Poemas de Chile

Echedey Medina Déniz

Echedey Medina Déniz (Moya, 1994) cursa el Grado en Lengua Española y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Si bien hace relativamente pocos años que ha descubierto la poesía modernista de sus paisanos, se confiesa desde su infancia un admirador inconsciente de la sensualidad de los juegos florales del bosque umbrífero de Doramas, donde pasó sus años de niño jugando. Aún sin abandonar el juego, se ha sumado ahora a una aventura literaria que pretende ser el camino para ser partícipe de la fiesta de la vida, pues cree lo que dice Osho: «Conózcanse a sí mismos pues el camino es hacia adentro». Aunque cursó un primer año en el Grado de Historia, supo pronto que su amor siempre había sido la filología. Fue miembro del grupo literario El Paseo de los Flamboyanes y actualmente es miembro del grupo literario Palma y Retama, junto a otros compañeros de carrera.

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Nota: Los poemas que se presentan a continuación no tienen interés por ser poemas líricos, pues su voluntad, como la voluntad del autor, y según él, la de la poesía, es ser cambiantes y eternos, niños inocentes rodando por los cerros de Valparaíso. Se advierte al lector que el autor ha tomado mucho vino al escribirlos, es probable que eso no sea académico. Tampoco es académico decir que la poesía es algo que se recoge en la calle.

«No sé si se me entiende. Lo que quiero decir es otra cosa».
—Nicanor Parra

1

Cuando llega la noche de las máscaras
todos nos subimos a un viejo metro rojo
y entre ladridos de perros abandonados,
vamos desdibujando de la frágil memoria:
un ocaso dorado en Plaza de Armas,
un lento crepúsculo como quedarse ciego,
las farolas de melancolía de Ñuñoa
(dicen que ”nuño” significa amamantar).
de todo esto y de nada nos habla la poesía,
pero en el ritmo frenético del gran Santiago
hay una terrible nostalgia
de no poder ser capaz con el lenguaje.

2

Alameda, nervio central
bajo el que se desangra
el corazón asustado de los peucos y las pololas.

3

Hallulla, dulce seno de harina,
déjame reposar mi origen hispano
en tu redondez austral bronceada,
déjame mostrarme tal cual soy ante ti, sencilla y abierta,
como una mano sin dedos.

4

Palta,
negro corazón al que otros llaman
aguacate.
Apareces cual tortuga en el plato
y el hombre se mira el ombligo antes de abrirte
para preguntar a la serpiente que se come su cola
por tu vientre de hueso y silencio.
También yo debo descascararme algún día,
dejar el orificio verde
y andar derecho,
derecho
hacia el olvido.

5

Choclo,
ramificación de la raza,
en uno de tus granos cabe toda la espiritualidad.
Desde la maternidad de la Ñuke Mapu
te presentimos como un parto.
Después nacieron puros los hombres del maíz,
y te desgranaste lentamente
hasta reventarte en los fundos,
resignada a las cariñosas hambres
del patrón.

6

Cueca del desapego (homenaje a La Jardinera, de Violeta Parra):
Para valorarte más
voy a destruir el nido,
el grano, el huevo, el zorzal,
para comenzar tranquilo.
Aquí voy a demostrar toda mi valía,
la fuerza que descubrí
cuando no me conocía.

Estribillo:
Para la nostalgia la tinta azul,
gracias a la vida por el dolor
y para probarme la independencia
de la conciencia fluyó el amor.

Plantando iré poco a poco
mis nuevas alegrías,
confianzas, dudas y miedos
y también mi cobardía.
Así te voy a llamar
la cueca del desapego,
empiezo pronto a cantar
para terminarla luego.

Estribillo:
Para mi confianza
la tinta azul,
quererse a uno mismo
para el amor,
y para probarme la independencia
de la conciencia fluyó el amor,
Si he vivido, mucho, poquito, nada
ya lo sabré en la posterior.

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