Jose Carlos Cataño
José Carlos Cataño (Foto: Iván Pagant).

Sumergirse en la lectura de La vida figurada (2008-2009) (Biblioteca de la Memoria, Editorial Renacimiento, 2017) supone adentrarse en la lírica del desarraigo. José Carlos Cataño es ese cauce —ora río, ora barranco— que transita por el tiempo dejando a la vista cada ribera, cada corriente, cada brote de espuma, cada desnivel, cada recodo de su itinerario. No es la del poeta una transparencia nítida como de arroyo, es más bien una transparencia sentida, descifrada, interiorizada. El tipo de transparencia que define al poeta. Cataño nos conduce en este diario por un trayecto que ocupa dos años de su vida, con una maestría literaria que nos acerca al hombre, al hombre al que le han arrebatado sus raíces y, al que sin embargo le resulta imposible deshacerse de ellas. De ese exilio imperfecto hablamos, y de naturaleza, crepúsculos, libros, viajes, política, nacionalismos, filias y fobias… Hablamos, en definitiva, de todo aquello que deja traslucir ese caudal de confesiones que es La vida figurada.

⇒ Al terminar el libro, uno tiene la impresión de que sus ojos quedan heridos de crepúsculo. El crepúsculo es una constante en el texto. Crepúsculos atlánticos, mediterráneos, nórdicos, tropicales…¿Qué papel juegan los crepúsculos en tus diarios? ¿Son un refugio? ¿Un elemento inspirador? ¿El diorama sobre el que trazas tus pensamientos? ¿Son muchos crepúsculos o es, en realidad, un único crepúsculo recurrente, transversal, fragmentado en múltiples crepúsculos?

Gombrowicz, un escritor que fue muy importante en mis comienzos, detestaba los crepúsculos, como otros detestan el relato de los sueños. Pero Gombrowizc también arremetía contra los poetas, y no le faltaban motivos, todavía hoy, a la vista de una poesía como forma de ascenso espiritual, con oficiantes y monaguillos dogmáticos que emulan las directrices de unos mafiosos. El crepúsculo, el oriental, nunca el chirriante de poniente, es un momento en que parece que las cosas se quedan en suspenso, a la espera de la palabra. Ni es la noche ni es el día. Es uno de los espacios de la escritura diarística.

«cuando yo empecé, también estaban mal visto los elementos naturales. Parecía que solo cabía hablar de semáforos»

⇒ Buena parte de las reflexiones que viertes en el libro se expresan a través de elementos naturales: nubes, aves, hojas y ramas, rocas y mareas, plantas, brisas, vientos… Resulta inevitable devolverte una de las preguntas que tú mismo dejas flotando, en actitud deliberadamente retórica, en sus páginas: «¿Será verdad que solo escribo de árboles y de pájaros, de matices del cielo y del aire?».

El entrecomillado se refiere a un poeta y diarista que recibió esa acusación, que a mí me parece fuera de lugar. Nací y me crié junto a un barranco y enfrente a una colina. Así como la mención del yo estaba mal visto en una poesía que se llamaba moderna, cuando yo empecé, también estaban mal visto los elementos naturales. Parecía que solo cabía hablar de semáforos. Miro a lo que me rodea como una totalidad y en la que esos elementos pueden ser expresión de la belleza, del temor, del gran silencio que habría que mantener ante el mundo.

⇒ Además del crepúsculo, hay otras constantes en este libro. Un bucle ininterrumpido, por ejemplo, de regresos y de partidas. De adioses y de reencuentros. Pero hay algo de ti, mucho de ti, en cada destino. Eres viajero y costa a un tiempo, como si partieras y regresaras constantemente de y hacia ti mismo.

Para mí hay una partida determinante. Figura en en primer volumen de Los que cruzan el mar, el que da nombre a la totalidad de mis diarios. Me refiero a aquella aurora en la que, dormido y a oscuras, me dirigía al aeropuerto para dejar la isla por lo que iba a ser un tiempo más o menos limitado. Mucho después observé que ya con anterioridad había habido un movimiento idéntico: aquella mañana en la que dejé atrás, sin mirar, mi casa natal y cuando regresé ya no existía. Mis padres me enviaron de excursión para evitarme el dolor de su derribo. Yo no he vuelto a tener una casa propia desde que dejé la isla. Con el primer regreso, o con el segundo, me di cuenta de que ya había iniciado una travesía, en la que continúo, en la que eres parte de la marea. Siempre con ganas de volver, aunque cada vez más indiferente a lo que encuentro ajeno y desconocido.

«a mí me han dado duro por disentir, por señalar los pies de barro en zapatillas»

⇒ Llegados a este punto, ¿cuánto hay de vida y cuánto de figurado en el libro?

La vida es la masa con la que se levanta un libro. No puedo deja de ser autobiográfico. Cuando escribí Madame y De tu boca a los cielos no dejaba de ser autobiográfico, extremadamente autobiográfico, pero ambas novelas tenía un afán simbólico que en los diarios ya no tiene sentido. Escribo sobre mí, sobre lo que soy en un momento. También me defiendo de todas las inclemencias, que en mi vida han sido unas cuantas. Un diario es, en mi caso, el instante en que te dices:  Ahora me toca a mí, esta es mi casa, mi tiempo y mi lugar, mi escritura. Alguien me reprochaba no hace mucho que no hablara de las personas que tengo al lado. También hay quien me reprocha que me ocupe de algunos mamarrachos conspicuos. En un diario se da también el pudor y también la gratuidad, el porque sí de caricaturizar a los despreciables. Tiene eso un punto de diversión. Me dicen: Pero por qué pierdes el tiempo refiriéndote a fulano. Es que me divierte volver a verlo en batín y zapatillas y, agenda en mano, preparando su triunfo. Es un punto de desobediencia, de romper con el pensamiento educado, los modales hipócritas. Lo que uno ha tenido que oír de ciertos intocables…, pero quien así se expresaba enseguida retoma en público, o por escrito, el tono mesurado, correcto, no vaya a sufrir represalias. Y a mí me han dado duro por disentir, por señalar los pies de barro en zapatillas.

⇒ En la obra se respira melancolía y desengaño. Durante su lectura, uno no puede evitar conectarse con referencias tan carismáticas como El extranjero o La náusea. Y si El extranjero era para Camus la profecía del ser despersonalizado, el augurio descarnado de esta nueva era, en tu caso viene a ser casi la confirmación de ese presagio, el hombre que se desmarca de una sociedad volátil, plástica, enferma. Y de ahí, la náusea… Extranjero, además, por esa condición de nómada existencial a la que antes hacíamos referencia. ¿Te reconoces en esos parámetros?

El extranjero y La náusea fueron de los primeros libros que leí, y en los que me reconocí —es cuando uno dice: eso es lo que yo quiero ser—. Luego ya lees las palabras mayores de Pessoa, el desastre de Malcolm Lowry y la inmolación de Rilke, y para qué seguir. ¿Con literatura como entretenimiento? Vuelvo a la niñez, que tantas cosas deja escritas. En la niñez me echaban de casa por las tardes a pleno sol para que me socializara. En la niñez, era yo quien echaba a los amigos para quedarme a solas subido a un níspero en la huerta desde el que divisaba el mar, el horizonte y el mar. A veces creo que soy un misántropo también en eso imperfecto.

«En el diario todo debe de ocurrir no porque lo traigas escrito, sino porque irrumpe lo inesperado»

⇒ Prosa poética, relato, aforismo, ensayo… El libro es una ecosistema de formatos integrados. ¿Te ofrecen los diarios una libertad formal que no te ofrecen otros géneros?

Muchas veces el diario se comporta como el terreno sobre el que extender un poema en prosa, o unas de esas digresiones de las que es tan amiga la literatura inglesa. En el diario todo debe de ocurrir no porque lo traigas escrito, sino porque irrumpe lo inesperado: una observación banal, un recuerdo, un propósito. Cuando estás escribiendo es cuando observas que eso pueda dar lugar a un ensayo, eso otro a un poema, aquello de más allá a un libro de caricaturas de tortolines literarios.

⇒ Frente a esa literatura plana, excesivamente guionizada, cronológica, que sublima la trama en detrimento del lenguaje y la reflexión, tu verbo emerge como un oasis poliédrico, una literatura elevada y rica en imágenes, reflexiva, reposada. Eso, y tu profundo amor por los libros, hacen inevitable la pregunta: ¿Cómo ves la deriva literaria a escala nacional, y en Canarias de modo particular?

Aquí tendría que ponerme como esos que se suben al púlpito para reprendernos y a los que critico: yo —y los amigos que me sostienen por el sistema de los favores comunicantes— o el desastre. Hay una tropa que cuanto más analfabeta es más triunfa y otra tropa que los critica, buscando el mismo éxito. Yo voy por otro lado.

«Yo he padecido un nacionalismo literario excluyente, lo mismo que la ignorancia prepotente española»

⇒ ¿Te consideras una voz atlántica, mediterránea, un compendio de ambas o nada que ver?

Soy de la opinión de que el mar es el mismo en todas partes. Como los celajes de las nubes, como las colinas… Pero eso no deja de ser, aunque cierta, una afirmación retórica. El azulmarino del cielo que yo he visto en La Laguna o en Las Palmas rara vez lo veo en Barcelona. Y las tardes otoñales de Barcelona tienen una tonalidad de plata que no he visto en ningún otro lugar.  Y, sin embargo, al norte de Martinica me he sentido como en Taganana o en el Sinaí como en el sur canario. Supongo que el buen lector podrá tener la impresión de que soy esto o aquello, o ambas cosas. A mí me corresponde desplegar mi mundo, que es universalidad, carencia, aventura a ciegas, y encuentros que dan sentido a tu soledad.

«no nos hagamos ilusiones: la próxima vez también habría una multitud de cretinos de la que deshacerse»

⇒ En el libro incides en ese desencuentro que mantienes con el nacionalismo catalán. ¿Es una postura ideológica frente a cualquier tipo de nacionalismo o es solo frente a la forma en que se conduce el nacionalismo dominante en Cataluña?

Yo he padecido un nacionalismo literario excluyente, lo mismo que la ignorancia prepotente española. Soy escritor canario de expresión castellana, y no me hace falta proclamarlo. Lo he he dicho otras veces: Barcelona me ha enseñado a ser extranjero y con eso tengo bastante. Las guerras de identidad son una pérdida de tiempo, y, sin embargo, llevo envuelto en ese ambiente unos cuarenta años. Si hubiera nacido en Cataluña supongo que sería independentista o directamente catalán, sin más atribuciones. Tendría definida mi lengua, mi territorio literario, un ambiente incuestionable y sosegador. No es el caso. Y me aburre, con la cantidad de cosas importantes de las que ocuparse. Ello no me ha impedido participar en el referéndum del 1 de octubre a favor de la independencia. Cataluña tiene una historia y una cultura propias. Ya es hora de que dirija su propio destino, pero desde la base, no por  las apetencias económicas de su clase dirigente acostumbrada a todo tipo de trampas y engaños.

⇒ Si en algún momento abandonas el lirismo, el tono pausado y la evocación para echar mano de la palabra desnuda, afilada, directa, es cuando abordas tus fobias personales, ya sean literarias, periodísticas, políticas e incluso religiosas. ¿Es en ese cuerpo a cuerpo cuando la vida deja de ser figurada?

Desde luego que sí. Si de algún modo lo de figurado debe de entenderse como la vida que a uno le hubiera gustado vivir, lo que es una quimera y ganas de perder el tiempo, en esa otra vida posible no habría los mamarrachos a los que uno, por inocencia o torpeza, se ha acercado. Pero no nos hagamos ilusiones: la próxima vez también habría una multitud de cretinos de la que deshacerse, un espíritu de época contra el que revolverse. La escritura siempre da fe de esa disidencia, de ese apartamiento.


José Carlos Cataño (La Laguna, Islas Canarias, 30 de agosto de 1954) es poeta, narrador y ensayista. En 1977 se convierte al judaísmo ante un tribunal rabínico en Marruecos. Desde esta posición ha escrito en prensa denuncias sobre el antisemitismo español y ha emprendido proyectos sobre los judíos en África, Canarias y Barcelona. Su adscripción a un judaísmo diaspórico y reformista, le llevó a escribir una de las pocas novelas en castellano, a excepción de Juanita Narboni de Ángel Vázquez, que recoge la jaquetía de los judíos del norte de Marruecos y el ladino balcánico y turco: De tu boca a los cielos. Colaborador en publicaciones internacionales como Fisura (Nueva York), Fractal (México), Letras Libres (México), Noaj (Jerusalén) y Vuelta (México), ha ofrecido conferencias y lecturas poéticas en Siracusa (Sicilia), Jerusalén, Montevideo, Museo de la Casa del Poeta Ramón López Velarde de México, D. F., VI Festival Internacional de Poesía de El Salvador, Lyon (Francia), Internacional Festival of Poetry Smederevo’s Poet Autumn (Serbia), Ex Border. Festa della Cultura, Gorizia (Friul), Nueva York (Instituto Cervantes [1], Hofstra University [2], Cornelia Street Café), I Encontro Internacional de Poesia: “A Condição de Ilhéu”, Ponta Delgada, Ilha de São Miguel, Azores. Ha celebrado diversas exposiciones individuales de dibujos. Sus fotocollages han sido exhibidos en Espai d’Art Puntoaparte, Barcelona, 2013, Tenerife Espacio de las Artes (TEA), Santa Cruz de Tenerife, 2015, y S/t Espacio Cultural, 2016, Las Palmas de Gran Canaria. Su obra ha sido estudiada, entre otros libros, en Littératures espagnoles contemporaines, G. de Cortanze (Université de Bruxelles, Bruselas, 1985), Poesía española (Siglo XX), J. Marco (Edhasa, Barcelona, 1986), Cent ans de littérature espagnole, G. de Cortanze (Editions de la Différence, París, 1989), Lectura de poesía canaria contemporánea, J. Rodríguez Padrón (Colección Clavijo y Fajardo, Islas Canarias, 1991), Antología europea, F. Doplicher (Editore Avezzano, Roma, 1991), Historia crítica de la literatura española, F. Rico edt. (Editorial Crítica, Barcelona, 1992, Historia de la literatura española y latinoamericana, G. Sobejano edt. (Alianza, Madrid, 1993), Antología de la poesía canaria contemporánea (1940-2000), M. Martinón (Instituto de Estudios Canarios, Santa Cruz de Tenerife, 2003), The Cambridge History of Spanish Literature, D. Thatcher Gies (Cambridge University Press, 2004), Campo abierto: El poema en prosa en España entre dos siglos, M. Agudo Ramírez y C. Jiménez Arribas (DVD Ediciones, Barcelona, 2005). Ha ejercido un papel destacado en la difusión de la cultura canaria en el exterior como director en Barcelona del ciclo El Papel de Canarias y como impulsor de iniciativas similares en colaboración con el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y la Fundación La Caixa. Por otra parte, ha impulsado exposiciones, talleres de arte contemporáneo y ciclos teóricos en Cataluña, Canarias e Italia, como Trilateral, Travesías y Orientalismos. En enero de 2009 fue elegido miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua. En poesía ha publicado Jules Rock. 1973 (L’Oreille Qui Voit Tout’, 1975), Disparos en el paraíso (Edicions del Mall, 1982), Muerte sin ahí (Edicions del Mall, 1986), El cónsul del mar del Norte (Pre-Textos, 1990), A las islas vacías (Ave del Paraíso, 1997), En tregua (Plaza & Janés, 2001), El amor lejano. Poesía reunida, 1975-2005 (Reverso, 2006) y Lugares que fueron tu rostro (Bruguera, 2008). En el plano narrativo, El exterminio de la luz (Nuestro Arte, 1975, – 2ª edición: Taller Ediciones JB, Madrid, 1975), Madame (Península, 1989), De tu boca a los cielos (Edicions del Mall, 1985 – 2.ª edición: Anroart Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, 2007), Ha publicado también los diarios Los que cruzan el mar. Diarios, 1974-2004 (Pre-Textos, 2004), De rastros y encantes (Asociación de Amigos del Libro Antiguo de Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012), La próxima vez (2004-2007) (Biblioteca de la Memoria, Editorial Renacimiento, 2014) y La vida figurada (2008-2009) (Biblioteca de la Memoria, Editorial Renacimiento, 2017); así como los ensayos Antología poética de Saulo Torón (Biblioteca Básica Canarias, 1990), Casi tal cual. La fotografía de Humberto Rivas (Lunwerg, 1991), Escritos (colección Pasos Sobre el Mar, 1994), Aurora y exilio. Escritos, 1980-2006 (La Caja Literaria, 2007) y Cien de Canarias. Una lectura de la poesía insular entre 1950 y 2000 (Idea, 2009).

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