XXII Feria del Libro de Arrecife
Vista general del público durante uno de los actos (Foto: Miguel Aguerralde).

Demasiado a menudo resulta difícil introducir la pasión por la literatura en la isla de Lanzarote. Un universo, el de las letras, que habitualmente pasa desapercibido en los medios de comunicación, en las programaciones culturales municipales y en el día a día de los conejeros.

Por eso es de agradecer que, al menos durante los meses de abril y mayo, ciertos ayuntamientos e instituciones insulares se acuerden de ceder un espacio a los libros y a sus autores, especialmente a los de casa.

Ser escritor en Lanzarote no es tarea sencilla, díganme dónde lo es, y por eso poder formar parte de un evento tan particular como la Feria del Libro de Arrecife, sin duda el punto de reunión literario más importante del año en nuestra isla, se convierte en fundamental y muy de agradecer.

Los descuidos y los curiosos olvidos de quienes programan las sesiones de charla o presentaciones son ya tradición en esta feria, por lo que me centraré en contarles lo que sí hemos podido ver y disfrutar durante estos cuatro días de mayo, en un evento dedicado a la figura del escritor Rafael Arozarena y su maravillosa novela Mararía, ambientada como todos sabemos en Lanzarote.

Novedades

Porque lo cierto es que este año, con todo, la Feria del Libro de Arrecife se ha disfrutado de una manera especial. Comenzando por el cambio de ubicación, a orillas del emblemático Charco de San Ginés, un escenario modernizado y rejuvenecido que ha enmarcado como nunca antes las casetas de los libreros y de las presentaciones. Este, precisamente, ha sido el segundo elemento a destacar: las nuevas casetas de madera que han venido a sustituir a las viejas y remendadas lonas de años anteriores, con una elegancia y una belleza que han acaparado la atención de los paseantes y los aplausos de los participantes en la Feria.

XXII Feria del Libro de Arrecife
De izq a dch, Ismael Lozano, Miguel Aguerralde, Nereida Noonan, Benito Troya y Víctor Álamo de la Rosa (Foto: Editorial Siete Islas).

Entre las acogedoras —aunque calurosas— paredes de estas casetas camperas se han dispuesto los stands de las cuatro librerías principales de la isla: Diama, Lanzarote, Fajardo y El Puente, además de las de Ediciones Remotas y el servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote, mientras que frente a ellas una carpa principal albergaba las diferentes presentaciones.

Por esas casetas y carpas han desfilado —y firmado un buen puñado de libros, afortunadamente— los diferentes autores invitados, en particular Víctor Álamo de la Rosa, Ismael Lozano, Nereida Noonan, Antonio Flórez Lage y Benito Troya, que presentaron sus novedades dentro de la editorial lanzaroteña Siete Islas, y también Manuel Concepción, Agustín Pallarés, Ernesto Rodríguez Abad, Susanne Ramos, Amalia Martínez Fajardo, o el que esto firma, que no puedo estar más satisfecho de la aceptación de mi nueva novela, Alicia, y de las anteriores, Laberinto y La chica que oía canciones de Kurt Cobain, ya que las tres agotaron los ejemplares a la venta.

Buenas noticias

Porque ésa ha sido la mejor noticia que nos deja esta feria, una mayor afluencia de público y unas cifras de venta mejoradas respecto a años anteriores. Sí que se echó en falta, ya que estaban anunciados en el programa, a José Luis Correa o al autor local José Ramón Navas, que finalmente no pudo participar por enfermedad.

Una intensa programación la de esta Feria del Libro de Arrecife, enriquecida con actividades paralelas tan divertidas como el cuentacuentos de la Súper Hada Patricia, talleres infantiles e incluso una cata de vinos dirigida por el escritor y sumiller Benito Troya.

Y no me puedo olvidar de la música y las actuaciones, en un escenario adyacente a la carpa principal por el que pasaron las bandas municipales de Tinajo, Teguise y el Centro Insular de Enseñanzas Musicales de Lanzarote, además de la Orquesta Clásica de Lanzarote, que representó su espectáculo Los cuentos robados.

En definitiva, la Feria del libro de Arrecife de 2017 ha superado en riqueza y sobre todo en estética a la de años anteriores y se ha acercado al objetivo de atraer a un público más amplio. Desde mi humilde punto de vista, ha faltado quizá alguna presentación de renombre, sin desmerecer en ningún caso a los autores invitados, y desde luego una mayor cobertura mediática, que, como comenté al comenzar el artículo, es el caballo de batalla de cualquier actividad literaria en Lanzarote.

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