Galdós: autor actual

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

Queda un año para conmemorar el primer centenario de la muerte de Galdós. Pero este artículo no pretende, ni mucho menos, hablar de muerte porque nuestro escritor está más vivo que nunca, aunque él no lo sepa (¿o sí?).

Que Galdós fue un adelantado a su tiempo no es solo una verdad incontestable, sino que, además, supo interpretar,  con palabras precisas, las distintas psicologías de sus personajes, tanto masculinos como femeninos. Si Galdós supo ponerse en el lugar de lo que una mujer puede sentir, y desear, como ocurre en el fragmento anterior, no es más que una muestra de su  extraordinaria capacidad creativa. Tristana, publicada en 1892, mantiene plena vigencia.  La cuestión es que está escrita hace más de un siglo y que aún pervive, y eso solo es un milagro más que la Literatura nos regala. Si se fijan en el fragmento elegido, una mujer habla de sus preocupaciones y de su independencia. Como verán, todo en él se relaciona con la actualidad. Lo que, en realidad, quiero decir es que la mirada de Galdós ha trascendido el tiempo y aún sigue siendo moderno, actual y cercano. Y ni siquiera hay que leer entre líneas, adivinando deseos e intrigas: basta solo con LEER. 

Dentro de poco comenzará un año de actividades galdosianas, y eso está muy bien. Todo lo que sea el fomento de la lectura, y el placer de leer y compartir interpretaciones, debería ser una constante de todos los gobiernos, donde los responsables de educación harían bien en acotar las decisiones de los pedagogos, que lo complican todo y favorecen la burocracia. Si la educación fuera realmente un asunto de Estado, no solo la enseñanza mejoraría sino que el país conseguiría mejores cotas de libertad y de tolerancia. Por eso la LECTURA es tan importante. Pero no corren tiempos serenos, a pesar de que los numerosísimos clubes de lectura que en el país son realicen una labor impagable. Es cierto que hay muchas personas que no leen. Pero no lo es menos ese ejército de lectores que cada quincena se reúnen para debatir, opinar y descubrir los entresijos de los diversos textos elegidos. Así que consideramos que somos muchos; pero debemos ser más. 

«El tiempo irá colocando en su sitio cada obra, cada movimiento, cada escritor. Por eso Galdós está más vivo que nunca»

El tiempo irá colocando en su sitio cada obra, cada movimiento, cada escritor. Por eso Galdós está más vivo que nunca. No me cansaré de repetirlo. Y, con él, tantos otros que en nuestros país han sido. Aunque de momento muchos de ellos estén escondidos tras una tupida cortina, en algún momento caerá el telón para devolvernos la Literatura verdadera. Cuando las pantallas dejen de invadirnos y la vida privada regrese a su estado natural, volveremos a descubrir a los escritores clásicos: esos que no saben de modas políticamente correctas, ni de estupideces ortográficas que empequeñecen la imaginación, ni de falsas paridades ni de equilibrios políticos. Pero aún hemos de esperar. 

Por lo menos, el primer gran paso se avecina: el centenario de la muerte de Galdós; aunque a mí, la verdad, me gusta conmemorar más los nacimientos. Y sí, estimados lectores, es un paso; tal vez más grande de lo que imaginamos. Y también un gesto: el de abrir un libro para realizar lo que el ser humano lleva dentro desde hace muchos siglos: la lectura en silencio. De momento les dejo con este fragmento de Tristana, para ir haciendo boca. 

Porque la Literatura también se come. Pero, bueno, esa es otra historia.

El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte,  vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada, ni sé nada de cosa alguna. Esto es horrendo.

Aspiro a no depender de nadie ni del hombre que adoro. No quiero ser una manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; sólo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar…

— Galdós (‘Tristana’ , 1892) —