Diálogo abierto con Manuel Díaz Martínez

Diálogo abierto con Manuel Díaz Martínez

Versos y memorias, revoluciones y estéticas, amores y anécdotas, anhelos y desengaños. Manuel Díaz Martínez no se dejó casi nada en el tintero en la entrevista a la que fue sometido por parte del periodista y escritor Sebastián de la Nuez A. la tarde de este martes, en la Casa Museo Pérez Galdós, dentro del II Encuentro de Literatura Las Palmas de Gran Canaria.

El reconocido y laureado poeta cubano afincado en Gran Canaria protagonizó la sesión vespertina en esta segunda etapa del foro literario que organiza la Nueva Asociación Canaria para la Edición (Nace). Versos y memorias, revoluciones y estéticas, amores y anécdotas, anhelos y desengaños en un diálogo que derivó en monólogo, soliloquio compartido y ribeteado ora de nostalgia, ora de humor, ora de indignación, ora de sentimiento, ora de convicción, ora de duda.

Antes, De la Nuez había leído un texto que acompañará a la exposición de dibujos que el propio Martínez Díaz abrirá también en breve en la casa natal del autor de Fortunata y Jacinta. Por que sí, don Manuel también dibuja, y bien —posee «cierta vena gráfica», en palabras de De la Nuez—, tanto como para merecer un espacio en tan emblemático espacio en lo que será la primera muestra conjunta de su obra plástica. El propio poeta confiesa que dibujar es algo que le agrada, y que con el dibujo le pasa lo mismo que con el cuento (se pregunta: «Si me gusta tanto, ¿por qué no escribo [y dibujo] más?).

«Todo era posible»

De la Nuez quiso saber de su generación, de su relación con la Revolución y de «sus» mujeres. Y Díaz Martínez respondió. Su generación es la del 50, aquellos jóvenes que justo en el ecuador del siglo XX cumplían veinte años en la Cuba dominada por la dictadura de Batista. Fue, por tanto también, la primera generación de la Revolución. Con él, nombres que lleva grabados en lo personal, como los de Severo SarduyRoberto Branly, pero también sus maestros Nicolás Guillén, Alejo Carpentier o José Lezama Lima. «Esos tres o cuatro primeros años de la Revolución fueron los mejores años de mi vida. Todo era posible», confiesa el poeta.

Luego llegaron los desencuentros y las «censuras». «Nuestro lema era llevar la Revolución al mundo y traer el mundo a la Revolución, pero esto último a Fidel no le gustó mucho». Y a pesar de haber trabajado en diversos departamentos y ejercido varias funciones en el extranjero a las órdenes del Partido Comunista, finalmente optó por el exilio. Primero Cádiz, y luego Canarias.

De su obra poética destacó Paso a nivel, un poemario escrito íntegramente en Canarias, cuyos poemas surgieron de forma casi natural, «en un día escribía hasta dos poemas». Llevaba cuatro años sin escribir poesía, dedicado plenamente a sus artículos de opinión en La Provincia.

Generación frustrada

Entiende que la suya fue una generación políticamente frustrada, pero que dejó una importante huella en lo intelectual, con figuras y obras notables para la historia de la literatura cubana y universal. «Y en la pintura. Y en la música: Silvio Rodríguez, Pablito Milanés».

Y sí, también habló de mujeres, aclarando a su interlocutor que le parecía bien que le pidiese que hablase de ellas desde el punto de vista de su influencia en la creación poética, «porque de otros aspectos no te voy a hablar». Ofelia, su mujer, pintora y «lectora audaz», también escritora de artículos en una etapa avanzada de su vida; y Josefina, uno de sus primeros amores, quien inspiró también uno de sus primeros libros.

Y, para finalizar, polémica. Turno de público, y el también poeta José Pablo Quevedo que pregunta si en estos tiempos el poeta puede, en aras de la intimidad, mantenerse al margen de los conflictos que le rodean. Y ahí don Manuel que se indigna y se rebela: «Que cada cual haga lo que estime conveniente. A mí la política no me inspira para la poesía, pero sí para mis artículos. Si a usted le inspira, debe hacerlo y seguro que lo hará bien. Yo creo que el artista no es artista si no se compromete con el ser humano, si no es sensible en lo social. Pero no se pueden dictar cánones desde un comité central. El poeta, el escritor, es libre, ha de ser libre, y debe reflejar en su poesía aquello que le motiva. Eso es lo que garantiza la diversidad».

Luego llegó la lectura de poemas. Y el mundo… volvió a girar serenamente.

Entre el público, muchos rostros conocidos, desde los organizadores —Carmen Rosa de la Nuez Aránega, Antonio Arroyo Silva y Aquiles García Brito— a escritores como Pablo Alemán, Juan Calero Rodríguez, Luis Ángel Marín, Félix Díaz, María Gutiérrez, Barbara Krüger, Zulia García Parra o Fabio Carreiro Lago, entre otros.

Reportaje fotográfico: DRAGARIA 

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