Mujer contra mujer

Mayte MartínMayte Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) estudió Ciencias de la Información, en la rama de Periodismo, en la Universidad Complutense de Madrid, donde vivió casi una década. Diplomada como detective privado por la misma universidad, tiene un Máster de Periodismo organizado por Prensa Canaria entre las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y la Complutense de Madrid. Ha trabajado para el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, para el Cabildo de Gran Canaria y para el Gobierno de Canarias; en varios medios de comunicación, prensa, prensa digital, radio y televisión, a escala local, regional, nacional e internacional, así como en varias ONG. Está especializada en gabinetes de prensa, con áreas de trabajo muy variadas, como sociedad, cultura, formación, ciencia, política y deportes. Actualmente es colaboradora de la revista de literatura canaria Dragaria. Ha recibido formación académica en la Escuela de Letras de Madrid, participa activamente en varios grupos literarios, sobre todo en El Club de los Retos de Dácil; ha participado en varios encuentros, tertulias y recitales, y ha presentado los libros de más de una treintena de autores. Tiene editado el libro de relatos eróticos ‘Sin tu permiso’ ( Bubok, 2012) y de microrrelatos y prosa poética ‘Reflexiones en blanco y negro’  (Beginbook, 2016). Ha participado en algunas antologías con otros autores y está preparando su primera novela de género negro.

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La miró con tanta pasión… sus  pechos reaccionaron enseguida.  Y notó como sus pezones se irguieron sin querer. La tomó de la mano y la llevó hasta el sofá…

Levantó ligeramente su falda y miró su ropa interior. Sus bragas eran blancas… el color que más la excitaban porque  le recordaba la pureza…. saber que jamás una mujer había tocado aquel terreno.

La besó suavemente esperando que ella reaccionara y devolviera su beso. Pellizcó uno de sus pezones por encima de la camiseta. Y notó como abría sus labios para ella… sus lenguas se enredaron y… comprendió que se iba a rendir… esa mujer de pechos grandes… amplias caderas y cintura bien marcada, que la volvió loca desde que la vio por primera vez.

Tomó con más fuerza el pecho y luego bajó su boca al otro. La mano que quedaba libre se metió entre sus piernas… palpó la incipiente humedad que brotaba. La chica se revolvió inquieta en el sofá y ella levantó su camiseta, liberó sus pechos y se encontró con aquellos pedazos de tetas imposibles de abarcar con sus diminutas manos. Pezones erectos, duros como piedras esperando y deseando su lengua. Los atrapó de uno en uno, su lengua hacía círculos y salivaba ansiosamente y la oía gemir. Su mano volvió a palpar su vulva excitada, húmeda y caliente. Le quitó la falda y pudo apreciar la humedad en sus bragas y una mirada de pupilas dilatadas. El deseo se apoderó de ambas…  piel… dedos y lengua que fueron recorriendo su cuerpo… Llegó hasta su ombligo y dibujó un corazón con su lengua…  bajó  poco a poco mientras su presa se movía agitada y gemía…

Siguió dejando un reguero de saliva y acarició el interior de sus muslos tensos,  y notó como estaba preparada para ella, para recibirla,  para disfrutar de su sueño: que una mujer le hiciera el amor como nadie se lo había hecho con delicadeza. .

Su boca siguió hasta sus pies y mientras lamia sus dedos ella gemía cada vez más fuerte y casi le rogó compasión con la mirada. Pero siguió lentamente saboreando cada uno de sus dedos. Unos pies cuidados. Uñas pintadas de un color nácar suave, natural.

Y ella le suplicaba, le urgía para que llegara al centro de su placer. Subió hasta la entrada abierta de su vagina.  Posó suavemente la lengua cuando la oyó soltar un gritito. Entonces atrapó su clítoris con firmeza pero suavemente. Mientras sus manos iban tanteando sus caderas la acercó más a si misma. Su cuerpo medio en el aire dejaba su sexo y su culito a su merced para que su lengua y sus dedos penetraran como nunca nadie penetró… y estalló su primer orgasmo. ..  y éste dio paso a unos cuantos más y empapó su boca y dedos como nunca ninguna mujer le había hecho… entonces entre jadeos y sus gritos, ella misma se corrió de placer al contemplar su obra.

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