Aguas prestadas

Silvia R. Court

Silvia Rodríguez Court (Las Palmas de Gran Canaria, 1959) es licenciada en Derecho y profesora de Alemán. Ha publicado un relato en un volumen colectivo sobre el tema del doble, ‘Doble o nada’ (Huerga y Fierro), el libro de relatos ‘ECO’ (Idea, 2013) editado en Ediciones Idea. Obtuvo el premio literario de Cuentos Maresía en el año 2003 con el relato ‘Ojos de cielo azul’ y un accésit como «premio extraordinario por la calidad literaria» en el XV Concurso de Relatos Cortos Rescatando la Memoria con el relato ‘Recuerdos de Niebla’ (Ayuntamiento de Arucas y Adipymes). Publica relatos breves y fragmentos en prosa poética en secciones culturales de diversas revistas canarias, además de colaborar puntualmente con artículos de opinión en los distintos medios con temas relacionados de la educación. En 2017 publica ‘Mares‘, con la editorial Verbum.

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Contemplo su andar y un balanceo. Te imagino dentro, latiendo en sus aguas prestadas. Ajeno al laberinto del tiempo no te seducen ni la noche ni el día. Reposas en otra luz que yo no veo. Más permisiva. Ignoras el espacio de la vigilia y el de los sueños. Tal vez por eso duermes a deshora, aletargado, distendido. De pronto, un giro repentino. Ella se desvela. Envuelta en la fragilidad nocturna emite una queja. A la espera, siempre a la espera.

Respiras el aire de una mujer y en las aguas tibias creces desnudo; con un abecedario de muecas y movimientos. En su vientre dilatado no sabes si permanecer o tal vez abandonar esa primera estancia de recuerdos olvidados. Un enigma para ti, y para ella.

En posición fetal y boca abajo inicia tu cuerpo apretado el descenso. Ya son nueve lunas bajo la sombra de la espera. ¿Será que la luna ya no desea compartir tus latidos con el cielo?

Escuchas el susurro de un eco, un vago murmullo, el zumbido de palabras desiertas. Ella aúlla. Gime. Lanza una súplica: por favor, empuja, empuja. No tardes en venir.

Vacío queda el útero que ya no habitas. Aún permaneces en la penumbra. Continúa la historia de otros. Sin embargo, pronto, muy pronto será también tuya.

Con el niño en su regazo canturrea. Arrorró mi niño duerme, arrorró. La sombra de una mujer anida en tu sombra.

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