Una nueva publicación recupera la memoria poética de Natalia Sosa Ayala

► La filóloga Blanca Hernández Quintana, autora del prólogo, afirma que se trata de una poesía «dura y desgarradora, sin concesiones»
► «En Canarias, a la condición de ser mujer se añade la desventaja de la distancia geográfica con respecto al epicentro cultural»

Blanca Hernández Quintana, doctora en Filología Hispánica y especialista en rescatar la figura de escritoras canarias, participa en la publicación de la editorial Torremozas de parte de la obra de la escritora canaria Natalia Sosa Ayala. La editorial, fundada en Madrid en 1982 y especializada en literatura escrita por mujeres, edita en concreto los poemas que conforman la primera etapa de su trayectoria poética, publicados en la revista Mujeres en la isla de 1957 a 1962, y sus libros Muchacha sin nombre y otros poemas (1980) y Autorretrato (1981). «Se recupera así una de las voces más significativas de la poesía escrita en la segunda mitad del siglo XX, lamentablemente poco divulgada y conocida hasta estos momentos. Esta publicación supone traspasar las fronteras de la insularidad y darle una divulgación nacional», afirma Hernández Quintana, responsable del estudio crítico de la introducción. 

La doctora asegura que «en Canarias, a la condición de ser mujer se añade la desventaja de la distancia geográfica con respecto al epicentro cultural. La singularidad isleña supone un obstáculo, pero, aun así, se ha ido consolidando una tradición de escritoras que contribuye a la creación de una identidad femenina alternativa a la tradicional, y Sosa Ayala es una de ellas», una poeta que desarrolla su obra durante el franquismo, en el marco de una férrea moral que recae, principalmente, en la mujer como esposa, ama de casa y madre, y en una fortalecida persecución a la homosexualidad. «Como me dijo Natalia en su momento: Siempre viví con miedo a reconocer mi condición homosexual», indica Hernández Quintana.

«Dura y desgarradora»

Tal y como se puede leer en la introducción al libro, que ya está en el mercado, «su poesía [la de Natalia Sosa Ayala] habla de deseos, de miedos, de incomprensión, de búsqueda, de refugio. Su propia obra se convierte en el asidero desde el que da cobijo a su experiencia vital atrapada, sin quererlo, en un cuerpo incomprendido. El uso de la primera persona, la presencia de la naturaleza, el verso dialógico, sus silencios y el entramado metafórico van conformando el tejido estructural de su poesía, directa en ocasiones, dura y desgarradora, sin concesiones a lo anecdótico o superficial, y con un discurso que reclama su identidad en cada verso (…) La aparición de la crítica feminista y las teorías queer ha posibilitado la lectura y el análisis de las obras literarias desde diferentes perspectivas para visibilizar otras realidades, como por ejemplo el hecho de ser escritora, ninguneada por la historia de la literatura, y lesbiana, lo que supone una doble marginación. Son muchos los mecanismos culturales e ideológicos que reproducen la identidad heterosexual, pero después de siglos de represión, surgen formas para luchar contra este orden normativo represivo, multitud de formas que pretenden dar voz a las pluridentidades silenciadas y anuladas, y una de estas formas es la escritura. De este modo, Natalia Sosa se acerca a la poesía para construir su identidad en un sistema que le reprocha su homosexualidad y para encontrar un lugar desde el que ubicarse en el mundo».

Hernández Quintana recoge en su tesis doctoral las voces de escritoras canarias del siglo XX, y ha publicado un ensayo, un diccionario y varias antologías sobre las escritoras canarias del siglo XX: Ignacia de Lara, Josefina de la Torre, Pino Ojeda, Chona Madera, Pino Betancor, Pilar Lojendio, Natalia Sosa, Elsa López, Cecilia Domínguez, Dolores Campo-Herrero, Paula Nogales y Tina Suárez Rojas, entre otras.

No me llamo Natalia

No me llamo Natalia.
Jamás nací.
O si nací fue muerta.
El sol extendía sus primeros rayos
por una madrugada fatídica de marzo.
Mas no era yo la que su luz bebía.
Yo no existí jamás.
A lo sumo fui venas, manos, sangre,
un corazón pequeño y precintado
pero no fui jamás destinada a ser alguien.
Mi nombre, yo, Natalia,
estará inscrito en un papel cualquiera,
en labios que no saben lo que hablan,
en tardes remotísimas y ausentes,
acaso,
en el tiernísimo corazón de alguien.
Mas yo, yo no soy yo.
No soy Natalia.

— Natalia Sosa Ayala —