Carta a la mujer que seré en el futuro

Elizabeth López Caballero

Elizabeth López Caballero  (Las Palmas, 1985). Es profesora especialista en Audición y Lenguaje,  y Mediadora. Además, preside la Asociación Contra el Acoso Escolar de Las Palmas  (ACAELP). Es autora de ‘Sí, los ángeles también lloran’, ‘En tierra de demonios’ y ‘La niña de la luna’, en esta última aborda el tema del ‘bullying’. También es colaboradora de ‘La Provincia’, donde publica artículos de opinión en su columna: ‘El lápiz de la luna’.

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Hola, yo del futuro. No sé qué habrá sido de nosotras, si la que fui se habrá perdido en el camino y la que anhelaba ser ha llegado a la meta.

No sé cómo serás cuando leas esto, si te acordarás de mí, de la que fui, de la que soy mientras te escribo.

Espero que en el futuro te hayas encontrado a ti misma, ya que no hemos parado de intentarlo en el pasado y en el presente.

Espero que sigas siendo auténtica. A veces demasiado desbocada, como una yegua salvaje. Pero es que tú eras así, impredecible dentro de tu transparencia.

Espero que hayas aprendido a recomponerte… Fueron tantas las veces que nos rompieron y tantas las que quedan por rompernos, pero recuerda que cada roto —con su zurcido— te hará más resistente.

«no escuches a todos aquellos que te gritan que no puedes, que no lo conseguirás»

Espero que te hayas vuelto sordaciega. No del todo. Sólo de una sordoceguera selectiva, para que no escuches a todos aquellos que te gritan que no puedes, que no lo conseguirás. Para que no veas cómo te ponen una y otra vez la zancadilla. Para que no los creas. Para que no sufras…

Amargados habrá también ahí, en el futuro. Y ya te digo desde el pasado y el presente, que el problema no eres tú, que esa mierda es suya.

Ya te aviso, desde aquí, que nadie muere de amor, aunque cada vez que te rompan el corazón sientas que se te escapa la vida entre las grietas del alma. Que las decepciones nunca vienen solas, y que los jamás se vuelven siempre.

Espero que no hayas dejado de luchar por tus sueños. Hasta ahora no nos ha ido mal, me permito adelantarte que alguno hemos conseguido…

«no abandones tus principios»

Es para mí importante, para nosotras, que no abandones tus principios. Da igual si están pasados de moda, da igual si ya nadie los usa. Tú aférrate a ellos: son un tesoro muy valioso, aunque la gente los pierda o los venda —se venda—.

También quiero revelarte un secreto, tómalo como una premonición, ¿te acuerdas de todas aquellas noches que pasaste llorando porque te fallaron? Fue el mejor regalo que pudieron hacerte. Después de la traición no está el suelo, sino el cielo.

Espero que no te hayas olvidado de bailar al son de la melodía de tu risa, y de abrazarte fuerte. Tus abrazos son los más verdaderos que recibirás.

«siéntete merecedora de todos los regalos de la vida, que a ratos es generosa y a ratos egoísta»

También quiero aprovechar —antes de despedirme— para hablarte de la envidia. Está por todos lados: a veces te la encontrarás en forma de mariposa —disfrazada de belleza— y te será difícil identificarla; otra veces se delata —vestida de maldad—; de un modo u otro siempre te hará daño, por eso es importante para mí que recuerdes que el envidioso no quiere lo que tú tienes, lo que quiere es que tú no lo tengas, así que siéntete merecedora de todos los regalos de la vida, que a ratos es generosa y a ratos egoísta.

¡Ah!, me olvidaba del miedo, quizá por miedo a hablar de él. Estará presente siempre. Intentará alejarte de todo lo que sea bueno para ti. Su jugada maestra es boicotearte, hacerte dudar. ¡No caigas en sus redes! Si te atrapa no habrá vuelta atrás. Yo he ido escapando, por favor, en el futuro no me decepciones.

Yo del futuro, espero que cuando llegue ahí te sientas orgullosa de ti, de mí. Que las heridas sean el recuerdo de que hemos peleado por llegar lejos, algo así como hasta la luna.

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