Juvenal Machín: «Soy el que observa al que observa»

Juvenal Machín

Entrevista exprés

Podría decirse que Juvenal es un ingeniero de letras o bien un humanista de ciencias. Según él mismo nos cuenta, sus pasatiempos favoritos fueron desde pequeño la lectura y la observación y comprensión del mundo, siempre acompañado de un profundo impulso creativo. Como científico se declara ferviente devoto de la «ciencia como herramienta de mejoramiento del ser humano». Quienes le conocen aseguran que está dotado de una curiosidad y creatividad inagotables, rasgos que ha manifestado también en otros campos como la música. Pero en la poesía encuentra «el ritmo creativo» que otras disciplinas no le ofrecen. La palabra poeta le da mucho respeto y se considera a sí mismo «un simple escribidor». No le gustan demasiado los focos y prefiere que hablen las letras. Acaba de publicar su segundo poemario, El juego de los peces (Ediciones La Palma, colección Ministerio del aire, 2017).

Tres claves de tu último trabajo

Piedra, papel, tijera. En serio. ¿Juegas?

¿Qué autor o autora te inspira?

¡Ay, son tantos! y ninguno en concreto. Ni siquiera puedo pensar en una única disciplina. Sería ingenuo creer que las artes, la ciencia son compartimentos estancos. Mi campo creativo está instalado ahí, entre esos vasos comunicantes; me inspiro y bebo también de la ciencia, de la música, del cine, etc. y de la dialéctica que se establece entre todo esas fuerzas creativas. De alguna forma, soy el que observa al que observa. Pero a mí no me inspiran los autores, sino sus obras. Y más que obras, me inspiran los actos: la sonrisa que se regala, la piel que se estremece, la nube que se pasea por la sonrisa que se regala por la piel que… ya sabes.

Un poema, una novela, un cuento

— Un poema: pues no puedo decir uno. Pero puedo dar un sistema de coordenadas (en cuatro dimensiones): La calle destruida, de Pablo Neruda, porque casi lo puedo recitar de memoria. Y porque tiene olas de rosas rotas y guitarras azules que caen hasta morir. Altazor, de Vicente Huidobro, porque resulta imposible quedar incólume a su lectura. Intersecciones, de Susanna Rafart, porque me desnuda y eso me basta. Primera luz, este es mío. Solo lo pongo porque con él se abre el libro que acabo de publicar.

— Una novela: Rayuela, de Julio Cortázar. Si hay que ser absolutamente modernos, esta es una buena forma de mantener la proa en su sitio, sea el que sea. Yo diría que no ha perdido ni un ápice de frescura desde la última vez que la leí.

— Un cuento: El jardín de los senderos que se bifurcan, de Borges. En general, cualquiera de Borges. Y Rulfo.

Una obra de teatro, un guión cinematográfico

— Una obra de teatro: en este punto me decanto con convicción por el Pleno del Congreso de los Diputados. Creo que tiene elementos de todos los  géneros teatrales conocidos: comedia, tragedia, farsa, vodevil… Es genial.

— Un guión: me vienen a la mente varios guiones magistrales: Blade Runner, El padrino, Pulp Fiction, Casablanca… pero me voy a quedar con Léolo, de Jean-Claude Lauzon, porque todavía no se me ha ido del corazón. Contiene muchas claves que me interesan y me conmueven: la mirada del niño, la redención en la lectura, el abismo de la locura… Me parece emocionante transitar por esos pasadizos de espejos que conducen desde el propio Lauzon, guionista y director de la película, al personaje protagonista de la historia, el niño Léo Lauzon, para culminar en su alter-ego Leolo Lozone. Y luego emprender el viaje de vuelta mientras esos límites se difuminan —«Porque sueño, no lo estoy»—, donde el que lee se convierte en leído, en una proyección de sí mismo. Es una historia dotada de un lirismo extraordinario, bellísima, pero terrible a la vez. Como la misma vida. Creo que fue el segundo largometraje de Lauzon y el último, porque murió en un accidente de avión. Una pena.

Proyectos

Acabo de publicar El juego de los peces y estoy justo ahora en ese momento ilusionante del postparto. En diferido, eso sí. Aparte de esto, tengo otro poemario más al horno y un proyecto de investigación científica. Y música, siempre hay música. De una forma o de otra, no sería capaz de vivir sin crear.

¿Qué personaje de DRAGARIA serías?

Sería Nikola Tesla en el país de las maravillas persiguiendo al conejo blanco con una Stratocaster. Con perdón.


'El juego de los peces', de Juvenal Machín
Portada de ‘El juego de los peces’, de Juvenal Machín.

Juvenal Machín Casañas (Santa Cruz de La Palma, 1971) estudió Ingeniería en Informática y se especializó en Seguridad de la Información. Poeta y músico, ha obtenido el Premio Domingo Acosta Pérez de poesía (2015). Ha publicado los libros Cartas a una señora de bien (Nace, 2014) y El juego de los peces (Ediciones La Palma, 2017). Ha participado en diversas publicaciones y obras colectivas. Algunos de sus poemas se han traducido al inglés, al holandés y al rumano. Mantiene el blog El Alma de las Hormigas, donde a veces desliza un poema, un acertijo o una reflexión. (Blog).

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