José Miguel Perera Santana

La relación entre literatura —y el arte, en general— e identidad canarias ha sido uno de los debates más persistentes y recurrentes en el ámbito de la creación insular al menos desde la mitad del pasado siglo. Debate que, en buena medida, ha respondido más a criterios ideológicos o pasionales, en cualquier caso viscerales, que a un análisis sosegado de los factores que pueden contribuir a determinar o descartar la existencia de una expresión literaria singular. El filólogo José Miguel Perera recupera con Literatura canaria con identidad (y más allá) (Tamaimos, colección Alongues, 2017), el ensayo que presenta este lunes, a las 20.00 horas, en el Club La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria, los mimbres de una controversia que resulta, en cualquier caso, apasionante, y lo hace desde esa actitud observadora y serena que echamos en falta, invitando más al estudio y la aportación colectiva que a la proclama. Con él charlamos acerca del libro y del, tan ensalzado como denostadao, concepto de identidad.

⇒ ¿Qué podemos encontrar en tu libro? ¿Se trata de devolver al primer plano de la actualidad este debate sobre literatura e identidad, siempre latente en las Islas?

En cierto sentido, y sin premeditación por mi parte, pone de nuevo sobre la mesa este asunto; aunque fíjate que el reiterado tema (por llamarlo de alguna manera) lo venimos planteando sin pausa desde hace mucho tiempo. En mi caso concreto, desde que tomo conciencia de una serie de cuestiones al poco de comenzar la carrera de Filología, con un grupo de compañeros y con el impulso fundamental inicial de las ideas del profesor Eugenio Padorno (a unos y a otro va dedicado el libro). Lo que encontramos en él es un conjunto de artículos y conferencias gestados y publicados entre 2000 y 2010, más o menos; y en ellos se tratan diversos autores y motivos vinculados a la identidad canaria. Para el caso de los textos sobre literatura, que son los más, el punto de mira principal desde el que son interpretados en su gran mayoría es el de la identidad insular en la pluma de algunos autores o de algunas obras. Pero son descifrados desde esa perspectiva porque, a mi modo de ver, sus obras solo pueden llegar a entenderse con un mínimo de profundidad desde ese punto de mira. Esto no quiere decir que la creación literaria y artística sea solo fruto de una circunstancialidad personal (dónde y cuándo se viva), ¿cómo sería posible? Pero lo que sí me parece más cierto es que, por lo general, la subjetividad de cada creador es indisociable de esas circunstancias vitales (pasadas, presentes y futuras) de las que hablábamos ya que entre ellas el ser humano pensante, sintiente y hablante se gesta, se debate, se forma y deforma… Con lo que, si así fuera, interpretar la literatura y el arte desde este enfoque es una manera de descifrar en realidad cuál es la interpretación que cada artista hace del mundo que le rodea y, por ende, del mundo. Es traducir su visión de la vida, que nunca se sitúa al margen de la realidad. Son propuestas para Canarias (que es nuestra realidad inminente, incluso hoy junto a tanta virtualidad), pero por analogía es una propuesta más precisa y exactamente desde Canarias puesto que cada comunidad humana del orbe, con más o menos personalidad colectiva, lo haría (y se hace desde hace tiempo) con sus autores. Si se ha entendido bien, al fin y al cabo es una interpretación de buena parte de la personalidad artística de los escritores, de sus propuestas creativas: la escritura no está al margen del pensamiento ni del asunto central humano que es la identidad.

⇒ ¿Cuáles son los rasgos que, a tu modo de ver, definirían al escritor canario: el dialecto, el léxico, el peso histórico, el paisaje, la psicología observada por Manuel Alemán…? ¿Predomina alguno de estos factores sobre el resto?

«la identidad de cada ser está complejamente conformada por múltiples circunstancias personales y colectivas, individuales y sociales»

Uno es fruto de todos esos factores a la vez, y de muchos más que ni acaso concebimos desde un sentido consciente. Ya lo decíamos: la identidad de cada ser está complejamente conformada por múltiples circunstancias personales y colectivas, individuales y sociales. Por tanto, la literatura (que es un fruto y un gesto humanos) es hija de todos esos factores. Cualquiera puede llegar a entender que la literatura canaria se vertebra desde un lenguaje marcado por los referentes del paisaje (desde el mar hasta los diversos endemismos simbólicamente llevados a la escritura a partir de las Endechas a la muerte de Guillén Peraza); pero creer que se trata solo de eso es no haber entendido casi nada. Hasta la misma naturaleza es leída de maneras diferentes por los propios escritores y, como consecuencia, se presenta en diversas lecturas, algunas de ellas muy divergentes entre sí. El factor fundamental de todos es el ser humano que aquí ha vivido, vive y vivirá; que habita, sufre o festeja (Juan Manuel Trujillo llamaría a una idea muy parecida a esta, hace unos noventa años, la fisonomía de Canarias). Y, evidentemente, tal y como ha dejado claro buena parte de la filosofía contemporánea, la persona es un ser histórico que se va conformando a través de sus vivencias en relación con su contexto social y cultural, amén de tener como columna vertebral la expresión lingüística, que es la maravillosa y compleja herramienta principal con la que interpreta ese mundo. Ninguno de esos elementos es fijo y estático, y tampoco lo puede ser la propia identidad, que es cambiante e histórica. En esta línea desde la que hablo podríamos afirmar que la historia es básica para entender las lecturas particulares (lingüísticas) de los literatos. Claro que esto no tiene que traducirse con que lo más importante es hacer novelas históricas canarias y obras repletas artificialmente de canarismos, pues entonces no habremos entendido nada de lo anterior.

⇒ ¿El hecho de no contar con lengua propia incide en la escasa consideración de nuestras peculiaridades literarias?

Esa ha sido una de las posturas tópicas y tradicionales aplicada como sambenito a literaturas de coordenadas culturales como la nuestra, lo que ha hecho sin duda un tremendo daño. Ser parte de una comunidad de hablantes de una misma lengua hace que estemos hermanados desde ese instrumento humano definitorio que decíamos; pero unificar y estandarizar la existencia de seres porque hablan la misma lengua, eso es un acto de ancha injusticia. Después de haber expuesto las respuestas de las preguntas anteriores (donde afirmábamos que la literatura es consecuencia de múltiples circunstancias personales y sociohistóricas), ¿cómo van a tomarse por iguales diversos grupos humanos que hablan un idioma? Y si esto es así, ¿cómo van a ser idénticas sus producciones literarias si son colectivos con particularidades de todo tipo (económicas, históricas, educativas…)? ¿Cómo puede reducirse a tan escaso valor lo que puede llegar a ser y decir la literatura? En los mundos transmitidos por el arte literario andan en juego infinitos componentes que, aunque unidos a una lengua particular (su sintaxis, su morfología, su fonética…), no solo se quedan en ella como mera formalidad. Y, por otro lado, ni las propias lenguas son uniformes, tienen diversas palpitaciones por cada una de sus modalidades. Eugenio Padorno manifiesta que, en estos menesteres, no solo hay una lengua transmisora, sino también un lenguaje significativo más complejo conformado por multiplicidad de cuestiones.

⇒ Si tuvieras que nombrar a un autor, autora, o a algunos de ellos que, en tu opinión, mejor reflejan esa idiosincrasia, ¿cuáles serían?

«Canarias es dicha literariamente tanto por Cairasco de Figueroa como por Viera y Clavijo; por Alexis Ravelo o por Javier Hernández Velázquez»

Creo que todos tienen algo que decir en este sentido, si nos referimos a la identidad y a las diversas lecturas de la existencia desde aquí, desde nuestras circunstancias vitales. Fíjate que hasta el o la que quiere crear al margen de sus factores personales o coyunturales está diciendo algo de esos propios factores en significativa ausencia (puede que se estén definiendo incluso por ese rechazo). Se trata de diversos y múltiples lenguajes aunados bajo el término Canarias (que no es solo geografía), al que le salen infinidad de ramificaciones vinculadas a sus particularidades como colectivo humano diverso y múltiple también. Todo dependerá luego de las inclinaciones personales de cada uno. Pero Canarias es dicha literariamente tanto por Cairasco de Figueroa como por Viera y Clavijo; por Juan Jiménez o por García Cabrera o por los hermanos Millares; por Alonso Quesada o por Rafael Arozarena; por Alexis Ravelo o por Javier Hernández Velázquez.

⇒ En esta era de globalización y revolución tecnológica en la que todo parece tender a la uniformidad, ¿qué puede aportar Canarias desde el punto de vista literario?

Pues no tengo una idea clara a propósito de tu pregunta. Junto a la individualidad de cada cual, acaso sí creo que el artista canario podrá aportar algo de valor desde aquí si conociera con cierta profundidad los lenguajes manejados a lo largo de la historia por los numerosos autores y grupos de la tradición literaria no solo occidental e hispánica, sino también de la tradición literaria insular, cómo han ido elevando sus obras a partir de unas circunstancias similares y compartidas diacrónicamente con nosotros. Por supuesto que de ese conocimiento ha de derivarse siempre un sentido crítico ante lo que se está conociendo y analizando desde nuestro presente, no con una simple visión condescendiente. Pero para llegar a esa madurez crítica hay que conocer, y para conocer hay que difundir (otro problema, el de la difusión, que daría para mucho). Me parece que en este punto hay una clave primaria y sustancial para llegar a aportar unos resultados artísticos que puedan alcanzar algo de máximo interés no solo para nosotros mismos, sino para cualquier coordenada humana. En la congregación de los pueblos y artistas del mundo (digámoslo así), mi originalidad será fruto de la creatividad personal que, como hemos repetido, siempre irá asociada de una u otra manera a la tradición histórica desde la que hemos hecho nuestras experiencias de vida.

⇒ ¿Nuestras instituciones se mojan en la defensa o promoción de los valores canarios en la literatura?

«el Gobierno canario y los cabildos tendrían que ser los promotores que publiquen muchas obras que a lo mejor no son del todo atractivas a los lectores de hoy»

Aunque sería mentira proclamar que no ha habido momentos en los que algunas instituciones se han implicado en buen grado, es cierto que suele haber un cierto déficit. Yo creo que en este asunto de trabajar por el conocimiento de nuestras circunstancias como pueblo (y en ello está implicada la difusión de nuestra historia literaria), la instituciones públicas deben asumir buena parte de la infraestructura que haga posible esto. Por ejemplo, creo que el Gobierno canario y los cabildos tendrían que ser los promotores que publiquen muchas obras que a lo mejor no son del todo atractivas a los lectores de hoy, pero que se tornan esenciales para comprender nuestro devenir literario, y que no han sido reeditadas desde hace mucho tiempo. Ese coste económico, que es probable que no se recupere, deben asumirlo como obligación en su mandatos de turno como compromiso indefectible con sus ciudadanos y con su historia. Por otro lado, creo que en la misma línea podrían fomentar mucho más ese conocimiento que decíamos a lo largo del año, y no concentrarse todo alrededor del Día de las Letras Canarias, si nos referimos al contexto archipielágico. Y como esta otras tantas iniciativas podrían ejecutarse si hubiera realmente un poco de cabeza y un algo de interés, y si hubiera otra idea más atinada de qué Canarias se quiere y cuál es el papel del arte en esa idea global de grupo humano que mira al futuro con la intención de ir mejorando.

⇒ ¿Qué le dirías a quienes sostienen que no hay diferencia alguna, más allá de pequeñas singularidades, entre un autor canario y un autor de cualquier otra parte del planeta?

Creo que a estas alturas de la entrevista la respuesta está más que contestada. Y también diría que quizás esas pequeñas singularidades están totalmente relacionadas, en buena medida, con lo que ellos mismos tengan de singulares como seres humanos (otra cosa es que se consideren a sí mismo poca cosa). Algunos escritores suelen decir que sus creaciones podrían haber surgido desde cualquier otro contexto, y cierto es que podrían… pero no es así… El Ulises de Joyce no sería Ulises sin las cincustancias de todo tipo presentes allí de la cultura dublinesa o irlandesa. ¿Qué serían de las obras de Sabato sin Buenos Aires y sus particularidades? O vengámonos más cerca: si pensamos en nuestros principales autores actuales de novela negra (Correa, Ravelo, Hernández Velázquez, entre otros), ¿me podrías decir qué quedarían de sus novelas si quitáramos todos los escenarios donde suceden los hechos, los acentos de cada personaje, sus nombres, la terminología usada, sus socarronerías, sus modos de actuar…? Si todo eso cambiara, sus novelas ya no serían en absoluto sus novelas: serían otras novelas en los que hasta el estilo cambiaría. Eladio Monroy o el detective Blanco nunca podrían haber llegado a ser personajes (o al menos los personajes que hoy son) sin la inspiración del aire de nuestras circunstancias humanas, sean buenas, malas o regulares. Siempre me gusta explicarlo así: el hecho de tener madre es un asunto general humano, pero ¿eso tiene que llevar a concluir que mi madre concreta no tiene importancia, es una pequeña singularidad de mi vida? Es de locos…

⇒ Además de filólogo, profesor, crítico… eres una persona muy activa en la promoción de proyectos culturales. Cuéntanos tus experiencias con Bienmesabe y Tamaimos, y si tienes nuevas perspectivas para el futuro a corto o medio plazo.

«he ido entendiendo la cantidad de ignorancia que existe en el mundo intelectual por negarse a mirar, en un ademán de prepotencia inútil, hacia contextos que toman como secundarios del conocimiento y del saber»

Mi relación con la iniciativa privada de la Fundación Tamaimos se traduce en que formo parte del Consejo de Redacción del proyecto editorial de esta institución. El mismo está constituido por un grupo de personas con dispares formaciones y perspectivas pero que comparte un claro compromiso con la cultura, el mundo de las letras y la reflexión sobre Canarias y desde Canarias. El catálogo de libros va creciendo y con volúmenes de mucho interés. Hablar de Bienmesabe, con una trayectoria cercana ya a los quince años, sería interminable. Digamos que, en resumidas cuentas, para mí ha sido un espacio en el que he aprendido muchísimo con mis compañeros, ha sido una verdadera escuela de formación. Casi todo lo que allí hay publicado ha pasado por mis manos como corrector, con lo que he ido aprendiendo sobremanera de Canarias en un sentido muy rico interdisciplinarmente. Y sobre todo he entrado (leyendo, entrevistando, observando, reflexionando…) en el mundo de la etnografía, de la antropología, de la llamada cultural tradicional… y he ido entendiendo la cantidad de ignorancia que existe en el mundo intelectual por negarse a mirar, en un ademán de prepotencia inútil, hacia contextos que toman como secundarios del conocimiento y del saber. Y, en fin, en los últimos años ando más metido, entre otras cosas, en la investigación literaria insular, de donde salió mi tesis doctoral sobre el escritor y crítico literario y artístico tinerfeño Sebastián Padrón Acosta. Precisamente tengo un proyecto ambicioso a largo plazo que es publicar una biblioteca (conjunto de libros que ascienden a unos veinte tomos) con su nombre que recoge todos sus textos dispersos. Parece que el primero de estos frutos saldrá en breve gracias a la disposición del editor Jorge Liria y del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (del Puerto de la Cruz), y versa sobre las mujeres poetas insulares históricas del XVIII, XIX y comienzos del siglo XX.


José Miguel Perera Santana (Arucas, Gran Canaria, 1978) es doctor en Filología Hispánica por la ULPGC. Ejerce como profesor de Enseñanza Secundaria de Lengua y Literatura desde hace quince años. Actualmente imparte clases en el IES Doramas de Moya (Gran Canaria). Fue miembro fundador, en la ULPGC, de la revista universitaria Calibán. Es colaborador del suplemento Cultura del periódico La Provincia-Diario de Las Palmas, de la misma manera que lo fue y es en otros medios y otras revistas. Coordina la revista electrónica Bienmesabe, dedicada a la cultura canaria en su más amplio abanico de disciplinas, en marcha desde el año 2004. Trenístenla es venida (colección Y más extraña lengua, 2003) fue su primer libro de escritura creativa, y el segundo Espíritu de campanario (El 7 de la lengua, 2016). También ha publicado dos cuadernos didácticos para la enseñanza de la lengua y la literatura en Secundaria: Monagas somos todos. Enseñanza del español de Canarias desde la obra de Pancho Guerra (Bienmesabe, 2010) y Canarias desde su literatura (Fundación Canaria Néstor Álamo, 2010). Además, ha preparado una edición de la obra de Bartolomé Cairasco de Figueroa Comedia del recibimiento (colección Pensar Canarias, Cabildo de Gran Canaria, 2017), obra fundacional de la literatura canaria. Ha participado en varios proyectos educativos, especialmente vinculados a los llamados contenidos canarios. La mayoría de sus publicaciones versan sobre cultura canaria, sobre todo relacionadas con el ámbito literario.

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