Benjamín Prado

Hablar con Benjamín Prado es perderse en un universo paralelo del que una no querría salir por muchas horas, hay tanto y tantos temas de qué hablar. Novela, ensayo, poesía, artículos de prensa y letrista de Joaquín Sabina. El poeta, escritor y periodista madrileño ha venido a Las Palmas de Gran Canaria invitado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento capitalino para ofrecer la conferencia Los poetas que amo sueñan con Bob Dylan (y al revés). Hace apenas un año, en octubre de 2016,  estuvo en Gran Canaria invitado por el Cabildo para debatir sobre la obra de Benito Pérez Galdós del que es especialista. Gran amigo y compañero de Rafael Alberti durante los últimos diez años de su vida, tiene muchas anécdotas que contar de él, al que echa de menos. Ganador de varios premios por su obra poética, sus títulos se han editado en más de veinte países. Muy conocido por ser colaborador del programa de radio La ventana, en la Cadena Ser, de los espacios culturales dirigidos en televisión por Cayetana Guillén Cuervo o de numerosos espacios de debate político y de actualidad en La Sexta. También estuvo en la isla el pasado año presentando durante la XXVIII edición de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria su poemario Ya no es tarde (Visor, 2014). Con muchos seguidores y amigos en la isla, no duda volver las veces que haga falta.

⇒ ¿Qué vincula a Prado con Canarias? Has venido varias veces a nuestra isla, sé que eres un gran especialista y defensor de la obra galdosiana, ¿pero qué otros autores o qué te ata a nuestro archipiélago?  

«Galdós me impuso que escribir consistía “en trasplantar una flor tropical al frío norte»

Galdós, mi héroe del XIX, el que me impuso que escribir consistía «en trasplantar una flor tropical al frío norte», que es algo que nunca olvido. Josefina de la Torre, interesantísima. Alonso Quesada, de todas, todas, y quien me lo descubrió, Andrés Sánchez Robayna, a quien llevo tantos años leyendo con gusto. No faltan en mi biblioteca Manuel Padorno y Luis Feria. Ni, por supuesto, el infatigable Juan Cruz, sobre todo el de La foto de los suecos (Espasa-Calpe, 1998). Y entre los autores visitantes, Carmen Laforet, a quien admiro sin límites, tanto que escribí una biografía sobre ella y es uno de los personajes esenciales de mi novela Mala gente que camina (Alfaguara, 2011). Ella nació en Barcelona, pero luego, pasó toda su infancia y adolescencia en Gran Canaria. Unamuno, por sus días en Fuerteventura, porque estar allí es pisar la luna. Y alguna joven poeta como Silvia Rodríguez. Lo malo de hacer listas no es a la gente que citas, sino a la que en el momento de la respuesta olvidas.

⇒ Regresas a Las Palmas de Gran Canaria para hablar de Bob Dylan, tienes un poema dedicado a él, Mi vida se llama Bob Dylan, en tu poemario Iceberg. ¿Tanta influencia tiene en tu vida, en tu literatura?

Es quien me metió el veneno de la escritura en el cuerpo. Lo escuché cantando Hurricane por la radio y quise ser él, aunque luego he tenido que conformarme con ser yo.

«Dylan ha publicado sus canciones en las editoriales de poesía más prestigiosas de todo el mundo»

⇒ Hay ocasiones que te he oído decir que no podemos vivir sin música. Pero hay mucha gente que sigue defendiendo que Dylan no debió ganar el Nobel de Literatura, y que se haga uno específico para cantautores. ¿Cuál es tu argumento más sólido para defenderlo?

Bueno, igual si lo leen atentamente cambiarán de opinión. Es un poeta con banda, alguien que llamó Rimbaud a su guitarra eléctrica, convirtió a William Blake y al Steinbeck de Las uvas de la ira en puro rocanrol y, en cualquier caso, ha publicado sus canciones en las editoriales de poesía más prestigiosas de todo el mundo, por ejemplo en Visor, aquí en España.

Vila Matas afirma que Dylan es el paradigma del artista moderno. ¿Estás de acuerdo con él?

Absolutamente, por eso lo han llamado tantas veces el Picasso del rocanrol, imagino. Aunque yo añadiría que la modernidad en él sólo es una de las caras de la moneda; la otra, es todo lo que le viene de la tradición, la zona del folk, el blues… Sin eso, no está completo.

⇒ Imposible dejar de hablar de tu vinculación a la música, a ese circuito de rock y las relaciones que has ido acumulando además de Sabina, Calamaro, Christina Rosenvinge, Miguel Ríos, Rubén Pozo, Leiva, Rebeca Jiménez, Coque Malla… Con este último te embarcaste en el  proyecto de Rock & Poetry, ¿Cuál es  la dimensión lírica de las letras de las canciones? 

Si las canciones son buenas, se pueden leer; si lo son los poemas, pueden bailarse. Alberti es pura música. Leonard Cohen es pura poesía.

⇒ Estás promocionando tu último trabajo, y coincide con ese periplo en el planeta Sabina y el libro sobre el disco.  Autor de una significativa obra poética, narrativa, ensayos y aforismos, artículos de prensa… ¿Cómo te las apañas para tener tiempo de todo esto? Porque además colaboras en programas de radio y televisión.

Mis presentadores lo llaman artista multidisciplinar; yo lo llamo pluriempleo, que es más nuestro.

«No me interesa vender autorretratos, sino espejos»

⇒ Tengo muchas frases tuyas guardadas en el cajón, y te preguntaría por todas y cada una de ellas, pero me conformo con algunas. Por ejemplo cuando hablas de literatura dices que esta debe reflejar, más que deslumbrar. Afirmas que una novela o un  libro, no son un manifiesto, pero sí pueden ser una tribuna. Eres un autor muy comprometido, ¿debemos los escritores seguir esa línea, sacrificar fama; no dinero, que ya sabemos que nadie vive de esto, pero sí ese ego de querer ser mejor, más culto y leído que nadie, que por lanzar mensajes que hagan, como dices en otra frase, ¿que la lectura cambie la mirada de quienes te leen?

No me interesa vender autorretratos, sino espejos; para mí, lo importante de un libro no es lo que cuenta acerca de su autor, sino de sus lectores. Y para estar a ras de suelo, hay que saber lo que pasa y lo poco que suele parecerse a lo que dicen que ocurre. Y en cualquier caso, mi maestro fue Rafael Alberti, cómo va uno a escapar de su ejemplo.

⇒ Sé que eres un gran defensor de la gente que escribe en redes sociales. Dices que  hoy en día se lee y escribe aunque sea en 40 caracteres y eso es muy importante. ¿Pero no crees que esta democratización de la literatura ha creado falsos poetas, personas que unen también música y escritura para llenar estadios o dar vueltas a las librerías donde firman de forma casi injusta? 

«lo que importa de un libro no es vender mucho cuando está de moda, sino diez o veinte o treinta años después»

El tiempo pone a cada uno en su sitio, y al tiempo le da igual si lo miden con un reloj de arena o con uno digital. Lorca es igual de bueno leído en un teléfono móvil. Los escritores serios no olvidan que lo que importa de un libro no es vender mucho cuando está de moda, sino diez o veinte o treinta años después. Y claro que hay un filtro, el mejor y el de siempre: los lectores. Ya sabes, se puede engañar a unos cuantos siempre, a todos un rato, pero no a todos siempre.

⇒ Otra de las cosas que me llaman mucho la atención sobre ti, es tu predisposición a hablar de otros autores, de recomendar, de reconocer los logros de otros. ¿No te parece inusual que hagas este trabajo que normalmente hacen críticos, periodistas, gente que no escribe, y no quien como tú debe promocionar sus propias obras? 

Bueno, para mí la literatura es una pasión, y las pasiones están para ser compartidas. Hay tanta gente con tanto talento a la que uno admira que resulta un placer contribuir en la medida que uno pueda a difundir su obra. No soy un crítico, solo alguien que te dice: no te pierdas esto, te va a encantar.

⇒ Esta pregunta es muy larga, viene a colación un poco también por las cosas que se dicen de las relaciones entre escritores. Quienes te seguimos sabemos de tu relación con Alberti, de tu amistad con él. Haruki Murakami en su libro De qué hablo cuando hablo de escribir dice que los escritores no pueden ser amigos de otros escritores. ¿Estás de acuerdo?

No, en absoluto. Si de algo me felicito en esta vida es de los amigos que he ido encontrando en el camino; si de algo me lamento, es de que algunos ya no estén aquí.

⇒ Uno de los autores canarios con gran popularidad, Fernando Delgado acaba de escribir un libro sobre el Nobel Vicente Aleixandre. Habla de su casa, que al parecer está en muy malas condiciones; de la gente del mundo de la cultura que pasaba por allí, por Velintonia. ¿Sigue siendo la cultura una preocupación ínfima para nuestros políticos, que permiten que sucedan cosas como esta, cuándo hay países que veneran a sus autores y sus casas no sólo son museos sino sitios de peregrinaje turístico?

«A nuestros políticos no les interesa por regla general la cultura, están más preocupados de que la gente no sepa que de que aprenda»

A nuestros políticos no les interesa por regla general la cultura, están más preocupados de que la gente no sepa que de que aprenda. Fernando es un tipo estupendo y su libro sobre Aleixandre un testimonio de su relación con él y un acto de gratitud hacia aquel poeta que tan generoso fue con tanta gente en los años más grises de la dictadura.

⇒ Estaría horas hablando contigo, pero ¿qué te queda por escribir? ¿Qué temas quedan en tu tintero y que saldrán de él en qué forma…  poesía, novela, relato, ensayo, canción?

Espero que algunos que nos sorprenda a ti y a mí a la vez: lo divertido no es planear las cosas, es que te sorprendan. Que lo que estás buscando te pille por la espalda. Lo dijo Machado: que el trabajo escriba y la inspiración corrija.


Benjamín Prado (Madrid, 1961) ha publicado las novelas Raro, Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, Dónde crees que vas y quién te crees que eres, Alguien se acerca, No sólo el fuego, La nieve está vacía, Mala gente que camina, Operación Gladio y el libro de relatos Jamás saldré vivo de este mundo. Sus dos últimas obras son la novela Ajuste de cuentas y el conjunto de relatos Qué escondes en la mano, ambas publicadas por Alfaguara en 2013. También es autor de los ensayos Siete maneras de decir manzana, Los nombres de Antígona, A la sombra del ángel (trece años con Alberti) y Romper una canción . Su obra poética está reunida en los volúmenes Ecuador (poesía 1986-2001), Iceberg, Marea humana y Ya no es tarde. Ha escrito también los libros de aforismos Pura lógica, Doble fondo y Más que palabras. En 1995 obtuvo el Premio Hiperión por su poemario Cobijo contra la tormenta, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla por Iceberg (2002), el Premio Andalucía de Novela 1999 por su libro No solo el fuego y el Premio Generación del 27 con el poemario Marea humana. Sus libros han sido traducidos, hasta el momento, en Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Grecia, Dinamarca, Portugal, Croacia, Estonia, Letonia y Hungría, y editados también en Argentina, México, Perú, Cuba, El Salvador y Colombia.

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