El arte de la masa

Dedicado a Antonio Arroyo Silva, poeta de esa inmensa minoría

Pablo Sergio Alemán Falcón

Pablo Sergio Alemán Falcón (Arucas, 1980) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Lomo de La Herradura. Perteneció a la Asociación de jóvenes escritores Aenigma; de Sensu Infraspiritu, en la que publicó, junto con los demás miembros, textos creativos a través de tres antologías, ‘Aenigma’ (2002, 2003 y 2004). También participó en la revista digital de la misma asociación, Tinta sobre Papel, con varios artículos de divulgación literaria. En el año 2015, algunas de sus composiciones fueron publicadas en dos obras, ‘Pluma, tinta y papel’ y ‘Versos en el aire IV’ (Diversidad Literaria). En 2016 se publica su primer libro en solitario, ‘Madera y metal’ (Idea) y se traducen algunos sus textos al rumano a través de la antología de autores canarios ‘El barco de papel’ (12 poetas de Canarias). También ha colaborado en la iniciativa ‘Cuadernos de Humo’ del poeta Hilario Barrero. Actualmente es miembro de la Nueva Asociación Canaria para la Edición (Nace) y colabora para el blog digital de reseñas literarias El marcador de libros.

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La aglomeración, el lleno, no era antes frecuente. ¿Por qué lo es ahora?
José Ortega y Gasset, ‘La rebelión de las masas

Hace noventa años que se sacó a la luz uno de esos libros que siguen estando vigente y que se definió aquello que hoy conocemos como el fenómeno de masas, describiendo su naturaleza, sus movimientos y su capacidad de manipulación.

Efectivamente, en La rebelión de las masas, de José Ortega y Gasset, luego de haber sucumbido el ideario comunista, la masa no se observa como un ente que representa una clase social concreta, sino como una mayoría no cuantificable, capaz de alienar todo elemento puramente individualista. Se trata de un pensamiento colectivo que, en vez de sumar ideas hasta llegar casi a la verdad, se atienen a principios superficiales y concretos, ideas materialistas cuyas decisiones giran en torno a una mayoría.

A medida que pasa el tiempo, esta masa, resultado de un lento proceso, va ocupando espacios que antes se reservaban para las minorías, reinterpretadas como colectivos con ideales que no coartaban de ninguna manera la individualidad de sus componentes; dicho de otro modo, grupos selectos de personas de diferentes estratos laborales como sociales e incluso geográficos, creando un todo enriquecedor y que evolucionaba más allá de los intereses de sus miembros.

Volviendo al tema que nos ocupa, Ortega y Gasset, allá por el año 1926, observa su introducción en uno y cada de los espacios que antes ocupaba la minoría. Se comienza a llenar los teatros, los puestos laborales muy específicos y otros estadios que, por sus rasgos, deben de pnroveerse de esas personas humildes, mediocres o superdotadas.

Como consecuencia, se va produciendo una sustitución/neutralización de la naturaleza cualificable de la minoría por otra más alienante, surgiendo así una línea decreciente de la calidad material al dejar de cultivar lo que el filósofo madrileño llamaba el espíritu.

«Se deja paso a la demagogia, al prejuicio sin una demostración empírica y a unos pensamientos sin necesarias profundizaciones para no poner el riesgo el bienestar»

Así es: el espíritu desaparece y, en ausencia, nos encontramos con un pensamiento que ni se encuentra en el campo de la ignorancia ni tampoco dentro de la habilidades que hacen especiales a estos grupos. Se deja paso a la demagogia, al prejuicio sin una demostración empírica y a unos pensamientos sin necesarias profundizaciones para no poner el riesgo el bienestar de la masa, que es, dicho sea de paso, uno de los objetivos principales de conservación.

Para completar su tesis, expone como ejemplo los riesgos de una hiperdemocracia en la que se advierte que un sistema gobernado por todos y para todos puede conllevar a una tiranía encubierta en la que se eliminarían los derechos del individuo (como popularmente se dice, el bien de la mayoría por encima del bien de la minoría).

Es aquí donde aparece este movimiento de la nueva poesía, un movimiento literario al que algunos críticos han indicado que es capaz de llenar verdaderos estadios de fútbol, un movimiento al que, si nos atenemos a sus características, podemos incluso de calificar de hiperdemocrático.

Pero, cabe preguntarse, ¿qué tiene que ver esta nueva poesía con la masa y en qué medida es afectado el arte ante el fenómeno de masas? Siguiendo la coherencia filosófica a lo largo de la trayectoria orteguiana, podemos encontrar unas de las claves para acercarnos a las preguntas que planteamos. Y es que, en La deshumanización del arte, el filósofo español rompía una lanza a favor en el alejamiento del arte de aquello a lo que intuía como hiperdemocrático a través del acercamiento al Realismo y al Naturalismo, movimientos donde presentía a la masa y esa reacción adversa ante la incomprensión de un nuevo arte («arte superior»). Y eso a sabiendas de sus consecuencias más inmediatas.

Y es que, dentro este campo, que es a donde queremos llegar, los movimientos artísticos que surgen de la masa se atienen solamente hacia lo que se puede comprender: tal puede ser el caso de un cuadro que muestra un paisaje pintado al detalle, como si fuera una fotografía, o ese texto creativo que describe con total claridad un surtido inusitado de sentimientos a través de palabras que edulcoran los oídos de sus oyentes.

«hablamos de una exigencia mínima que solo nos pide la inmediatez en cuanto a reacciones se refiere; reacciones, por cierto, que se pueden calificar como primitivas»

Ante esto, el esfuerzo que debe realizar el espectador/lector ante la obra brilla por su ausencia. No se trata de pensar ni de apreciar ni reflexionar ese cuadro o el libro que tenemos delante. Al contrario, hablamos de una exigencia mínima que solo nos pide la inmediatez en cuanto a reacciones se refiere; reacciones, por cierto, que se pueden calificar como primitivas, pues solo se quiere llegar a la conmoción simple como la tristeza y la alegría en su sentido más sencillo como si se hubiera malinterpretado el concepto de catharsis aristotélica.

Y, si nos centramos dentro del campo de la metáfora (concebido por Ortega como el recurso figurativo más representativo), dejarla como un mero adorno de significado cerrado y de fácil comprensión, lejos de ser el vaso conductor que puede conectar la obra con el lector a través de la vida misma.

Para este arte, por lo tanto, no habrá tregua para una al que se le califica como elitista. No comprenderá su innumerable capacidad de crecimiento y, por lo tanto, rechazará todo aquello que no provoque reacciones simples y que no abra un caudal que la mente del hombre-masa es incapaz de asumir y de soportar para terminar de calificarla de antidemocrática. En otras palabras, la masa no tendrá en cuenta la capacidad de abstracción, romperá con las correspondencias de Baudelaire, los símbolos de Rimbaud y Verlaine y las metáforas de Mallarmé como si estos nunca hubieran existido.

«la nueva poesía llena esos estadios y los rebosa de lectores-masa que solo ven un par de versos para regodearse momentáneamente para luego pasar a otra cosa igual de irrelevante»

Este arte alternativo se impulsará por medio de un proceso mediático y mercantilista al que la minoría cualificada no puede o no quiere acceder y lo expondrá al gran público, a la masa. Poniendo nuestro ejemplo, se creará lo que nosotros coloquialmente llamamos un efecto arroz con leche, es decir, la venta de un producto aparentemente bueno, pero que, o no lo es o no alberga la calidad que se le presupone, creando una paradoja en la que el continente es superior al propio contenido.

Así, en conclusión, tenemos el arte de la masa, un elemento alienado para ese hombre o mujer-masa que es capaz de gastar su dinero para llegar a disfrutar y conmoverse como lo hemos nombrado más arriba. De esta manera, como bien indican algunos críticos (asumidos por la maquinaria) que la nueva poesía llena esos estadios y los rebosa de lectores-masa que solo ven un par de versos para regodearse momentáneamente para luego pasar a otra cosa igual de irrelevante.

Sin embargo, ahora nos surge otra pregunta, ¿esto quiere decir que la poesía, como ocurre en otras artes, queda fuera del panorama cultural? Tal y como indicamos, si por minoría se entendía como aquel grupo de personas específicas y marcadas y respetadas por su individualidad, sea del estatus que sea, en esta ocasión, se pasa también a ser un conjunto más reducido que nunca, aunque en verdad no varíe el número de sus componentes ni mucho menos su calidad artística. Así lo decía Ortega:

[…] Entonces tendremos un objeto que sólo puede ser percibido por quien posea ese don peculiar de la sensibilidad artística. Será un arte para artistas, y no para una masa de los hombres; será un arte de casta, y no demótico.

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