José Miguel Junco Ezquerra

La experiencia de leer sus versos solo se ve superada por la de escucharlos en su propia voz. José Miguel Junco Ezquerra es heredero directo de esa estirpe de vates atlánticos que desde mediados del pasado siglo fueron configurando las claves en las que hoy se reconoce el temperamento poético de las Islas: poesía humana y directa, social aun en lo íntimo, íntima en lo social, poesía de luz y calima, de brisa y sal, verbo preciso y ritmo sincopado. Junco talla sus poemas en la piel del basalto, esculpe sus versos con la precisión del orfebre y nos transporta, sin aparente esfuerzo, a esos territorios inexplorados y vírgenes que previamente ha imaginado. El poeta protagoniza este viernes en el Palacete Rodríguez Quegles de la capital grancanaria, a partir de las 19.30 horas, un encuentro y recital poético. De los pormenores del acto y de poesía, sobre todo de poesía, hablamos con él.

⇒ Cuéntanos en qué va a consistir el encuentro de este viernes. Sabemos que recitarás poemas publicados e inéditos, ¿habrá también diálogo con las personas que se acerquen al Rodríguez Quegles?

Se trata de una amable invitación hecha por los responsables de la programación de actividades del Palacete Rodríguez Quegles, uno de los arquitectos de tan singular edificio, dependiente de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Intentaremos dar una visión, a través de la lectura y comentarios de algunos poemas, del proceso creativo que hemos seguido en los últimos 15 años. La idea es hacer una lectura circular: partir de lo más reciente y, al final, leer algunos poemas que aún no han sido publicados en formato de libro. Y, obviamente, responderemos a todas las preguntas que el público asistente tenga a bien hacernos. No se trata de abordar un análisis de los poemas, sino más bien de referir la anécdota, el pretexto, que los originó. No más de una hora en cualquier caso porque, como sabes, la poesía requiere de una concentración que la deje fluir.

«Las redes, con sus pros y sus contras, constituyen una posibilidad de divulgación que, lógicamente, antes no existía»

⇒ A tenor de tu actividad en el blog, redes sociales y revistas, estamos ante un poeta no ya sólido desde el punto de vista formal, sino prolífico. Evidentemente, el ritmo de tu actividad creativa es muy superior a lo que el papel puede soportar. Háblanos de tu próximo proyecto editorial y de cómo seleccionas los poemas que dan finalmente el salto al papel.

Es cierto, llevo una larga etapa muy productiva. Es así. He tenido etapas de absoluta sequía. Pero, en mi caso, la poesía siempre ha estado ahí. De hecho, mi padre era poeta y desde pequeño me familiaricé con ese modo tan peculiar de comunicar y comunicarse. Las redes, con sus pros y sus contras, constituyen una posibilidad de divulgación que, lógicamente, antes no existía. En ese sentido pueden ser analizadas como un elemento dinamizador. Actualmente, andamos ocupados en varios proyectos. Algunos ya casi finalizados: Voces que rescata el viento e Instinto, y otros que aún están en proceso de definición y concreción como es el caso de Círculos. El proceso de selección resulta complejo y, en cierta medida, angustioso. Al final, tras darle muchas vueltas, optamos por unos poemas, aquellos que nos parecen más significativos. Aunque siempre nos queda la duda de si hemos hecho o no una selección acertada.

⇒ Si hubiese un debate sobre el estado de la poesía, y de la poesía en Canarias, ¿con qué discurso subirías a la tribuna?

No me veo subiendo a una tribuna para lanzar un discurso. Además no haría falta para comprobar que la poesía goza de muy buena salud. Y aunque yo asumo esa idea de Borges de que ya está todo dicho, de que no hay que tratar de ser originales, me parece que en todo el mundo, eso nos incluye, surgen y se consolidan nuevas voces con un marcado estilo propio y un rigor encomiable. En prácticamente todas esas voces poéticas, al menos las que a mí más me interesan, creo observar el inevitable enlace con la tradición. De uno u otro modo los grandes poetas nos siguen sirviendo de faros que iluminan el quehacer de las generaciones posteriores. Muchas son las tendencias y muchos los estilos. Pese al intento, creo que baldío, de querer establecer un canon más o menos sacralizado y, por ende, exclusivista. Una falsa línea divisoria entre lo que es admisible y lo que no.

«La poesía es un arte. Un arte complejo que consiste en la acertada combinación de una serie de elementos esenciales»

DRAGARIA ha sido testigo recientemente en sus páginas de un debate entre quienes reclaman un mayor rigor selectivo de las editoriales y quienes se muestran partidarios de no poner coto a la publicación, sea cual sea el nivel literario. ¿En qué punto te sitúas tú?

Intentaré responder por elevación. La poesía es un arte. Un arte complejo que consiste en la acertada combinación de una serie de elementos esenciales: una elección acertada de las palabras, teniendo en cuenta que la palabra poética goza del privilegio de disponer de múltiples e inusitadas acepciones, una determinada manera de concebir el uso de la sintaxis, un ritmo que se constituye en la columna vertebral del poema, un tono, que de no resultar adecuado puede dar al traste con todo lo demás, y aquello que intencionadamente no se dice, el silencio intencionado. Es, como digo, complejo. Requiere de la puesta en marcha de toda una serie de recursos y de la sabia combinación de los mismos. Por otra parte, la poesía trabaja con la emoción, pero la emoción pensada, elaborada, pulida. Si aceptamos lo anterior, no será difícil aceptar también que se requiere un largo proceso de aprendizaje en el que la propia expresión poética se iría acercando al poema ideal que uno aspira a escribir. Leer, como dice Gonzalo Rojas, releer, intraleer, dejarse la piel ahí para poder sacar toda la sustancia. Un largo proceso de error y ensayo en el que, con suerte, uno puede llegar a atisbar, aunque entre la neblina, lo que se desea ver, dar a ver. A partir de estas consideraciones, conste que yo las aplico a mi propia poesía a veces con un resultado desalentador, es obvio que cada cual puede escribir y publicar lo que le apetezca. ¿Cómo impedirlo? ¿Y por qué? El padrecito tiempo se encargará, supongo, de dejar en la superficie, a flote, la poesía de largo recorrido, de largo aliento. Una última consideración: los sabios consejos de Rilke al joven poeta que le envió algunos de sus poemas cuando Rilke hacía el servicio militar: «Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir». O sea, si se lleva en la sangre, aunque uno se equivoque de camino muchas veces, persistir. Si no es el caso, recordar a Machado: «…y, además, no importa».

«audaz y persistente militante en la causa de la poesía, apenas sí hemos conseguido tres o cuatro poemas de los que poder sentirnos satisfechos»

⇒ Retornando a tu poesía, ¿en qué momento te encuentras? En La mujer de lava nos encontramos unos textos plagados de simbolismo, imágenes y referencias a la tierra, entendida esta como el cúmulo de elementos identitarios que marcan al hombre y la mujer de las Islas. Una poesía no ya madura, postmadura me atrevería a decir, de verso fluido, preciso y contundente.

No es falsa modestia. El paso del tiempo, a qué engañarnos, resulta descorazonador. Pero tiene al menos el atributo de darnos perspectiva. Para mí, como he tenido ocasión de decir en alguna entrevista, la poesía se ha convertido en algo vital, como el aire. La perspectiva y la comparación me dicen que, audaz y persistente militante en la causa de la poesía, apenas sí hemos conseguido tres o cuatro poemas de los que poder sentirnos satisfechos. Creo que hemos ido acercando un poco nuestra propia expresión poética a nuestra obsesión. Por eso supongo que lo seguimos intentando. Porque aún no lo hemos logrado.

⇒ Tu relación con la editorial en la que vienes publicando la mayor parte de tu obra, al igual que tu hermano Luis, La Discreta, va más allá de la estricta relación autor-empresa. ¿Qué es para ti La Discreta? ¿Qué la hace diferente de cualquier otra editorial?

Creo que lo que caracteriza a esta editorial es, por una parte, su rigor, su sigilo y esmero en la publicación. Y por otra parte, resulta alentador, no debe de ser el único caso, comprobar que un grupo variopinto de intelectuales, por simple amor al arte, dedican gran parte de su tiempo a su pasión por la literatura. Insisto, no creo que sea un caso único, espero que no. Haber sido capaces de mantenerse en el candelero durante tantos años roza lo paranormal.


José Miguel Junco Ezquerra (Las Palmas de Gran Canaria, 1951) es poeta y profesor de inglés de enseñanza secundaria actualmente jubilado. Ha publicado 10 poemarios individuales: La mujer de lava (Ediciones de La Discreta. Madrid, 2016); Oasis (Ediciones Vitruvio. Madrid, 2014); Sonetos (Ediciones Nace. Canarias, 2014); Cierta forma del viento en los cabellos (Ediciones de La Discreta. Madrid, 2011); Países extranjeros (Ediciones de La Discreta. Madrid. 2004); Los días contados (Ediciones digitales menosletra. Las Palmas, 2002); El hombre de salitre y otros poemas (Huerga &Fierro. Madrid, 2000); Cambios de ritmo (edición del autor. Las Palmas, 1997); Hacer las paces (mención especial jurado premio internacional de poesía Tomás Morales 1992. (Ediciones Cabildo Insular de Las Palmas); Telegrama a una estrella (edición del autor. Las Palmas 1989).

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