Sabas Martín

El escritor, poeta, ensayista, crítico, dramaturgo y periodista tinerfeño Sabas Martín, que lleva años viviendo en Madrid, presenta estos días nueva novela en las Islas: Un rumor de siglos (Mercurio 2018). Se trata de la biografía novelada de una monja que vivió en El Sauzal en Santa Cruz de Tenerife, María de León Bello y Delgado, sor María de Jesús, popularmente conocida como la Siervita de Dios, que falleció el 15 de febrero de 1731. Martín, que ha publicado más de cuarenta títulos que abarcan los diferentes géneros literarios, por los que ha recibido diversos premios y ha sido traducido a varios idiomas europeos, narra la que considera «una de esas historias fascinantes, que marcan de forma rotunda». El autor, académico honorario de la Academia Canaria de la Lengua, nos adelanta algunas de las anécdotas relacionadas con el proceso de escritura de la novela y dentro de esa constante fundamental en su obra que es la interpretación de la realidad de Canarias y la huella de su pasado histórico y legendario.

⇒ Narrada en primera persona, y desde el punto de vista femenino, Un rumor de siglos, nos trae la historia de una monja. ¿Te ha costado meterte en el papel de una mujer, además religiosa, a la que se le atribuyen hechos milagrosos?

En el caso concreto de esta novela no se trata de ahondar en una psicología masculina o femenina, o que la perspectiva narradora esté condicionada por un género específico. Lo que importa es dar cuenta de una realidad que trasciende los límites de la realidad comúnmente entendida como tal. En Un rumor de siglos los hechos que se narran exceden, sobrepasan, la percepción habitual de lo que percibimos como real, abriendo los sentidos hacia horizontes de perplejidad e incertidumbre.

⇒ ¿Cómo, cuándo y por qué te llega esta historia?

«La vida de la Siervita es una sucesión continua de acontecimientos que escapan a la lógica»

Creo que la historia de la Siervita me acompaña desde que supe de su existencia, siendo niño. Es una de esas historias fascinantes, que marcan de forma rotunda. La voluntad de convertir esa experiencia interior en literatura tiene que ver con mi empeño de profundizar en la historia de nuestras islas y en sus aspectos míticos y legendarios. Y ¿qué hay tan mágico y prodigioso como vencer las marcas de la muerte para permanecer incorrupta siglo tras siglo?… La vida de la Siervita es una sucesión continua de acontecimientos que escapan a la lógica. Intentar comprender su naturaleza, al margen de explicaciones derivadas de lo religioso, con conceptos como santidad o milagro, me resultaba estimulante. Diría que literariamente muy estimulante, como un desafío para encontrar un lenguaje capaz de trasladar todo ese mundo desde la mayor objetividad posible.

⇒ ¿Te ha costado mucho el proceso de investigación?, hablas de un personaje real que vivió en El Sauzal en el siglo XVI

Efectivamente hay un intenso y riguroso proceso de documentación previo a la novela. La bibliografía que se cita al final del relato así lo atestigua. Todo, absolutamente todo lo que se cuenta en el libro está fielmente documentado, tanto en las semblanzas biográficas de la protagonista como en sus implicaciones con otros personajes. Personajes igualmente fascinantes como fray Juan de Jesús, el monje capaz de levitar y desplazarse más de un kilómetro por los cielos del Puerto de la Cruz, o Amaro Pargo, corsario bueno y generoso que ocultaba grandiosos tesoros.

⇒ Añades un cuaderno de notas al final, y cuentas algunas incidencias mientras escribías la novela. ¿Nos contarías alguna como adelanto? 

«Creo que la Siervita me avisaba a través de la paloma para que prescindiera de tanta complejidad en la escritura y me centrara en su voz»

Ciertamente, mientras escribía la novela me sucedieron algunas cosas… digamos curiosas, inesperadas o singulares. Una de ellas fue que en el mismo momento que narraba la entrada de una paloma al interior de una casa a través de una ventana, por la terraza de mi casa se coló una paloma que vino a posarse sobre mi mesa. Yo estaba con una segunda redacción del libro y confrontaba la historia de la Siervita con otro personaje femenino a través de una escritura compleja, cuajada de recursos y variantes estilísticas… Intenté por varias veces atrapar a la paloma. Se escapaba y se posaba sobre un retrato de la Siervita que tenía en la mesa entre un montón de papeles. Siempre se posaba en el mismo sitio… Siempre sobre la imagen de la monja. La atrapé al fin y poco después entendí que era una señal. Creo que la Siervita me avisaba a través de la paloma para que prescindiera de tanta complejidad en la escritura y me centrara en su voz, en su vida. Así lo hice.

⇒ Tú que amas y juegas con las palabras, ¿hay algún adjetivo, o sustantivo que describa esta novela? 

Quizás hablaría de fascinación, de prodigio, de asombro, de perplejidad… palabras que nos remitan al reverso de la razón, a lo que se oculta tras la apariencia, a la incertidumbre ante lo que nos excede.

⇒ ¿La novela también es un desnudo ajeno, sin impudicias, ¿reivindicas algo en esta nueva entrega? 

No hay ninguna voluntad de reivindicación explícita. Hay la propuesta de ahondar en elementos de nuestro pasado histórico junto a la confrontación con los límites de lo que percibimos como real. Si acaso, la reivindicación latente es la del lenguaje, la del esplendor de las palabras y las músicas secretas que viven en sus ecos.

⇒ ¿Crees que con la recreación de la historia, los escritores podemos pasarla por el filtro de nuestros sentimientos y dar una dosis de humanidad? 

«Si la literatura es auténtica, fruto de la necesidad interior,  quien escribe deja su huella en lo escrito»

La literatura es diferente a la historia o a la crónica periodística. Es algo más, con sus propios elementos específicos. Pero puede ayudarnos a entender lo histórico y los hechos de la crónica cotidiana. Y en esa derivación, el escritor deja su impronta. Adrede o sin pretenderlo. Si la literatura es auténtica, fruto de la necesidad interior, quien escribe deja su huella en lo escrito. Se podría hablar de que es una sutil manera de humanizar lo que se presenta como hechos objetivos.

⇒ En tu obra usas siempre el humor como herramienta, a pesar de lo dramático que pueda parecer, ¿nos encontraremos en esta obra también esos guiños de humor? 

En la novela hay ciertos momentos no tanto de humor como de larvada ironía. Las situaciones insólitas, los acontecimientos extraordinarios, propician una cierta sonrisa ante la naturaleza misma de lo que se cuenta… Pero todo lo que se cuenta está rigurosamente documentado. Yo no invento nada. Otra cosa es cómo se perciben los sucesos de los que se dan cuenta y detalle… Y diría también que en la Siervita, y aún más en fray Juan de Jesús,  hay una socarronería muy canaria.

⇒ El mar, otro de los símbolos que usamos los isleños en nuestra escritura, está siempre presente en tu trayectoria. ¿Lo podemos ver aquí? De hecho hablas del pirata Amaro Pargo… 

En esta ocasión el mar no es un escenario prevalente. Aparece fundamentalmente como trasfondo de ciertos sucesos protagonizados por el corsario Amaro Pargo, como una batalla naval contra los turcos o en sus travesías americanas… Y también como parte de la leyenda que dice que a su regreso a las Islas tras sus correrías corsarias ocultaba sus naves en una rada subterránea que comunicaba con su casa… Luego de descargar los tesoros obtenidos, volvía a sacar las naves a la superficie y entraba en puerto, esta vez sí, a la vista de todos.

«los géneros literarios no son más que rostros distintos de la palabra»

⇒ He leído en alguna entrevista que llevas casi cincuenta años escribiendo. ¿Con qué género te sientes más cómodo?   

Todo es cuestión de qué quiero decir y cuál es el género que mejor lo expresa. Digamos que me encuentro a gusto con la escritura en sí misma. A fin de cuentas, los géneros literarios no son más que rostros distintos de la palabra.

⇒ Cambiando de tema y para no desvelar nada de la novela, vives en Madrid desde hace años, ¿cómo ves la cultura de nuestro país y cómo ves la actual situación de Canarias?

«el nivel de la creación cultural canaria, en general, es muy elevado y un cierto victimismo nos lleva a no valorarlo como se merecería»

El tema de la situación actual de la cultura es sumamente complejo y abordarlo requiriría mucho tiempo y muchas precisiones y matizaciones. Por abreviar diría que estamos en el proceso de un cambio de paradigma. Es decir, la cultura virtual, las nuevas tecnologías, la instantaneidad y universalización de los mensajes… en fin, todo eso, está obligando a la cultura tradicional a replantearse sus formas de actuación. La cuestión no está en el valor intrínseco en sí del hecho cultural, sino en los procesos de degradación, banalización o menosprecio que actúan sobre ella. Creo que hoy la cultura está a la baja. Incluso hay gente que presume de no haber leído un libro nunca. Es una muestra de cómo presumir de ignorancia puede considerarse como algo positivo… El tema, en Canarias, tiene los añadidos de las deficiencias estructurales, de la dificultad de traspasar fronteras y acceder a otros escenarios fuera de las Islas, de la carencia de espacios de crítica y debate… Todo esto no es nuevo. Aun así, creo que el nivel de la creación cultural canaria, en general, es muy elevado y que un cierto victimismo nos lleva a no valorarlo como se merecería.

⇒ Hay quienes opinan que la poesía es la parienta maldita de la literatura, ¿crees que esto es así?, ¿deben ustedes los poetas tener siempre el arma cargada? 

Quizás la poesía sea el género más exigente y extraordinario de la literatura. En ella solo cabe la excelencia, eso que hace que el poeta construya un territorio que sea voz y mundo propios. Y esa exigencia de la poesía en sí misma reclama también un esfuerzo semejante al lector. Es tan difícil ser un buen poeta como ser un buen lector de poesía. No creo que sea una pariente maldita. Ahora, que si alguien piensa que puede hacerse rico con la poesía, está muy equivocado. Es famosa aquella frase de Aleixandre que decía que la poesía no da para comer, si acaso, algunas veces, alcanza para merendar… Y con respecto a la actitud del poeta, cada poeta es un caso particular. No me atrevería a generalizar. Además, muchas veces uno no escoge, sino que es escogido por las visiones de lo poético. En alguna ocasión he dicho que más que «un arma cargada de futuro», que dijo Celaya, la poesía es «un alma cargada de claroscuros»…

⇒ Últimamente parece precisamente que la poesía goza de muy buena salud, se ha relanzado la afición sobre todo entre la juventud. ¿A qué crees que es debido este despertar poético? 

«no hay buena o mala poesía. Hay poetas que son necesarios y poetas que son prescindibles»

Sobre el auge de la poesía hoy entre los jóvenes también habría que matizar y clarificar. Ya dijo aquel que la poesía siempre ha contado con «una mala salud de hierro». Ahora, las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías hace más fácil que proliferen libros de poesía y que parezca que esa mala salud de hierro progrese adecuadamente. Pero hay que tener cuidado, porque abundan los poemarios sentimentaloides, los retratos autobiográficos narcisistas, los romanticismos periclitados… junto a otros textos que son más valiosos. Hay que espigar para separar unos de otros. Pero, a fin de cuentas, no hay buena o mala poesía. Hay poetas que son necesarios y poetas que son prescindibles. Tengan la edad que tengan.

⇒ Antes de terminar, cuéntanos en qué nuevos proyectos andas metido.

El poeta argentino Leopoldo Lugones, cuando le preguntaban por lo próximo que iba a publicar, decía que «la gallina primero pone el huevo y después cacarea». Uno siempre anda con ideas, proyectos, apuntes, borradores… pero no dejan de ser solo promesas, embriones, futuribles… Algunas cosas, sí, tengo entre manos. Pero no soy de los que anticipan acontecimientos. Todo se andará. Eso espero y en ello confío.


Sabas Martín (Santa Cruz de Tenerife, 1954) es escritor y periodista, autor de más de cuarenta volúmenes de distintos géneros. Colaborador en múltiples publicaciones españolas y extranjeras, figura en diversas antologías nacionales e internacionales. Fue director del Teatro de Cámara del Círculo de Bellas Artes de Tenerife y del Teatro Experimental Universitario de Canarias. Su teatro se ha representado en Canarias, Venezuela y Argentina. Jefe de Redacción en RNE, ha sido también, entre otros cargos, adjunto a la Jefatura de Programas y coordinador de Programas Especiales, de Radio 3, y ejerció la crítica diaria en su programa Los Libros en Radio 5 Todo Noticias. Ha escrito letras de canciones y para espectáculos musicales, y sus textos figuran en los discos y el repertorio de diversos grupos de pop-rock y la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Como novelista, ha publicado Nacaria (premio Alfonso García-Ramos, 1990), Los trabajos de Esther (1999), La heredad (2001), La noche enterrada (2002), Pleamar (2012), El farallón (2013), La isla anterior (2015) y Absurdos mueren los ángeles (2015). Igualmente, es autor de los libros de relatos Ritos y leyendas guanches, Rastros sobre las olas, La mano entre las líneas, Caja de ecos y La edad de fuego, así como de distintos volúmenes de literatura infantil y juvenil. Su narrativa cuenta con varias ediciones en español, ha sido traducida a diferentes idiomas europeos y se ha publicado también en Latinoamérica. Ha recibido los premios Julio Tovar y Tomás Morales de poesía, Alfonso García-Ramos de novela, Ángel Guimerá de teatro, Caja de Ahorros de Tenerife de cuentos, Atlántico de literatura infantil, Domingo Pérez Minik a la crítica cultural, Acacia Uceta de crítica literaria de la Junta de Castilla-La Mancha y Almendro de las Artes y las Letras por el conjunto de su obra. Asimismo, ha obtenido los premios nacionales de periodismo radiofónico Justicia y Paz y Amigos de la Tierra.

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