El poeta venezolano que viene a Las Palmas

Sebastián de la Nuez Aránega

Sebastián de la Nuez Aránega (Gran Canaria, 1953) es periodista, docente universitario y escritor. Ha sido profesor desde 2003 en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), donde hizo la licenciatura en Comunicación Social (1980). Completó un programa de doctorado en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad de La Laguna (2008). Con experiencia de más de treinta años en salas de Redacción de diversos medios venezolanos, ha sido también productor de radio y creativo publicitario. Fue ombudsman del diario venezolano ‘Últimas Noticias’. Ha colaborado en varias revistas y páginas web, entre ellas ‘Revista Estampas’ (dominical del periódico ‘El Universal’, Caracas), ‘Comunicación’ (Centro Gumilla, Caracas), ‘Revista Latina’ (Universidad de La Laguna),   ‘Viernes’ y ‘Exceso’, de Venezuela. Actualmente colabora con talcualdigital.com, Actualy.es y blog de noticias Efecto Cocuyo. Desde 2008 administra el blog hableconmigo.com que surgió a partir de su cátedra Entrevista Periodística en la UCAB. Ha publicado ‘Déjalo Sangrar’ (reportaje novelado, Caracas, Editorial Fuentes, 1994), ‘Marisabel, la historia te absolverá’ (Caracas, Editorial Exceso, 2003), ‘Calles de lluvia, cuartos de pensión’ (cuentos, Caracas, Fundación de la Cultura Urbana, 2006), ‘Rosalía’ (novela, Editorial Alfaguara, 2010), y ‘Constructores de Paz’ (experiencias para la superación de la violencia) (Fundación Centro Gumilla, 2011). Actualmente prepara ‘Canarios en la Guerra Civil. Diario de un teniente’ (testimonio, reportaje y memoria), ‘Oficio de papel’ (crónica y semblanza de librerías y libreros caraqueños) y ‘La fuga’ (novela de no ficción sobre las relaciones entre la Cuba fidelista y la Venezuela insurgente de los años sesenta).

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El 20 de septiembre estará en Las Palmas, invitado por Nace (Nueva Asociación Canaria para la Edición), uno de los poetas hispanoamericanos más destacados: Rafael Cadenas. Viene para hacer uso de la palabra aun cuando, en su caso, habría que decir que es la palabra la que hace uso de él. Rafael Cadenas viene a conversar sobre poesía, lengua, democracia y raíces comunes entre dos orillas. Es la oportunidad para intercambiar con un personaje a quien le gusta, sobre todo, escuchar a la gente en la calle. Esta semblanza nace del contacto enriquecedor entre el poeta y el periodista

Conocí a Rafael Cadenas una noche en casa del historiador y escritor Manuel Caballero, en un apartamento de una urbanización del este caraqueño. Rafael hablaba poco, yo procuraba ponerle atención a todo lo que decía. Había leído varios de sus poemarios y, a veces, los había utilizado —aunque utilizar no sea el verbo más apropiado en este caso— en un programa de radio que tenía en una emisora AM los sábados a mediodía. Sus poemas permiten que uno exprese, o mejor comunique, una idea a la que no terminas de dar forma definida en tu interior pues resulta muy escurridiza. Eso ocurre cuando es imposible asir la realidad. Un país llevado al borde del abismo por un capricho ideológico es, por ejemplo, es una realidad inaprehensible. A veces faltan las palabras para llamar lo injusto, lo atroz, lo infame o, en otro orden, aludir a lo eterno e inasible. No alcanzan las palabras. Un estado de ánimo, un carácter colectivo, una intuición, lo inasible: recurres a Rafael y encuentras lo que va por dentro sin forma definida. Era una comodidad, desde luego, echar mano de sus imágenes para dar sentido a lo que, desde una gélida cabina radial, luce inabarcable pues la poesía de Rafael Cadenas tiene la propiedad, precisamente, de abarcar lo inabarcable.

Me comentó, meses después, cuando lo entrevisté para la columna que mantenía en el diario venezolano TalCual, que un pueblo que conozca bien su idioma estará en mejores condiciones para detectar lo falso. Si el pueblo falla en eso, hay ventaja para los demagogos. Lo entrevisté a propósito, simplemente, de desear escucharlo. Hablamos de En torno al lenguaje y también de Dichos, conjunto de aforismos donde vincula tanto la denuncia política e ideológica como los asuntos cruciales del arte, la poética y la palabra.

Al escribir, al comienzo de los años ochenta, En torno al lenguaje, hizo hincapié en la responsabilidad de los medios de comunicación en la degradación del idioma; sin embargo, hoy en día se cuida de acusarlos pues, aun cuando ello siga siendo cierto, constituyen quizás el último reducto de la democracia en Venezuela. Le subleva hablar de intelectuales criollos que sustentan, de palabra y acción, al régimen bolivariano. No los comprende. «Las posiciones sectarias también producen limitaciones en el lenguaje», me dijo.

Cuando le fue entregado el premio FIL de Literatura 2009 en Guadalajara, o poco después, le hicieron una de esas entrevistas de preguntas inusuales; cosas como «qué adjetivo le daría hoy a la humanidad» (contestó «insensata») o «cómo ha mejorado usted al mundo» (contestó «tal vez solo tratando de no empeorarlo»).

«un pueblo que conozca bien su idioma estará en mejores condiciones para detectar lo falso»

Aquel encuentro con el que comienzo esta nota, en casa de Manuel Caballero, no fue casualidad. Una alumna mía en la Universidad Católica Andrés Bello le había hecho una semblanza muy completa, muy amena, a Manuel Caballero, cuya mujer fue una poeta de gran ascendencia entre las jóvenes generaciones, Hanni Ossot. Bien: para entender a Caballero había que conocer a sus amigos. Igual sucede con Cadenas. Fueron inseparables (Caballero falleció en 2010) desde los años cuarenta, cuando ambos eran unos zagaletones con inquietudes políticas e intelectuales semejantes en el estado de Lara, centro-occidente venezolano.

Esa clase de amistad eterna —hermanos en la política, en el exilio y en el reencuentro de la democracia— constituye signo y virtud de toda una generación de venezolanos que conoció de cerca el militarismo, sufrió la dictadura y luchó con afán hasta obtener la libertad el 23 de enero de 1958. Cadenas y Caballero se conocieron desde la primaria. Luego hicieron el bachillerato juntos en el Liceo Lisandro Alvarado, sección Humanidades; ambos salieron a escape de Barquisimeto, capital de Lara, porque el gobierno local los perseguía. Militaban en el comunismo. Era ya la época de la dictadura, primero de la Junta de Gobierno y después de Marcos Pérez Jiménez, cuando Caballero se fue a terminar el bachillerato a Valencia [de Venezuela] y poco después le siguió Cadenas. Había pasado unos días detenido en la cárcel. Ambos terminaron el bachillerato en Valencia y marcharon a Caracas, a estudiar en la Universidad Central de Venezuela, UCV: la misma carrera, Derecho. Pero la abandonaron. Mejor dicho, se interrumpió por la huelga universitaria contra Pérez Jiménez en la cual los dos participaron. Total que estuvieron detenidos durante meses en la Cárcel Modelo y luego fueron expulsados del país. Caballero salió para Francia y Cadenas a Trinidad. Caballero pasó años en Francia y regresó al país cuando la situación cambió. Y Cadenas, al mismo tiempo. Reiniciaron ambos los estudios en la Universidad. Cadenas, Letras; Caballero, Historia.

«qué adjetivo le daría hoy a la humanidad» (contestó «insensata») o «cómo ha mejorado usted al mundo» (contestó «tal vez solo tratando de no empeorarlo»)

En aquella cena en casa de Caballero hablamos sobre todo del desastre y de la corrupción del régimen chavista. Hugo Chávez había ascendido al poder en unas elecciones libres y democráticas (diciembre de 1998), pero antes, en 1992, había dado un golpe militar contra un presidente electo en libres comicios, Carlos Andrés Pérez. Estos hombres, Caballero y Cadenas, asistían a una segunda y dramática parte de la misma historia: la del populismo militarista, una combinación demagógica del Estado paternalista con intenciones de perpetuarse en el poder bajo una fórmula supuestamente socialista. En verdad, se estaba condenando al país a retroceder lo avanzado en cuarenta años de democracia representativa (con todo y sus problemas bien conocidos). Caballero, Cadenas y toda esa generación había sufrido en carne propia los avatares de la dictadura perezjimenista, y ahora veían venir la catástrofe con mayor claridad que nadie.

Este hombre, que lleva encima toda esa experiencia y que ha sabido dar a la palabra el sentido y el goce desde la humildad de quien escucha con devoción al otro, estará ahora en Las Palmas de Gran Canaria compartiendo sus libros (Pre Textos ha editado su Obra Entera), opiniones, puntos de vista sobre las corrientes que en el mundo le han dado vida y entidad a lo que de manera global llamamos poesía. Cadenas tiene una vida para compartir con los canarios, esa a la que alude en su poemario Memorial: «Vida / conviértenos / disuélvenos en un nuevo estilo / haz de nuestra respiración el fuelle absoluto».

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