¿Coincidencias literarias?

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

 

 

 

 

¿Las coincidencias en literatura son sinceras? ¿O son simples copias y esperemos que nadie se dé cuenta? Es muy difícil saberlo. De momento nos vamos a comportar como un juez instructor: primero, los datos:

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

Así empieza la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, como muchos de ustedes conocen. Sin embargo, tengo para mí que algunos ilustres escritores también se han fijado en ella, que no copiado, y su parecido es ciertamente notorio. O casi:

«Muchos años después, quienes lleguen a enterarse de la verdad se esforzarán por recordar aquella tarde, por volver a verla sobre el escenario de aquel teatro, y lograrán rescatar imágenes sueltas, aquella sonrisa que no le cabía en la boca, su manera de abrazar a los compañeros que estaban arriba, a su lado, cogiéndoles por los antebrazos con fuerza para mirarles a los ojos, y poco más nada, en realidad, porque trataba a Antón igual que a los demás y era ella misma, el mismo moño, la misma blusa holgada, la misma falda informe, y aquel luto perpetuo, imaginario, pura propaganda, más allá de la dolorosa ausencia de esos cuatro hijos que se le habían muerto son llegar a saber quién era su madre».

— Almudena Grandes, ‘Inés y la alegría’ (Tusquets Editores, Barcelona, 2010) —

«Muchos años después, los veintitrés invitados allí reunidos para celebrar la ocasión habrían de volver la vista atrás y recordar aquella víspera histórica del día en que Fermín Romero de Torres abandonó la soltería».

— Carlos Ruiz Zafón, ‘El prisionero del cielo’ (Planeta, Barcelona, 2011) —

«Muchos años después, bien entrado en la edad adulta, rememoró aquel periodo de su adolescencia y pensó: Exilio en las habitaciones de casa».

— Paul Auster, ‘4321’ (Seix Barral, Barcelona, 2017) —

Los ejemplos anteriores, en principio, parecen encontrarse. Pero bien pudiera tratarse de una simple concurrencia. Y todo esto me pasa por tener la manía de leer y fijarme tanto en las oraciones. Creo que se llama deformación profesional. O algo así. En cualquier caso, solo deseo mostrar: la interpretación última la tienen ustedes, inteligentes lectores; que es como debe ser.

En cambio, existen otras coincidencias literarias que, a nuestro modestísimo interpretar, son totalmente intencionadas y están hechas, quiero imaginar, como homenaje a los maestros. Verbigracia, Cervantes y Galdós. Todo lector que se precie conoce perfectamente el principio del Quijote:

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

— Miguel de Cervantes Saavedra, ‘Don Quijote de la Mancha’ (RAE, Barcelona, 2015) —

Pues bien, nuestro querido, y admirado, Benito Pérez Galdós comienza su Tristana de la siguiente forma:

«En el populoso barrio de Chamberí, más cerca del depósito de aguas que de Cuatro Caminos, vivía no ha muchos años un hidalgo de buena estampa y nombre peregrino, no aposentado en casa solariega, pues por allí no las hubo nunca, sino en plebeyo cuarto de alquiler de los baratitos, con ruidoso vecindario de taberna, merendero, cabrería y estrecho patio interior de habitaciones numeradas».

— Benito Pérez Galdós, ‘Tristana’ (Alianza Editorial, Madrid, 1983) —

¿Coincidencias? ¿Casualidades creativas? ¿Homenajes? Posiblemente las distintas opciones confluyan.

Pues yo, la verdad, no sé qué decirles. El mismo García Márquez había señalado que ese principio de Cien años de soledad tenía la sensación de que ya lo había escrito Rubén Darío. O algo así.

Llegados a este punto, da igual. Todos son excelentes novelistas y nos han regalado un puñado de palabras que nos han hecho soñar y avanzar, y crecer, por los caminos, a veces, enrevesados,  de la literatura.

Y en todos ellos nos hemos tropezado con la esperanza.

Puedes comentar este artículo en nuestra página de Facebook: