La mujer que soñaba

Texto #6 del especial que DRAGARIA dedica a la escritora y periodista Dolores Campos-Herrero en el X aniversario de su fallecimiento. Prólogo de 'Historias de Arcadia y otros cuentos' (Ediciones La Palma, con la colaboración de Suite 1428, 2017), que será presentado en las próximas semanas.

Especial Dolores Campos-Herrero

 

Santiago Gil
Foto: María Álamo Quintana.

Santiago Gil (Guía de Gran Canaria, 1967) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en medios de prensa provinciales y nacionales, así como en distintos gabinetes de comunicación. Ha publicado las novelas ‘Los años baldíos’, ‘Por si amanece y no me encuentras’, ‘Un hombre solo y sin sombra’, ‘Cómo ganarse la vida con la literatura’, ‘Las derrotas cotidianas’, ‘Los suplentes’, ‘Sentados’, ‘Queridos Reyes Magos’, ‘Yo debería estar muerto’, ‘El destino de las palabras’, ‘Villa Melpómene’ y ‘La costa de los ausentes’; la novela corta ‘El motín de Arucas’; el libro de relatos ‘El Parque’; los libros de aforismos y relatos cortos ‘Tierra de Nadie’ y ‘Equipaje de mano’, y los libros de poemas ‘Tiempos de Caleila’, ‘El Color del Tiempo’, ‘Una noche de junio’ y ‘Trasmallos’. También ha publicado un libro de memorias de infancia titulado ‘Música de papagüevos’ y la recopilación de artículos de opinión ‘Psicografías’. El próximo 21 de abril presenta su nueva novela, ‘Gracias por el tiempo’, editada por Mercurio Editorial.

PsicografíasCiclotimias – FacebookWikipediaen DRAGARIA

Una antología es como el repaso de una vida, lo que queda, lo que se deja escrito, lo que se convirtió en algo más que en una sucesión de días, de recuerdos o de vivencias. Y una antología póstuma es casi como una resurrección de quien sabía que al escribir no moría definitivamente. Quedaron los textos, los personajes, las metáforas y esa alma que solo se asoma a través de las palabras. Esta selección de textos de Dolores Campos-Herrero nos ayuda a entender un poco mejor cómo era y, sobre todo, cómo entendía la vida y la literatura. Hay ternura, ironía, perspicacia, observación, un excelente dominio del lenguaje y todo lo que uno espera encontrar en un texto literario, esa emoción que va unida casi siempre a un ritmo o un eco que transita mucho más allá de los sustantivos y de los verbos.

'Historias de Arcadia y oros cuentos', de Dolores Campos-Herrero
Portada de la antología de cuentos de Dolores Campos-Herrero que lanzará Ediciones La Palma en breve. La ilustración es ‘Et in Arcadia ego’, de Paco Díaz (Imagen gentileza de Nicolás Melini-Ediciones La Palma).

Borges decía que el mejor antólogo es el tiempo. Y evidentemente estoy de acuerdo con el escritor argentino. Lola murió hace ya diez años. Ha pasado mucho tiempo y la seguimos echando de menos, pero esa distancia también nos ha permitido acercarnos a sus escritos con otra mirada. Estos relatos ya viven solos en el mundo, lejos de la mano protectora de quien los escribió, y seguirán viviendo cuando ya no estemos ninguno de nosotros.

En esta antología hemos seguido un orden cronológico para que el lector sea el que descubra el viaje literario de Lola, su evolución, sus cambios y sus búsquedas, desde la joven escritora de Basora o Daiquiri a la que escribe desde una madurez sosegada sus Ficciones mínimas o los Finales felices. En todo momento verán que el camino de búsqueda es el de la sencillez y la emoción junto con el de la ironía y con ese halo que dejan las historias que cuentan mucho más que lo que vemos. Leemos algunos de estos relatos y al cabo de un par de días nos encontramos reconociendo a sus personajes en las calles o en nuestros propios sueños. Diez años después, Lola sigue más viva que nunca en sus libros.

«Y eso es lo que era Lola, una mujer que soñaba y que curaba heridas a través de las palabras, alguien que se empeñaba en rehacer lo que el azar a veces crea de forma injusta y equivocada»

El título de este prólogo lo he copiado de Venecia sin ti, uno de los cuentos incluidos en esta antología. En esa narración el personaje comenta que La mujer que sueña siempre sería un buen título para una historia. Y eso es lo que era Lola, una mujer que soñaba y que curaba heridas a través de las palabras, alguien que se empeñaba en rehacer lo que el azar a veces crea de forma injusta y equivocada. Escribiendo inventaba otros mundos para que su mundo fuera mucho más habitable. Lean este libro. Comenzamos seleccionando un cuento que da título al volumen: Arcadia es el lugar en el que uno sueña habitar cuando muere y también cuando escribe. Ahí es donde sigue viviendo Lola Campos Herrero, escondida detrás de todas estas palabras que ustedes pueden ir rastreando.

La vida es un viaje que la mayoría de la gente confunde con un puerto. Casi todos se quedan o se van quedando varados. Son pocos los que se aventuran con todas las consecuencias. Escribir es un viaje que también muchos confunden con un puerto en el que acomodarse y ver pasar los barcos en los que viajan los otros. Dolores Campos-Herrero seguía la estela de Ulises. Nunca quiso quedarse sentada mientras los otros vivían las aventuras. Ella quería ser un sueño, un argumento que justificara este paso efímero por un cuerpo y por unos paisajes que nos reconocen. Ella era una gran viajera, pero sus viajes más grandiosos los hacía a través de las palabras.

«Cuando uno se acerca a sus textos se da cuenta inmediatamente de que estamos ante una escritora de raza, arriesgada, valiente y, sobre todo, conocedora de los sortilegios de la escritura»

Creo que se escribe y se lee para sobrevivir, para tratar de ordenar un poco el caos del mundo, para huir de la mediocridad y también para exorcizar nuestros demonios interiores. Cada cual escribe por sus razones, y cada uno intenta hacerlo como mejor  puede. Lo que sí sabemos los que escribimos es que sin hacerlo moriríamos, incluso aunque estuviéramos vivos y nos vieran radiantes y felices por la calle. Lola escribía porque era inevitable que lo hiciera. Cuando uno se acerca a sus textos se da cuenta inmediatamente de que estamos ante una escritora de raza, arriesgada, valiente y, sobre todo, conocedora de los sortilegios de la escritura, de sus ritmos, de sus tonos y de la fuerza de cada palabra.

Lola seduce escribiendo. No hay una sola palabra que esté puesta de relleno en sus textos. Cuando  lees lo que ha escrito, sobre la marcha se reconoce a una gran lectora, a una lectora exquisita y voraz que nos devuelve parte de lo que ella ha ido aprendiendo. Uno cuando escribe también está transmitiendo las formas, los códigos éticos y las concepciones literarias de todos aquéllos a los que se ha ido leyendo a lo largo del tiempo. Lola, por supuesto, es una digna heredera de esa tradición literaria, un claro ejemplo de que la literatura, lejos de morir, está más viva que nunca.

Les dejo con la Casa de la playa, uno de sus Ficciones finales:

«Había vivido tantos años tierra adentro que la nostalgia del mar se había convertido en uno de esos males de fácil diagnóstico. Era la típica chica de ciudad, de sandalias y pantalones vaqueros, cuando decidió comprarse aquella casa en la playa.

Qué bien dormía con el ruido de las olas como si fuera una blanda almohada. Ven, parecían decirle aquellas voces de sal. Y las noches de marea alta se revolvía inquieta en la cama. Ven, ven, ven, danzaban sus piernas.

Y después se despertaba siempre con aquel ruido de escamas y de viejos anzuelos». 

Imagino que ahora mismo está mirando fijamente a la pantalla, aun con ese ruido de escamas y de viejos anzuelos metido en su cabeza. Y que comienza a escribir. Y que nosotros leemos esos relatos sabiendo que al hacerlo no dejamos que desaparezca para siempre.

Puedes comentar este artículo en nuestra página de Facebook: