Mientras maduran las naranjas

A propósito de Cecilia Domínguez Luis

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

 

Si la novela Y tú serás el río (Diego Pun, 2018), de Cecilia Domínguez Luis, fue más que una agradable sorpresa, Mientras maduran las naranjas (Diego Pun, 2017) no lo es menos. Sin embargo, tiene algo que la hace diferente: la delicadeza al tratar el tema de la Guerra Civil Española desde la visión de una niña de ocho años, que crece a medida que la vida se complica. Y desde ese punto de vista de Sara, la narradora, no hay espacio para el odio o el rencor, ni explicación razonada de lo que le sucede a su familia republicana, que no sabe nada de violencias y que encierra ideas propias en tiempos de silencios forzados.

Cuando la realidad se enrarece y el odio sale a las calles, y golpea las puertas de las casas, Sara, desde su óptica infantil, va añadiendo palabras que no entiende al vocabulario acorde con su edad: la nueva realidad impuesta trae palabras que no entiende y Domínguez Luis las va extendiendo poco a poco en el texto, como si de una alfombra se tratara, al ritmo triste de los acontecimientos.

En ningún momento la ternura desaparece de la obra y lo que nos sugiere la autora (o, acaso, la poeta) es mucho más de lo que dice. Tiene el don Domínguez Luis de ir más allá de sus seleccionadas palabras y, sobre todo, sabe tratar al desconocido lector; debe ser cosa de la experiencia, que siempre es un grado. Esta habilidad suya origina, como también ocurrió en Y tú serás el río, que las páginas vuelen en nuestras manos, como pidiendo libertad y, además, que el dolor que se adivina en ellas deje paso a la vida y a la esperanza. El hecho de regresar la familia a su propia casa, que habían alquilado para sobrevivir al morir el padre de Sara, no es un volver a empezar, sino romper un paréntesis para poder continuar en el camino de la existencia. A pesar del dolor sobrevenido por sostener ideas distintas a las que se van imponiendo, la familia, entre otros aspectos, rescata las viejas fotos de ausentes y presentes, que van llenando las paredes del hogar, y donde la vida parece renacer en cada rincón. Una manera como otra cualquiera de luchar contra la barbarie. 

«Bien, ahora ya estamos todos’, frase pronunciada por Julia, madre de Sara, es toda una declaración de principios sincera y emocionada que se sobrepone a las adversidades sufridas»

«Bien, ahora ya estamos todos», frase pronunciada por Julia, madre de Sara, es toda una declaración de principios sincera y emocionada que se sobrepone a las adversidades sufridas. Y la pronuncia en el momento preciso, como indicando al lector que seguir en el camino es lo más importante.

Mientras tanto, Sara ha ido creciendo al mismo tiempo que las naranjas maduran. Y estas, con su llamativa tonalidad, se convierten en símbolos de la vida que con su color y sabor indican que «el tiempo no hará mudanza en su costumbre», como dijo Garcilaso. A este lector le gustaría saber cómo podría continuar la historia. Los personajes bullen en mi cabeza y me acompañarán en las próximas semanas. Y, tal vez, cuando regrese a la Isla Baja, donde empecé a descubrir a Domínguez Luis gracias a mi amigo Ernesto Rodríguez Abad, me sentiré más cercano a esos personajes, porque para mí son reales, hayan existido o no.

Es lo que tiene la literatura y Domínguez Luis hace mucho que lo sabe. Por eso escribe un texto delicado y detallado e imagina, con razón, que sus lectores tienen la suficiente capacidad para discernir. Y por eso su capacidad de sugerir es inmensa.

Improbable lector: si ha aguantado hasta el final del artículo, no pierda la oportunidad de descubrir a Cecilia Domínguez Luis y comprenderá, entonces, por qué le concedieron el Premio Canarias de Literatura 2015. No se arrepentirá.

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