La espiral del silencio (adelanto)

Mayte MartínMayte Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) estudió Ciencias de la Información, en la rama de Periodismo, en la Universidad Complutense de Madrid, donde vivió casi una década. Diplomada como detective privado por la misma universidad, tiene un Máster de Periodismo organizado por Prensa Canaria entre las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y la Complutense de Madrid. Ha trabajado para el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, para el Cabildo de Gran Canaria y para el Gobierno de Canarias; en varios medios de comunicación, prensa, prensa digital, radio y televisión, a escala local, regional, nacional e internacional, así como en varias ONG. Está especializada en gabinetes de prensa, con áreas de trabajo muy variadas, como sociedad, cultura, formación, ciencia, política y deportes. Actualmente es colaboradora de la revista de literatura canaria DRAGARIA. Ha recibido formación académica en la Escuela de Letras de Madrid, participa activamente en varios grupos literarios, sobre todo en El Club de los Retos de Dácil; ha participado en varios encuentros, tertulias y recitales, y ha presentado los libros de más de una treintena de autores. Tiene editado el libro de relatos eróticos ‘Sin tu permiso’ ( Bubok, 2012), de microrrelatos y prosa poética ‘Reflexiones en blanco y negro’  (Beginbook, 2016) y la novela La espiral del silencio (Idea-Aguere, 2018). Ha participado igualmente en varias antologías.

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“Qué curioso -sonrió ahora recordando-, nunca la he llamado Trece, y ahora no dejo de hacerlo”. Es un apodo que le puso Frida hace unos años a raíz de la serie de televisión del Doctor House, donde salía una médico que ella decía que era clavadita a Mercy, desde entonces, jamás volvió a llamarla por su nombre.

Ensimismada no se dio cuenta de que se pasaba el tiempo, debía ir a vigilar a un tipo que trabajaba en el Ayuntamiento, era uno de esos con contratos de confianza del partido político que gobernaba entonces y llevaba de baja unos quince días. La oposición estaba mosqueada y les pidió que les aportaran pruebas de si estaba realmente enfermo, o no.

“Ojalá mis compañeras y yo lo pudiéramos demostrar, con el paro que hay y los sueldos que cobran, me da igual de qué partido sean pero que cobren del sueldo de todos y encima estén de baja por enfermedad, me toca las narices, y con la mala leche que tengo estos días, la rabia acumulada…”

Lo peor de las vigilias es el tiempo que una tiene por delante, a veces son horas eternas sentada en un coche… no me apetece hacer nada. A veces mato el tiempo leyendo, haciendo crucigramas, incluso pasando algún informe, repasando algún juicio o preparando alguna de mis clases, puesto que he seguido con la formación. Realmente es a lo que más me dedico, tengo un despacho con otras dos compañeras y nos dedicamos a hacer labores detectivescas como ésta. De vez en cuando me topo con la policía en alguna investigación, de ahí data mi relación con Mauri. Mauricio Ruiz Arroyo, arrogante inspector de policía que conocí siendo subinspector, el chulo más chulo de toda la comisaría pero a mí me cae bien y nos entendemos.

Los padres estaban en Londres cuando Trece les dio la noticia. Su hermano andaba en no sé qué provincia dando unas conferencias de esas suyas de antropólogo loco como ella le decía… afirmaba que el libro de Nigel Barley, `El antropólogo inocente´, que me hizo leer, bien se lo podía haber dedicado a su hermano Luis.

El caso es que todos estábamos tan destrozados con su muerte. Además, fue un circo increíble “te hubiera gustado”, todo el mundo estaba allí. Desde el director general de la cadena hasta sus más íntimos enemigos. Actores, famosillos, periodistas de todo el mundo… vinieron amigos y amigas de debajo de las piedras. No sabemos cómo le conocía tanta gente. Muchos le dijeron a Trece que contactarían con ella en los próximos días y Trece ha cogido a su amigo Nico y le ha pedido que haga de portavoz de la familia y así cada vez que algunos de sus colegas de gremio llama, Nico se encarga de darles larga.

«No hicimos funerales ni nada de eso, tanto sus padres como ella eran contrarios y aunque la familia de Trece quería, ella se impuso»

No hicimos funerales ni nada de eso, tanto sus padres como ella eran contrarios y aunque la familia de Trece quería, ella se impuso diciendo que era su vida y su muerte y que nadie tenía derecho a decidir. “Qué valiente ha sido, Frida, estarías orgullosa de ella”. Ya sé que es psiquiatra, ya sé que sabe controlar sus emociones, pero desde luego ha sido mi pilar estos días, yo no me he derrumbado porque ella ha estado ahí. Comprendo que estuviera tan enamorada, es una mujer dulce y fuerte a la vez. No necesita elevar la voz como yo que soy una gritona para hacerse escuchar, sabe cómo llamar la atención.

Esa tarde fue terrible, yo estaba en una nube… sus padres invitaron a las personas a tomar una copa en su nombre en uno de los salones del Hotel Santa Catalina donde estaban hospedados. El hotel tuvo que doblar la seguridad de la cantidad de gente que pretendía colarse. “Eras muy popular y querida, y encima aquello parecía la Torre de Babel, no sé en cuántos idiomas hablaba la gente”.

En cuanto vi que Trece estaba bien y que sus padres estaban a su lado, me escabullí. Era una extraña familia, extraña porque nunca están, porque se han criado más solos e independientes que la una y sin embargo son una piña. Pero como decía me escapé y me fui directa a casa de Nico.

«Leí hace poco que la gente se comporta irracionalmente en los entierros, mientras unos sonríen y cuentan chistes otros hablan de enfermedades»

Leí hace poco que la gente se comporta irracionalmente en los entierros, mientras unos sonríen y cuentan chistes otros hablan de enfermedades, de trabajo, de cosas que te alejen de la muerte y te recuerden la vida, de hecho, decía el artículo que muchas personas buscan aparearse desesperadamente. Puede que este fuera mi caso, llegué medio borracha a casa de Nico y según me abrió la puerta me tiré en sus brazos. Ni siquiera pregunté si estaba solo, quería un revolcón allí mismo, no llegamos ni a la cama. Por la mañana me levanté con una resaca tremenda. Nico había preparado café y me decía que se marchaba pero, la verdad es que no entendí nada de lo que me dijo, estaba muy espesa.

Mi relación con él es extraña, nunca nos hemos pedido nada, ni hemos hecho promesas, ni nada… recuerdo que un día me preguntó si me veía con otras personas y le dije que no. No dijo nada, sonrió de medio lado con esa chulería que le caracteriza, ahora caigo que no se lo conté a Frida, porque seguro que se hubiera puesto a analizar la situación y habría involucrado a Trece para que nos hiciera un perfil, ja, ja, ja… yo me asomé a la ventana y cuando iba a ponerse el casco de la moto, le grité: “¿y tú?…” me guiñó el ojo se encasquetó el casco y se largó.

Mierda, mierda, mierda, el tipo sale, tendré que seguirlo, ya seguiré el monólogo.

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