Tomás Morales y Los Huaracheros

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

«Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Atlántico,.
con sus faroles rojos en la noche calina,
y el disco de la luna bajo el azul romántico
rielando en la movible serenidad marina…

Silencio de los muelles en la paz bochornosa,
lento compás de remos en el confín perdido,
y el leve chapoteo del agua verdinosa
lamiendo los sillares del malecón dormido…

Fingen, en la penumbra, fosfóricos trenzados
las mortecinas luces de los barcos anclados,
brillando entre las olas muertas de la bahía;

y de pronto, rasgando la calma, sosegado,
un cantar marinero, monótono y cansado,
vierte en la noche el dejo de su melancolía…».

— Tomás Morales —

«Noche luminosa y clara, tibia y perfumada llena de armonía.
Sobre las playas del Puerto de mi Gran Canaria parece dormida.
De una taberna lejana suena una guitarra desgranando amores,
y una cadenciosa isa se mece en la barca de los pescadores.

Gran Canaria, tierra mía, traigo en mi pecho un cantar.
¡Quién pudiera hacerse copla para poderte besar!
¡Quién pudiera hacerse copla y en alas del viento poderte besar!

Parpadean las estrellas entre los luceros de blanca alborada,
reflejándose en la arena cálida y morena por la madrugada.
Puerto de La Luz tú tienes sobre tus rompientes la noche encendida,
mientras la grácil palmera se inclina y parece de plata fundida».

— Los Huaracheros (Cabrera&Santamaría) —

«Tomás Morales no solo era el nombre del instituto, sino un poeta modernista que miraba en su derredor»

El profesor de Literatura que disfrutamos en COU, en el Instituto de Bachillerato Tomás Morales, de Las Palmas de Gran Canaria, de nombre Antonino (nunca supimos su apellido), nos leía y nos obligaba a recitar diversos poemas. Así supimos, aunque entonces ni nos diéramos cuenta, que Tomás Morales no solo era el nombre del instituto, sino un poeta modernista que miraba en su derredor. Y el poema antes reseñado acaso fuera uno de los preferidos de nuestro querido profesor. Yo no sé si hay un punto de enlace entre literatura y canción popular. Les confieso que a mí las canciones canarias que ensalzaban el paisaje y las costumbres nunca me gustaron. Muy posiblemente en los tiempos franquistas poco más podían hacer los compositores, donde la Sección Femenina con sus Coros y Danzas, entre otros organismos, tenía su peso específico. Pero como el tiempo es circular y una entelequia, las palabras adquieren otro valor a medida que va pasando. O, al menos, a mí me lo parece. Pretendemos hablar de literatura y canción Popular; modestamente, claro.

Dice Diego Talavera Alemán (Canarias, folklore y canción, Taller de Ediciones JB, Madrid, 1978) que «las canciones canarias son los temas que se han compuesto en Canarias desde los años treinta —y se siguen componiendo, por supuesto— impregnados en sus textos y en la música las vivencias, los sentimientos o los sufrimientos del canario, reflejando sus peculiaridades y su idiosincrasia». Más adelante señala que Puerto de La Luz es una canción de exaltación del paisaje (…), pero no se canta a un paisaje muerto, sino que siempre surge un pretexto para justificar el entorno que se canta». 

En esta ocasión la grácil palmera bien pudiera ser.

De otra parte, Sebastián de la Nuez (Las Rosas de Hércules, Tomás Morales, BBC, Islas Canarias, 1990) sostiene que «Los poemas del mar representan la visión directa del mar, con todos los elementos reales y concretos vistos y vividos —sin abandonar por eso una particular actitud subjetiva o romántica— por el poeta desde su Puerto de Gran Canaria.

Entre los dos textos podemos establecer un nexo de unión aunque se dirija a públicos distintos: antes existía la costumbre de ir al puerto, al muelle, a ver los barcos, llevados por nuestros padres: una manera como otra cualquiera de pasar el rato y disfrutar de algo diferente y, tal vez, sorprendente. Desconocemos si hoy se mantiene ese gesto tan cotidiano: quisiera creer que sí, aunque mis dudas tengo con estos tiempos tan inmediatamente tecnológicos. 

«Copiaron Los Huaracheros a Morales con el fin de popularizar aún más un  paisaje? Las coincidencias no son caprichosas»

Me gusta imaginar que los dos textos, dirigidos a públicos distintos, como señalamos antes, enraizaron en sus momentos la costumbre de ver el puerto, de pasear en él y de poder comprobar cómo la isla se ampliaba en el Atlántico. ¿Copiaron Los Huaracheros a Morales con el fin de popularizar aún más un  paisaje? Las coincidencias no son caprichosas: Puerto de Gran Canaria, noche luminosa, cantar marinero, noche encendida… En cualquier caso, ambos textos cumplen su función: la canción del afamado grupo, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1942, contribuyó a expandir un mundo idílico; tal vez lo único que podían hacer en aquellos tiempos de censura o lo que realmente querían mostrar. A pesar de todo, su letra es emotiva, trabajada por sus autores, que con el paso del tiempo ha crecido y hoy sus estrofas se refieren a un mundo perdido, donde las islas eran más grandes, al igual que las distancias, y los lugares, más chicos y familiares. Los Huaracheros cumplieron su objetivo, acaso no pretendían ir más allá: solo recrear con música un emblemático lugar, un paisaje común a los canarios, una frontera de agua y de mirada infinita: la otra parte de la isla. 

Claro que Tomás Morales también cumplió su objetivo: elevó el nivel de expresión no solo con el deseo de alcanzar la belleza sino acaso también con su idea de eternidad. Lo de Tomás Morales es pura literatura. Pero eso es mejor que los expertos lo digan, si es que ya no lo han hecho.

Yo solo pretendía mostrar los parecidos que se originan con palabras diferentes ante una misma realidad: el Puerto de la Luz. Y cómo las viejas costumbres van desapareciendo en el vaivén de la orilla. 

Y las metáforas se esfuman en la neblina de la tarde.

Nada más.

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