Borja Monreal Gainza

Borja Monreal, autor navarro que vive en Canarias desde hace siete años,  ha sido galardonado con  el último Premio Benito Pérez Armas de Novela de la Fundación CajaCanarias por su novela, desarrollada en Angola, El sueño eterno de Kianda (Salto de Página, 2017). El autor presenta estos días su obra en las islas de Tenerife (Espacio Cultural CajaCanarias, martes 12 de septiembre) y Gran Canaria (librería Canaima, jueves 14 de septiembre), un relato que trata de acercar a los lectores a la realidad que se vive en África y en el que el periodista, especializado en este continente, nos cuenta la historia de una refugiada de la guerra, arraigada en Londres desde su niñez, que se ve obligada a regresar a su país natal ante la enfermedad de su madre. El sueño eterno de Kianda es, según el propio autor, «una ambiciosa y documentada novela coral que nos introduce en la historia reciente de Angola mientras nos habla de la necesidad de diálogo intergeneracional y de las dificultades y frustraciones de nuestras aspiraciones utópicas».

⇒ ¿Qué aporta este premio Benito Pérez Armas de novela a tu vida literaria? ¿Te sorprendió? ¿Cómo fue tu reacción al conocer el fallo del jurado?

Cuando lo cuento, nadie se lo cree… Estaba en Malawi, trabajando, y había dedicado la noche a repasar las posibilidades de publicar la novela. Quedé a comer con mi novia y le dije: «No va a haber manera… no voy a conseguir publicarla». Y treinta segundos después recibí una llamada con una voz entrecortada por la línea. Solo alcancé a entender algo del Benito Pérez Armas… Desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas. Repentinamente te expones a la crítica, tanto de profesionales, como de lectores. A través de las redes la gente se comunica contigo… y eso es fantástico, porque consigues un feedback inimaginable antes. Y eso te hace mejorar como escritor.

⇒ Has dicho que estudiaste periodismo para saciar tu «necesidad de contar el mundo».  Es algo con lo que soñamos todos los periodistas y me surgen dos preguntas, ¿lo has conseguido?, ¿crees que ser periodista, tener una preparación académica, facilita el trabajo de escribir? 

Sin duda. ¡He saciado la necesidad de contar mi mundo! Pero el mundo es enorme, y cada día crece a mi alrededor, con lo que la necesidad aumenta con cada día que pasa. Al final, en mis novelas o artículos el objetivo es el mismo: hacer a la gente reflexionar sobre temas complejos a través de la palabra. Y la reflexión no tiene límites. Estudiar periodismo ayuda, claro, para estructurar mejor tus pensamientos. Pero eso no te hace ni periodista ni escritor. Creo que lo que te hace diferente es la mirada con la que observas el mundo. Y tu capacidad para transmitir al otro los sentimientos que esa mirada te provoca. Eso no se consigue estudiando nada.

⇒ Has viajado por todo el continente africano, como afirmas, «en  busca de otras realidades», te has convertido en un especialista, ¿que podrías decirnos diferente a lo que nos llega desde los medios de comunicación?

«la inmensa mayoría de las cosas que pasan en África, y que no se escriben ni retratan en los telediarios, son absolutamente maravillosas»

Hemos aprendido a contarnos la historia en negativo, y mucho más la de África. Sólo destacamos los acontecimientos terribles que suceden y marcan puntos de inflexión en nuestras vidas. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de las cosas que pasan en el día a día, y que no se escriben ni retratan en los telediarios, son absolutamente maravillosas. De la misma manera, África es un océano de belleza, natural y humana, con islas de maldad que copan las noticias. La novela relata este océano alrededor de una de estas islas: la capacidad de superación de las personas, su optimismo incansable, su fuerza por empujar hacia delante, valores que aquí cada vez están más en desuso y que deben volver a estar de moda.

⇒ Para los canarios, el continente vecino es muy especial, ahora que vives aquí, ¿crees que somos más sensibles por nuestra cercanía? 

¡Necesariamente! Canarias es África geográficamente y su población original proviene de África, así que la sensibilidad tiene y debe estar ahí. Aunque creo que debería promoverse una cercanía mayor. Nadie se acuerda ahora de que cuando se debatían las independencias africanas, Canarias siempre estaba en la discusión. Junto a Amílcar Cabral, Agostinho Neto y Kwame Nkrumah siempre aparecía un blanco que representaba a unas islas ligeramente más al norte que Cabo Verde. Y esto, que se ha utilizado siempre políticamente, debería reclamarse cultural y socialmente para acercar más unos lazos que nunca debieron romperse.

«Nadie se acuerda ahora de que cuando se debatían las independencias africanas, Canarias siempre estaba en la discusión»

⇒ ¿Ves alguna similitud de pensamiento o carácter entre el pueblo canario y el africano? 

Canarias está muy cerca de África geográficamente, pero muy lejos en todo lo demás. Creo que las islas son siempre muy diferentes de los continentes. Hay algo propio que no se encuentra tierra adentro.

⇒ ¿Qué tiene Angola que te ha enamorado de esa forma para escribir libros como El sueño eterno de Kianda o el anterior Angola, la intensidad del ser humano

Angola, como todo África, es apasionante. Su historia está en proceso de construcción y reconstrucción y su territorio aún conserva lugares tan recónditos que puedes sentirte como la primera persona que lo pisa. Angola es tan intensa que enamora o espanta. No tiene términos medios: lo bueno es fantástico y lo malo, terrible. Y esos contrastes son para mí atractivos, y para la literatura una fuente permanente de inspiración.

⇒ Nos invitas a viajar con Kianda por las entrañas más sórdidas del poder y de la corrupción, pero a la vez nos cuentas que es un país en plena descolonización en el que podremos descubrir la capacidad de superación de las personas.  En tu blog escribes sobre la construcción social, la necesidad de un mundo mejor, ¿crees que el ser humano está dispuesto a cambiar?

«creo firmemente en la capacidad del ser humano de mejorar, de hacer y generar cosas maravillosas»

El sueño eterno de Kianda es una oda a ese cambio. Es un grito de esperanza y un reclamo al perdón y a la acción. Yo creo firmemente en la capacidad del ser humano de mejorar, de hacer y generar cosas maravillosas, incluso en las circunstancias más adversas y jodidas. Yo mismo he vivido momentos increíbles en situaciones terroríficas. Cada uno puede poner el foco en lo que prefiere destacar, y en función de eso hacerse su visión del mundo.

⇒ El argumento de la novela es el de una joven acomodada que vive en Europa y que la enfermedad de su madre la hace regresar a Angola y reencontrarse con sus raíces y la realidad que no ha querido ver. ¿Crees que existe cierto nihilismo en la gente joven que se enajena de la realidad?

Kianda representa al emigrante de segunda generación, si es que este puede existir. Que no sabe por qué ha huido y que lucha por regenerar una identidad que ha perdido en el camino a una nueva vida. Y para ello abraza una realidad nihilista en busca de una integración en una sociedad que la reconoce como extranjera. Creo que es una historia en la que todos nos podemos reconocer un poco. Todos nos perdemos en nuestra banalidad e intentamos rehacernos frente a los otros reinventándonos en el consumismo y la superficialidad. Pero el caso del emigrado es diferente: lo hace por la necesidad de ser aceptado en un lugar en el que su presencia es, de inicio, rechazada. E intenta, por un lado, reforzar su pertenencia al grupo que le acoge y, por el otro, volver a sus orígenes y reforzar una identidad que desconoce.

⇒ Has elegido como personaje principal a una mujer, y una mujer que, a pesar estar muy europeizada, sin embargo regresa cuando su madre enferma. ¿Crees que un hombre haría lo mismo? No solo te hablo desde ese mito de que la mujer africana vive sometida a padres, hermanos y maridos, ¿no crees que pasaría igual a cualquier mujer, de cualquier país del mundo? 

«Los roles de género están todavía tremendamente arraigados en nuestro imaginario. La única forma de frenarlo es ser conscientes de que somos, como sociedad, estructuralmente machistas»

Los dos personajes centrales de la novela son mujeres, Kianda y Nzinga. No es ninguna casualidad, es una elección completamente consciente. La mujer en África, como en la mayoría del mundo, ha llevado a sus espaldas el peso de la familia. A veces en la sombra y otras de forma más visible. Curiosamente, en la novela, Nzinga, su madre, toma la decisión de volver porque cree que es lo mejor para su hija, no lo mejor para ella. Pero, respondiendo a tu pregunta, probablemente no, en África el cuidado de la familia es una responsabilidad vinculada a la mujer. Y también lo es en España, de manera más encubierta quizás. Pero no por ello menos real. Los roles de género están todavía tremendamente arraigados en nuestro imaginario y en base a él actuamos en nuestro día a día. Si un hombre decide no cuidar a su madre e ingresarla en una residencia, lo aceptamos. Si lo hace una mujer nos cuestionaremos las razones que la han llevado a hacerlo. Y como con esto, con casi todo. La única forma de frenarlo es ser conscientes de que somos, como sociedad, estructuralmente machistas.

⇒ ¿Puede esta novela despertar la conciencia de quienes aún no se han planteado que es posible vivir de otra forma? 

No creo que una novela pueda provocar un cambio tan profundo. Pero puede contribuir a ello. Que alguien te dedique quince horas para leerte es una responsabilidad a la que debes responder con algo más que entretenimiento. Yo escribo para transmitir un mensaje, lo tengo claro. La novela para mí es un medio más para la transformación social. Y ser escritor es un compromiso con ese cambio, como también lo es mi trabajo como profesional de la cooperación al desarrollo.

«No creo que una novela pueda despertar conciencias. Pero puede contribuir a ello»

⇒ Estás presentando la novela como quien dice en casa, ¿qué expectativas tienes con ella? ¿Tienes previsto promocionarla por la Península?

Tener la oportunidad de presentar en Tenerife y en Gran Canaria, junto a Ángeles Jurado, es un lujo. Desde hace más de siete años que tengo base en Gran Canaria y me siento como en casa. Así que presentar aquí es estar en familia, y el objetivo es disfrutar de la conversación con ella y con los lectores. Intentar contagiarles del entusiasmo que derroché escribiendo la novela para que ellos también se apasionen por los temas que en ella trato. Y de aquí a Bilbao, San Sebastián, Madrid, Barcelona… El sueño eterno de Kianda  recorrerá media España.

⇒ ¿Seguirás escribiendo sobre este continente?

Quiera o no quiera, África está completamente dentro de mí. Llevo diez años completamente inmerso en el continente. Así que, escriba o no escriba más sobre África, todo lo que narre estará siempre influenciado por mi experiencia en los diferentes países en los que he vivido y trabajado.


Borja Monreal Gainza (Estella, Navarra, 1984), criado en Logroño, se trasladó a los 18 años a vivir a Madrid donde estudió periodismo. Desde entonces ha vivido en Angola y viajado por todo el continente africano. Actualmente vive en Gran Canaria, pero sigue viajando al continente. Ha trabajado de analista de mercados, de delegado de una empresa multinacional y de una ONG para acabar consolidando su carrera en el mundo de la cooperación. Tiene un master en Relaciones Internacionales, un MBA y otro en políticas industriales en países en desarrollo. Ha escrito los libros Un país que se apaga: la República Democrática del Congo en busca de futuro; Cómo me convertí en un muerto; Angola, la intensidad de SER humano, con el que obtuvo el Premio Francisco Yndurain de las Letras de la Asociación Bilaketa en 2012; y El sueño eterno de Kianda, Premio Benito Pérez Armas de Novela 2016.

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