Rodrigo García Marina: «¿Proyectos? Comprarme un hurón»

Rodrigo García Marina

Entrevista exprés

Estudiante de Medicina, en su corta carrera literaria atesora ya varios premios. No considera que tenga seguidores, «sí algún pequeño corrillo de lectores». «Cuando nadie conocía mi nombre también escribía. Esto es sumamente importante, pues no necesito de un público para existir como poeta», afirma. Músico y trotamundos, le otorga un gran valor a la integridad personal como base de una carrera: «Cuando estudias en tres institutos distintos, vas a una facultad de ciencias, terminas un conservatorio, participas en tres orquestas y tienes la suerte de haber viajado, terminas conociendo a mucha gente diversa. Si tratas de ser honesto con esas personas (obviamente no siempre se consigue), terminas ganándote su aprecio y su interés.»

Tres claves de tu último trabajo

Estoy trabajando en un poemario que critica los ejes estéticos. Quiero ser internista, y el espíritu del internista se sustenta en cuestionarse siempre lo que ves en el cuerpo del otro. Es una visión que resulta molesta, especialmente a las personas con las cosas muy claras, ejemplo los moralistas muy moralistas y/o los grandes hipócritas. Las claves de este trabajo son por lo tanto producir una concatenación de leit motif o ideas poéticas, alimentar lo absurdo para demostrar que la vida no tiene mucho sentido y que tampoco es necesario que lo tenga; ¡ni que fuera un vector!, los sentidos son para cosas más sencillas como las fuerzas y esas nimiedades de mecánica básica pero desde luego que no para la condición humana, y bueno, volver a lo elemental con el fin de cuestionarlo: retornar al fonema.

¿Qué autor o autora te inspira?

Siempre me pareció una pregunta interesante pero tramposa. En los últimos tiempos muchos poetas citan a otros poetas jóvenes para darlos a conocer; me parece una gran idea pero, en última instancia, insuficiente. Lo cierto es que la inspiración no la encuentro exclusivamente en autores, de hecho la autoría me resulta secundaria; está por ejemplo en el comportamiento de tus insoportables compañeros de trabajo, en las bacterias y los virus, en el sexo, en los libros de medicina, en la poesía como tal, claro… El problema radica cuando la pregunta esconde tras de sí la idea, que por cierto apesta, de si te pareces más a papá o a mamá. Por ejemplo, el trabajo de Paul Klee me inspira y yo ni pinto cuadros, ni escribo poemas que tengan que ver con sus cuadros. Un poeta que admiro profundamente es Paul Celan, por hacer del terror y la pérdida identitaria un mundo ininteligible, siendo el lector un simple admirador de algo que no puede llegar a comprender en su totalidad. Mis autores preferidos son Herta Müller, es una pensadora inigualable, y Milan Kundera. De haber sido otra persona, sin dudarlo, hubiera querido nacer en la cabeza de Hannah Arendt. Me gusta la fotografía de Francesca Woodman, aunque sea un topicazo la obra de Robert Mapplethorpe y el trabajo inédito de mi amigo Lucas Sierra. Me siento muy cómodo leyendo a Nietzsche e insultando la herencia dogmática socrática, o en su defecto, a los viejos con bolígrafo y con una de esas armas de destrucción intelectual masiva llamada: columna semanal. Sobre música no voy a escribir porque entonces no termino la entrevista y me parecería un gesto de muy mal gusto. Gente joven actual haciendo cosas interesantes: la fotografía y poesía de Gala Hernández (una destacada agudeza intelectual y visual), el libro de Adán o nada de Angelo Néstore me resulta muy inspirador, el estilo personal y único de Patricia Úbeda, un libro inédito que espero que se publique ya de Carlos Catena Cózar y,  por último, la concepción estética de Berta García Faet, la cual considero brillante. También me inspira el Lenhinger —mis amigos de la facultad me matarán por esto—. Principios de bioquímica, las bacterias me resultan simpáticas y poderosas por lo que disfruto mucho leyendo sobre ellas, Tarantino, Lars von Trier, la historiografía familiar, Roberto Maján, los vídeos de soyunapringada, los vídeos de Ter y los papers en los que participa mi supervisor y mi profesor aquí en Heidelberg.

Un poema, una novela, un cuento

— Un poema: La bestia del corazón, Herta Müller. Realmente es una novela pero puede ser entendido como un poema por la infinita belleza con la que se honra a los vapuleados por el totalitarismo. Un poemario convencional mencionaría Trilce. Aunque pensándolo bien ¡no tiene nada de convencional!.

— Una novela: Confesiones de una máscara, Mishima.

— Un cuento: El resultado, Luis Magrinyà. ¡Qué cosa tan retorcida!

Una obra de teatro, un guión cinematográfico

— Una obra de teatro: Jardiel Poncela me parece tronchante, especialmente Angelina o el honor de un Brigadier. Si mi vida pudiera ser representada sería el drama perfecto también. Pero creo que resulta un proyecto ambicioso y no tengo ni tiempo, ni presupuesto.

— Un guión: Agosto, de John Wells, que no tuvo la recepción merecida y en Filmaffinity tiene una votación bajísima, aunque claro, Filmaffinity es el mayor LOL de la historia después del twitter de Taylor Swift.

Proyectos

Un proyecto bastante interesante que quiero llevar a cabo en un período de corto-medio plazo es comprarme un hurón, llamarle Señor Mozart, enseñarle a apreciar la música de Mozart (obviamente) y a morder a la gente que me cae mal, entre los que están los viejos con bolígrafo y los heterosexuales que no son homófobos pero… ejemplo conmigo que no se cambien en el vestuario que me siento observado y objeto de deseo, hahaha quién enseñó a pensar a esta gente ¡que lo cuelguen, por La Virgen! También me gustaría aprender a coser calcetines, porque todo hurón que se preste debe llevar calcetines para estar por casa. Otro proyecto muy complejo que no sé cómo va a salir es encontrar un piso-habitación a precio razonable. En lo que se refiere a literatura voy a participar en un recital de poesía pero no puedo decir más porque, por lo visto lo escuchado y lo advertido, es sorpresa. Estoy pendiente del fallo de un premio y pensando si mandar cosas a otros concursos.

¿Qué personaje de DRAGARIA serías?

Es obvio, sería James Franco. Primero: porque quién no quiere ser JAMES FRANCO. Segundo: para poder así enamorarme de mí mismo y reproducir la historia de Narciso pero en San Francisco y con la idiosincracia del siglo XXI (me refiero, sería instagramer y subiría nudes, como ahora, pero con un éxito estrepitoso). Acabaría corrompido por la fama y la droga, sin poder reconocerme en el espejo, tomando pastillas para dormir como hacen todos los artistas de Hollywood y de Wollywood también, y terminaría huyendo a L.A. para vivir en la marginalidad absoluta siendo un kinky. O comiendo una pizza, aún no lo he decidido. En cualquier caso se encargarían de mi vida en Dragaria por medio de una dirección compartida entre Tarantino y Almodóvar, (este último para darle un toque como de la tierra). Tercero: creo que saldría una película divertidísima.


'La caricia de las amapolas', de Rodrigo García Marina
Portada de ‘La caricia de las amapolas’, de Rodrigo García Marina.

Rodrigo García Marina (Madrid, 1996) ha vivido casi toda su vida en Gran Canaria, donde estudió viola en el Conservatorio Profesional de Música de su capital. Ha publicado La caricia de las amapolas, obra con la que ganó el premio Saulo Torón 2015. También ha publicado el cuento Delirium tremens, con el que obtuvo el segundo premio en el VI concurso de relato corto de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). En su día, como estudiante de primaria e instituto, se clasificó en certámenes infantiles y juveniles. Trabajó en la sección de poesía de la revista tinerfeña The Cultural durante dos años. Cursa Medicina en la ULPGC, y actualmente trabaja con una beca en un laboratorio en la Universidad de Heidelberg, Alemania.

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