Nicolás Fernández Hernández: «Escribir es un compromiso conmigo y con el otro»

Nicolás Fernández Hernández

Entrevista exprés

Nicolás empezó a escribir poesías desde niño. «Antes de conocer siquiera el alfabeto ya  recitaba de memoria los versos que escuchaba a mi familia. De la poesía popular y oral pronto pasé a leer a Lorca, a Alberti y, sobre todo, a Bécquer en ediciones adaptadas para mi edad. Durante la adolescencia, descubrí en bachillerato a muchos de los poetas clásicos. Mientras, continuaba escribiendo, aunque nunca me atrevía a compartir mis creaciones», revela. En la universidad, varios profesores le alentaron a publicar en revistas literarias «aquellos poemas kavafianos que, salvando las distancias, pretendían ser un canto a la juventud y al placer de los sentidos». Luego vinieron algunos premios y el reconocimiento más allá de amigos y maestros: «La poesía progresivamente iba ganando presencia hasta convertirse en un propósito esencial», señala. Con la madurez, añade, «llegó la aceptación de que escribir ya no podía ser una afición o un sueño, sino un compromiso conmigo y con el otro, una manera de estar y de ser en el mundo. «Cuando escribo abro las ventanas, dejo que el aire entre y desordene mi casa. Soy un jeroglífico que nadie tiene tiempo de leer, ese nadie puedo ser yo mismo, dispuesto sin embargo hoy a resolverme. Y  así continúo hasta hoy esperando el poema… donde sea posible gravitar, entre la eterna consciencia de las cosas y la pobre materia que me habita. Y como nunca se acaba una obra del todo, prosigo escribiendo. No ceso en el empeño de descifrarme a través de lo que nombro, de encontrar en las voces de otros poetas la mía propia, ni de jugar con mis silencios». 

Tres claves de tu último trabajo

En mi último poemario, Tras pasar el bosque (Centro Canario de Estudios Caribeños, 2017), se traza un camino de vuelta hacia la infancia. El punto de salida de este viaje son los cuentos maravillosos tradicionales, muy especialmente el de Hansel y Gretel, que inspira varios poemas relacionados con el abandono y la autonomía. El libro, dividido estructuralmente en tres partes, continúa su recorrido hacia una nueva sección titulada Las pisadas del tiempo, en donde los protagonistas, perdidos en el bosque de los años, se debaten entre las ansias de volver a casa o de seguir avanzando hacia la incertidumbre. La melancolía y la pérdida de la inocencia completan este apartado. El camino acaba, como no podía ser de otro modo, con la llegada al punto de origen. Solo que a este periplo, forzoso y necesario, se arriba transformado y repleto de tesoros. Tres claves presentes en el libro: desmitificar la infancia, recuperar el mundo instintivo y atravesar el tiempo.

¿Qué autor o autora te inspira?

Hay tantos… Aunque siempre me sorprende Angélica Liddell y su capacidad creativa sin límites. Me gustan la visceralidad lúcida de sus propuestas y cómo la vida se pone al servicio de su obra hasta confundirse con ella. Entre los clásicos siempre acabo volviendo a Gil de Biedma.

Un poema, una novela, un cuento

— Un poema: Oración por mis padres de Jesús Aguado.

— Una novela: Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

— Un cuento: el que me cautivó en la infancia, El príncipe feliz, de Óscar Wilde.

Una obra de teatro, un guion cinematográfico

— Una obra de teatro: de sopetón: Los ciegos, de Maeterlinck.

— Un guion: Martín (Hache), de Adolfo Aristaráin y Kathy Saavedra.

Proyectos

Mi participación en el ciclo del CAAM Leer la colección ha despertado mi curiosidad por investigar la relación entre mis poemas y lo performativo. Así que lo próximo será la revisión de una serie de escritos colectivos creados a partir de sesiones de movimiento corporal. Además, continúo escribiendo en mi intimidad, estoy en esa fase de exploración de nuevos temas y formas; descubriendo lo que probablemente acabe convirtiéndose en mi próximo poemario.

¿Qué personaje de DRAGARIA serías?

El amigo imaginario que inventara algún niño o la musa dadivosa con la que sueña el poeta.


'Tras pasar el bosque', de Nicolás Fernández Hernández
Portada de ‘Tras pasar el bosque’, de Nicolás Fernández Hernández.

Nicolás Fernández Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1975) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Profesor de Enseñanza Secundaria, trabajó también como docente en la Escuela de actores de Canarias, época en la que colaboró como dramaturgo con la compañía teatral 2RC. En el año 2000 gana el Primer Premio de Poesía Bastón Blanco con el poemario Osad decir mi nombre, al que se suman otros galardones de creación joven: Librada Alvarado, con La presente huida, y el XI Certamen de Poesía Puerto de la Cruz, con Del amor y otras ficciones. En 2012, su trabajo Los días cifrados resulta finalista de la primera edición del Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro. Ha publicado algunos de sus poemas en diversas revistas literarias: La Plazuela de las Letras, Al Harafish y Calibán, entre otras. En 2013, publica una edición limitada de La palabra en la sombra, obra poética resultante de una experiencia multidisciplinar llevada a cabo en la sala de creación artística Fluxart a partir de sus versos.

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