Algunas reflexiones a propósito de la novela ‘Entrelazamientos’

Luis Junco
Foto: Tamarán Junco.

Luis Junco Ezquerra (Las Palmas, 1949) es ingeniero aeronáutico, profesión que ejerce hasta 1988, en que pasa a la enseñanza, como profesor de Matemáticas y Astronomía. Su trayectoria literaria comienza en 1983, como ganador del Primer Premio de Novela Canaria que convoca el Centro de la Cultura Popular Canaria, con la novela ‘En algún lugar del océano sigue escondida América’. En 1986 gana también el Primer Premio de Novela Corta que convoca la misma entidad, con la novela ‘Barranco viejo’, y en 1995 publica el conjunto de relatos ‘El asesino de Adelfas y otros crímenes de provincia’ (Madrid, Ed. Libertarias Prodhufi). En 1999 comienzan sus relaciones con el proyecto cultural de Ediciones de La Discreta, radicado en Madrid, donde publica la novela ‘Las cartas americanas de Prudencio Armengol’ y en 2004 forma parte del grupo de discretos autores que publica el conjunto de relatos ‘Primera santología (Cuentos escogidos sobre personajes elevados)’ (Ediciones de La Discreta). En 2005 sale a la luz la novela, ‘Una carta de santa Teresa’ (Ediciones de La Discreta), fecha que también coincide con su regreso a la isla donde nació, después de más de treinta años residiendo en Madrid. Ya en Las Palmas colabora en la fundación de la Asociación de Escritores Canarios y forma parte de diversos proyectos de animación a la lectura de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Gobierno Autónomo. En 2007 y con el patrocinio del Gobierno de Canarias publica el libro de relatos ‘De amar y andar por casa’ (Ediciones Domibari, 2007). Y en 2008 participa en la colección de Episodios Insulares, de la editorial Cam-pds, con la publicación del primer episodio de esta colección, ‘La cruz del inglés’. También en Madrid publica la novela ‘Viejas cartografías de amor’ (Ediciones de La Discreta, 2009). En 2014 publica la novela ‘Días de lluvia’, con la editorial Baile del Sol, y en 2016, ‘Entrelazamientos’, con Ediciones de La Discreta, que es su última publicación.

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Atendiendo a la amable solicitud de Manuel M. Almeida para este primer número de DRAGARIA, a la que deseo larga vida y la mejor de las suertes, escribo esta breve reflexión. Con ella no pretendo ayudar a la lectura de la novela —los méritos o deméritos que el lector le atribuya solo dependerán de ella—, sino que mi única intención es compartir ideas sobre el proceso de la escritura.

Como el resto de mis novelas, Entrelazamientos surgió del encuentro con un problema, o un conflicto emocional si se prefiere: cuando yo apenas contaba con siete u ocho años, en nuestra casa de Triana, los domingos nos visitaba un fantasma cuya identidad nunca conocí. Más de medio siglo más tarde, en una visita a la Casa de los Coroneles en Fuerteventura, casualmente me tropecé con aquel mismo fantasma y el viejo conflicto emocional que en alguna parte de mi cabeza se conservaba larvado se reprodujo con total intensidad. Imagino que en similares circunstancias algo parecido ocurre a muchas personas, que si además tienen vocación creadora —da igual que sea en el campo de las artes o de las ciencias—, de inmediato intentarán resolver el problema. Eso ocurrió conmigo, y al principio de manera muy impulsiva y atolondrada —como describo en el capítulo 4 de la novela— y luego, de manera más pausada y sistemática, comencé a buscar la solución. 

«Muchos pasos del proceso son comunes a la creación artística y científica; las diferencias solo se producen en el resultado»

Entiendo que muchos pasos del proceso que luego sigue son comunes a la creación artística y científica: investigación y acumulación de datos, conjeturas, selección de explicaciones… Y las diferencias solo se producen en el resultado. Para el creador literario, por ejemplo, la solución será un poema o una novela, articulada en un código especial: el lenguaje poético. Para el científico, la solución será una teoría, expresada en este caso en el lenguaje de las matemáticas. Y si para el creador científico hay una prueba que demuestra la bondad de su creación —contrastándola experimentalmente con la realidad—, no así ocurre con el resultado de la creación artística, cuya idoneidad parece quedar aplazada al juicio de los tiempos.

Por lo que se refiere a esta novela, Entrelazamientos, debo decir que solo fui consciente de lo que estaba haciendo —y, sobre todo, cómo lo estaba haciendo— cuando ya la escritura estaba bastante avanzada. Lo que pone de manifiesto otro aspecto del proceso creativo: mucho de lo que hacemos se esconde a nuestra conciencia. Yo así lo veo: una vez dado el pistoletazo de salida, un buen número de nuestros circuitos cerebrales se ponen a trabajar a toda máquina y sin pausa por encajar los datos en estructuras que les den sentido, colaborando en muchos casos, disputando en otros. Para ello utilizan todo el arsenal que tienen a mano y que antes hemos almacenado (recuerdos, sentimientos, ideas, lecturas…). Una mínima parte de todo esto se hace de manera consciente; el resto se escapa a nuestra conciencia.

«En lugar de escribir una narración lineal, me vi escribiendo historias paralelas»

Cuando me tropecé de nuevo con aquel fantasma de la infancia, mi primera intención fue reconstruir su historia: quién era, cuál fue su destino, cómo había llegado a aquella misma casa en la que yo nací. Pero en lugar de escribir una narración lineal, como había hecho en la mayor parte de mis novelas anteriores, me vi escribiendo historias paralelas, algunas muy alejadas en el espacio y en el tiempo, pero que al final entrelazaban la vida de aquel personaje con la mía de maneras sorprendentes. Me di cuenta de que esa era la solución narrativa, la mejor explicación de entre todas las posibles. 

Fue entonces cuando me puse a reflexionar sobre lo que estaba haciendo y fui consciente de que detrás había ideas que durante mucho tiempo habían estado impregnando mi manera de concebir la vida y la realidad. Muchas tienen que ver con la cosmología y la física actuales. Tan solo anoto cuatro de ellas, que me parece que están en el núcleo de lo que he escrito.

Entrelazamiento

Término que he utilizado para dar título a la novela. Además de referir a la conexión de historias paralelas narradas que antes apuntaba, tiene que ver con un profundo concepto de la mecánica cuántica. Las partículas de objetos físicos diferentes pueden estar entrelazadas formando un solo sistema, a pesar de que esos objetos estén muy alejados en el espacio y en el tiempo. Lo que afecta a una afecta a todo el sistema.

La integral de caminos de Richard Feynman

Es un artificio matemático que inventó este premio Nobel de la física, utilizado hoy por casi todos los físicos, y según el cual, para hallar la probabilidad de que una partícula vaya de A a B no vale con el único camino que propone la física clásica, sino que hay que tener en cuenta todas las trayectorias posibles, por muy improbables que puedan considerarse. (Sugiere esto que para describir la historia de una partícula que va de una esquina de una habitación a la otra, hay que tener en cuenta todas las historias posibles, incluso aquella que considere que la partícula, antes de llegar a la otra esquina, pasa por el planeta Marte. Todas las historias posibles, pues, influyen en la historia que al final se produce).

La realidad es multiversal

Muchas ramas de la física actual y de la cosmología apuntan a que no hay un solo universo —del que somos conscientes— sino que hay una infinidad. Algunos de los modelos de esos universos nos dicen que en ellos se repiten exactamente las mismas configuraciones que en el nuestro y que en otros muchos las configuraciones son parecidas. Según esto, todo lo que sea físicamente posible se produce en la realidad, pues tiene lugar en algunos de los múltiples universos. Los conceptos de lo que sea realidad y ficción cambian así por completo.

La unidad y la simetría

Las leyes que gobiernan la naturaleza son muy sencillas y simétricas. Todo está regido por cuatro fuerzas fundamentales (que seguramente deriven de una sola). Pero toda esa simplicidad y simetría se desvanecen cuando esas fuerzas actúan en la naturaleza: la simetría se rompe o se esconde, la sencillez se transforma en diversidad y complejidad. Tal vez lo que llamamos belleza en el arte no sea otra cosa que poner de manifiesto la unidad, la simetría, el entrelazamiento que aparecen en el núcleo de lo más diverso.

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