Los muñones y lo inefable

Echedey Medina Déniz

Echedey Medina Déniz (Moya, 1994) cursa el Grado en Lengua Española y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Si bien hace relativamente pocos años que ha descubierto la poesía modernista de sus paisanos, se confiesa desde su infancia un admirador inconsciente de la sensualidad de los juegos florales del bosque umbrífero de Doramas, donde pasó sus años de niño jugando. Aún sin abandonar el juego, se ha sumado ahora a una aventura literaria que pretende ser el camino para ser partícipe de la fiesta de la vida, pues cree lo que dice Osho: «Conózcanse a sí mismos pues el camino es hacia adentro». Aunque cursó un primer año en el Grado de Historia, supo pronto que su amor siempre había sido la filología. Fue miembro del grupo literario El Paseo de los Flamboyanes y actualmente es miembro del grupo literario Palma y Retama, junto a otros compañeros de carrera.

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« Hermoso es no tener lo que se tiene, nada de lo que es fin para nosotros, es fin,
pues que se vuelve contra nosotros, y el verdadero fin nunca se nos vuelve»
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—Juan Ramón Jiménez

Siempre quise escribir un poema digno sobre los muñones. Los astros no han sido propicios hasta ahora, y la fortuna me ha guiñado con falsas joyas del encantamiento, la posibilidad de algunos muñones escondidos en lemas, en símbolos o en árboles, en frutos inútiles y frustrados de esta corta e inefable voz poética. Los días han sido muy generosos conmigo y sin embargo solo he podido ponerle palabra a algunos ángeles caídos, ángeles voraces y brutales de la creación que han podido flechar la llaga de escribir desde una mano con dedos, por bruta que sea la paradoja. Hay una Venus amordazada por cada silencio que me hace manco. Según las pitonisas, muchos de los augurios de nuestra vida se pueden leer en la palma de la mano. Yo estoy tan lleno de llanuras como de interrogantes. Este muñón mudo muestra apenas alguna línea abortada. ¿No presento entonces ningún destino o es que no se ha dado aún el tiempo de mi escritura infinita? Los posos del café son para mí los botes de una pelota que no ha caído, y la curva de esta honda caída es como una enorme expectativa.

«el ejercicio de la poesía debe ser un espejo, o al menos para mí es lograr lo inefable con sospechas, con intuiciones y con estafas»

Pero el ejercicio de la poesía debe ser un espejo, o al menos para mí es lograr lo inefable con sospechas, con intuiciones y con estafas, todas las trampas posibles para darle voz a la materia, a la piel y a la carne que no poseo. Estos cinco dedos de mi mano izquierda han sido durante veinticuatro años una atroz terapia que cada día se conforma con su propia ética, con su propia naturaleza no palpable y sin embargo sintiente. El amor por estos dedos frustrados es el mayor desafío poético de mi vida y a la vez es el más grande reto de crítica literaria al que me podré enfrentar en toda mi existencia. Si la vida no puede ser más que descubrir un camino interior, toda mi vida será un intento febril por lo inefable, por darle flor a la llanura calcinada de este muñón que ha dado, da y dará sombra a la silueta parcializada de mi voz, la llanura carnal de este intento por dar voz a lo mudo, a lo inefable. No sé si esto que escribo debiera ser escrito, no sé si es que esto es prosa poética o algo testimonial. No me importa. Siempre quise escribir sobre muñones, pero nunca me sale en verso, ya lo decía.

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