha pena por que no se haga de verdad la Cátedra Vargas Llosa en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Sólo depende de la Universidad. Lo que ella demande, pero no demanda, como si no hubiera interés en la cátedra. Triste, pero nada nuevo bajo el sol.

⇒ Hablando de Vargas Llosa, lo conoces desde hace más de 40 años, ¿crees que se ha frivolizado en exceso su relación sentimental? En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el pasado año, mucha gente decía que el homenaje que se le hizo por sus 80 años y que reunió a grandes escritores, muchos de ellos grandes amigos, tuvo más interés mediático que repercusión.

Es posible, pero no por él, que se lo toma muy en serio. Era irremediable que se frivolizaría, por la categoría de los dos personajes, aunque yo en la FIL de Guadalajara no vi ninguna frivolización. Al contrario, mucha altura. Que los medios, por su naturaleza frívola, hagan lo que hacen es cosa de ellos.

«Tengo mucha pena por que no se haga de verdad la Cátedra Vargas Llosa en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria»

⇒ La FIL de Guadalajara es uno de los sueños que tenemos casi todos los que escribimos. Tú has llevado en dos ocasiones a algunos autores canarios como Santiago Gil, José Luis Correa, Rafael-José Díaz, Pablo Martín Carbajal y la editora Guadalupe Martín, ¿crees que la literatura canaria está bien representada en México?

La llamada literatura canaria estuvo muy bien representada en aquella ocasión que tú citas. Pero fue una ocasión única. No es que esté bien representada, es que está ausente, no está, no existe. En esa ocasión se hicieron presentes algunos escritores insulares, que yo creo que son los mejores, aunque no los haya leído a todos, pero fue una excepción.

⇒ ¿Qué piensas de la suspensión de premios internacionales como el del novela Rómulo Gallegos 2017? ¿Creo entender que tú creaste uno desde la cátedra hace unos años, precisamente en la FIL de Guadalajara, para contrarrestar un poco esa pérdida? ¿Son premios que valen la pena para incentivar económicamente a los autores y no sólo por el prestigio que conllevan?

Mal, es un muy mal gesto político, pero Venezuela está en uno de los peores momentos de su historia política. Espero que, en su momento y que sea pronto, se recupere el Rómulo Gallegos, que fue un bastión de la literatura de lengua española mientras fue un galardón otorgado lustralmente. Después, lo politizaron hasta el desastre final. Es difícil este tipo de premios, crearlos y que se mantengan, pero hacen mucho por la literatura, hacen visible a escritores que están saliendo y terminan por consagrar en todo el mundo las novelas que los ganan. Tal vez ese sea el camino del Bienal Vargas Llosa, si somos capaces en la cátedra de mantenerlo vivo.

⇒ Creo recordar que en tu novela Réquiem Habanero por Fidel hablas de varios escritores, incluido tú mismo, a modo de cameo cinematográfico. ¿Crees que seguimos siendo los escritores, el mundo de la cultura en general, de las profesiones más castigadas y menos reconocidas en nuestro país?

«ni hablar, ni una lágrima, ni una queja, esa a la que son tan dados muchos escritores porque no nos hacen caso»

Francamente, yo no soy de los que se ponen a llorar en el paraíso. Escribir ya es una gloria, publicar una maravilla, y el destino natural del libro son sus lectores, aunque no pienso mucho en ellos cuando escribo. Que los escritores somos los últimos de la cola del dragón o vamos en el furgón de cola de la cultura, que ya va en el furgón de cola, me trae sin cuidado, eso no es cosa mía, es asunto de la sociedad, lo mío es escribir, no salirme mucho de ahí, escribir y vivir, a la cola de lo que sea o cabalgando sobre un tigre, eso da igual, así se ha hecho hasta ahora la literatura universal, con voluntad de hierro, con piel de cocodrilo, con paso de elefante y respiración de atleta, tal vez de leopardo. Que la escritura y el escritor literario estén en vías de extinción también me da igual, porque no creo en esa vaina, no me interesa ese llanto. Déjame contar una anécdota: estaban cuatro o cinco escritores en el Caroní, Venezuela, un paraíso, de esto hace unos años. Bien, bañándose en la orilla del río, en medio de un parque natural edénico, mientras les asaban una langosta en la orilla. Todos están muy contentos y jubilosos, gozando a raudales de la naturaleza virgen. Y, entonces, va uno de ellos y se pone a quejarse, sin ton ni son, de que nadie se ocupa de su obra. Qué idiota. Y, encima, es canario… Para mear y no echar gota, ¿no te parece? Todo el mundo en el paraíso, y llega la diva y se pone a llorar porque el mundo no le hace caso a su obra… De modo que, no, ni hablar, ni una lágrima, ni una queja, esa a la que son tan dados muchos escritores porque no nos hacen caso. Qué importa eso, lo que importa es escribir, escribir, escribir.

«Yo no voy nunca a ser de un partido político»

⇒ Coqueteaste con la política en las elecciones generales del 20 de diciembre, cerrando la lista al Congreso de Ciudadanos por Madrid. También otros escritores y periodistas conocidos han ido en listas electorales, ¿crees que es una forma de comprometernos más allá de las letras, de dar el salto a la práctica? ¿No temes que eso afecte a tu carrera?

Ningún coqueteo. Creo en esa gente, aunque esté bastante más a la izquierda que la mayoría de sus líderes conocidos. Yo soy amigo de Albert Rivera y de Marta Rivera de la Cruz, además de Miguel Gutiérrez. Albert y Marta me pidieron que fuera como independiente, y simbólicamente, en el último lugar de la lista. Fui ya dos veces y no me importaría ir una tercera vez. Como independiente y simbólicamente. Yo no voy nunca a ser de un partido político, ya he tenido múltiples ocasiones en varios partidos, pero nunca he querido militar ni comprometerme con la política hasta más allá de mi deber ciudadano. En cuanto que afecte o no a mi carrera, supongo que te refieres a la literaria, no veo por qué, no me parece ningún desdoro presentarse simbólicamente con una determinado partido político que, además, es el más limpio del panorama político español en estos momentos.

⇒ Has estado hace unos días en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), sumándote al proyecto de una serie de figuras literarias de habla hispana que desde 2016  —año del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes— son invitados a los observatorios de Canarias para inspirarse en el cosmos y plasmar su visión de la astronomía en un volumen de relatos cortos. El fin de estos relatos es solidarizarse con el alzheimer. ¿Cómo ha sido tu visita? ¿Tienes algún contacto o experiencia con esta enfermedad que pueda inspirarte en ese relato?

«Somos lo que es nuestra memoria, que durante un tiempo tuvo muy mala prensa, pero que ahora se sabe que es básica para ser quien es uno mismo»

Ha sido una experiencia deslumbradora. No conocía nada del IAC y ahora soy uno de sus mayores apóstoles, le hablo de la institución a todo aquel que se me acerca. Aprendí mucho. Acabo de escribir un artículo en El Cultural sobre ese asunto feliz. En cuanto al alzheimer, no es un juego, sino una enfermedad terrible a la que le tengo un gran pánico y que trato de observar desde lejos. Hago gimnasia de la memoria todos los días y varias horas al día. Me asusta mucho olvidarme de un nombre en particular o de una historia que debería recordar. Por desgracia, he visto casos asombrosos. Somos lo que es nuestra memoria, que durante un tiempo tuvo muy mala prensa, pero que ahora se sabe que es básica para ser quien es uno mismo. El caso de García Márquez fue penoso en los últimos años, aunque ya tenía antecedentes en su familia.

⇒ Háblame de tu trabajo, estás muy cómodo en la narrativa, pero haces ensayo y periodismo, ¿de dónde sacas tiempo para todo? ¿En qué trabajas ahora?

Bueno, incluso a veces me sobra tiempo para vivir y divertirme, viajar y tomarme algunos tragos con los viejos amigos constatados en la lealtad, pero ahora estoy dedicado a escribir la novela Cuatro veces mariposa, inspirada —no basada— en la vida de Mercedes Pinto, un personaje excepcional de mi familia más cercana. Leí todo lo que escribió, escudriñé su vida a fondo, conocí a sus hijos, sus nietas y biznietas, lo supe y lo sé casi todo de ella, era necesario. Como me aconsejó García Márquez en una de nuestras conversaciones para mí inolvidables: «Si ya sabes todo de tu personaje, ahora olvídate, y escribe la novela». Estoy en ella y hay hallazgos muy satisfactorios en lo que llevo redactado. No sólo por el personaje central, África Mercedes Rejón, llamada Memé en familia, sino por todos los demás, desde su primer marido y causante de su desgracia, Fonseca, hasta Colombine o Carmen de Burgos, como se quiera.

⇒ De toda tu extensa obra, ¿cuál ha sido la más vendida?, no te voy a poner en el aprieto de decir cuál es de la que más satisfecho te sientes, porque es imposible, ¿pero cuál crees que es la que más ha gustado al público, al menos según las ventas?

«Las novelas que menos me gustan son ‘Calima’ y ‘Los dioses de sí mismos’. Y la que más trabajo me costó escribir, ‘Las naves quemadas’»

No me incomoda nada la pregunta. Seré exacto. La novela más vendida de las mías ha sido Así en La Habana como en el cielo, unos 65.000 ejemplares, una cosa asombrosa en mi caso, lo sé porque eso fue lo que me pagaron de derechos, 65.000 ejemplares. Las que más me gustan son La Orden del Tigre, Madrid, Distrito Federal (donde hay un retrato secreto de la Lola Flores de nuestra plástica local) y Casi todas las mujeres. Las que menos me gustan son Calima y Los dioses de sí mismos. Y la que más trabajo me costó escribir, Las naves quemadas. Algunas están traducidas y entre todas las traducciones son diez las lenguas cultas a las que mis novelas han sido vertidas.

⇒ No hace mucho que Elisa Quintana presentó un libro fruto de su tesis sobre ti, La novelística de J. J. Armas Marcelo, ¿cómo te sentiste?

Muy reconocido. El trabajo de Elisa Quintana es una heroicidad. Ella misma me dijo que su director de doctorado le dijo que dejara mi obra de lado y escogiera otra cualquiera. ¿Qué te parece la vaina? Que me lo piquen menudo, que lo quiero para la cachimba. Se llama Quevedo o algo así, no recuerdo. Pero, en fin, mi agradecimiento a Elisa Quintana es eterno, de verdad.

«Quien hacía bromas y se reía de su hermano era José Agustín Goytisolo»

⇒ Para terminar, he oído o leído algo por ahí acerca de que preparas unas memorias en las que no dejarás títere con cabeza. Por cierto, han comentado en algunos foros que fuiste muy crítico con Juan Goytisolo. ¿Hablarás sin tapujos y darás todas tus opiniones sin miedo a la reacción que puedan generar?

Las memorias escritas de un escritor son siempre un ajuste de cuentas consigo mismo y con los demás, de modo que no se puede esperar una intención casta y limpia de pecado del escritor que escribe sus memorias. Ya se publicarán en su momento. Yo no fui crítico con Goytisolo, con Juan, que es un escritor que me influyó mucho, junto al primer Carlos Fuentes, en los principios de mi escritura, en mis primeras novelas. He leído ese artículo por el que fui incluso insultado gravemente en ciertas redes sociales y no le encuentro nada. Creo que lo que dije le supo mal a muchos que no han leído a Juan Goytisolo. Nunca hice bromas ni con la homosexualidad de Juan, que la confiesa en Coto vedado, sus memorias, en más de cuarenta páginas, ni de ningún gay, quienes me conocen lo saben. Quien hacía bromas y se reía de su hermano era José Agustín Goytisolo, que siempre contaba un chiste que voy a reproducir para que se sepa de verdad quién es quién. Decía José Agustín, para mi gusto el peor poeta del cincuenta, que fue una vez a una fiesta y una señora le preguntó: «Oiga, Goytisolo, ¿usted dónde mora? Y el poeta contestaba: no, señora, se equivoca, la mora es mi hermana». Aquí, grandes carcajadas del poeta-relator del chiste, me acuerdo como si fuera ahora por lo repetitivo del asunto… De modo que muy mala memoria tiene la pobre Julia cuando me adjudica a mí los chistes que su padre decía de su hermano… Bueno, las memorias están llenas de estos episodios, no voy a olvidarme de muchos, pero hay muchas reivindicaciones de gentes olvidadas, ladeadas por los ladillas del poder mediático, por las cucarachas que organizan los cánones y las jerarquías artísticas y literarias. En fin, nada nuevo bajo el sol.


Juan Jesús Armas Marcelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1946) es licenciado en Filología y Literatura Clásicas por la Universidad Complutense. Ha publicado las novelas El camaleón sobre la alfombra (1974; Premio Galdós 1975), Estado de coma (1976) y   (1978).  En 1982, la Bibliotheca del Fénice publicó Las naves quemadas, y en 1985 se editó El árbol del bien y del mal. Le siguen Los dioses de sí mismos (Premio Internacional de novela Plaza y Janés); Tirios, troyanos y contemporáneos; El otro archipiélago y Vargas Llosa. El vicio de escribir. También Madrid, Distrito Federal, Los años que fuimos Marilyn, Tal como somos, Cuando éramos los mejores; Así en La Habana como en el cielo; El Niño de Luto y el cocinero del Papa, La Orden del Tigre; Casi todas las mujeres, Al sur de la resurrección; Celebración de la intemperie, La noche que Bolívar traicionó a Miranda; Réquiem habanero por Fidel (Premio Francisco Umbral al mejor libro publicado en España durante 2014). En 2017, su relato Detroit  fue galardonado con el Premio Internacional de Cuentos Barcarola, de la revista del mismo nombre. Ha prologado libros de Paul Bowles, Guiseppe Tomasi de Lampedusa y Guillermo Cabrera Infante, y colabora con varios medios de comunicación. En la actualidad es director de la Cátedra Vargas Llosa. Algunas de su novelas y textos literarios están traducidos al francés, alemán, inglés, rumano, portugués, italiano y japonés. En la actualidad es miembro de varias academias de la lengua tanto en España como en Sudamérica y además es miembro del Instituto de Estudios Canarios, en las secciones de Literatura y Periodismo.

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