Un Ulises, dos Ítacas

Una Lectura de 'Viaje', de José Antonio Lago

 

Cecilia Domínguez
Foto: Carlos Prieto.

Cecilia Domínguez Luis (La Orotava, 1948) es licenciada en Filología Hispánica. Premio Canarias de Literatura 2015 por su larga trayectoria literaria, es autora de más de una veintena de libros. Se prodiga en poemas, pero también se ha dedicado a la  narrativa y al cuento infantil, siendo este uno de los objetivos que más la incentivan. Primera mujer en acceder a la presidencia del Ateneo de La Laguna (entre 1999 y 2001), ha sido también una de las primeras escritoras en ingresar en la Academia Canaria de La Lengua, a la que pertenece desde 2011. Nombrada miembro del Instituto de Estudios Canarios en 2013, sus obras han sido traducidas a varios idiomas, como el francés, el rumano y el alemán, y ha participado como ponente en diversos congresos nacionales e internacionales de lengua y literatura, así como en encuentros de poesía, dentro y fuera de las Islas.

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El viaje es un tema recurrente en la literatura. Desde la Odisea, muchos han sido los Ulises que se han hecho al mar, que bien puede ser el que contemplamos los isleños desde nuestras atalayas, o un viaje a ese mar interior que es uno mismo y que, como en el real, nos vemos sorprendidos, a veces por la tormenta de vivir.

Viaje, el libro de poemas de José Antonio Lago, publicado recientemente por la editorial Idea-Aguere, participa de estas dos visiones.

Por un lado, está el reconocimiento de un doble territorio al que pertenece: Cuba, su lugar de nacimiento, y Canarias el lugar destinado para vivir y, como todo trasterrado, el poeta experimenta esa mezcla de identificación con el espacio en el que ahora vive, y la nostalgia del lugar donde ha vivido

De ahí que el paisaje sea también una mirada a su propio e íntimo paisaje, en una búsqueda de identidad que lo defina, ante todo, como hombre insular, con todo  lo que eso conlleva. Da igual que la isla sea caribeña o atlántica porque, en el fondo, son la misma isla, aunada en el discurrir cotidiano del poeta.

Tal vez por eso, este Viaje sea circular. Es decir, empieza en la misma estación —verano— en la que termina. Pero no es solo un círculo estacional sino y sobre todo, vital.

Así en su primer poema, titulado Conteo, empieza:

Sentado,
en la negra
pero resplandeciente arena
de esta playa del norte…

Y su poema último termina juntando conchas que no existen en la Playa del  Sur.

Y es que, su inmensa sed de isla es también el deseo de unir lo que dejó atrás, con lo que el mar, como las naranjas de la copla popular le ofrece.

Pero sea cual sea la estación del año y el paisaje del que se rodea, el poeta, como bien dice Antonio Arroyo en su excelente prólogo al libro, «siempre verá su entorno como una prolongación de ese mar omnipresente, ese mar que define la isla y al poeta».

«Y ese dejar que sea el paisaje quien hable, a través del poema, hace que el lenguaje, libre de cualquier artificio, sea directo»

La casa frente al mar, Los pescadores…, la Primera nieve, todos y cada uno de los poemas oscilan entre la posesión del paisaje y el paisanaje, y el proceso de liberarlos de sí mismo, para que adquieran vida propia, diga y comunique, a pesar de esa inevitable presencia de un yo que contempla y vive, y que espera no llegar solo / al abrazo de la primera nieve.

Y ese dejar que sea el paisaje quien hable, a través del poema, hace que el lenguaje, libre de cualquier artificio, sea directo, y que por eso, lejos de perder potencia, la acentúa. Porque esta economía en el lenguaje se plantea como un reto del propio poeta que pretende que sea la palabra justa, sin rodeos innecesarios, la que lo defina.

De ahí que algunos poemas, como Temporal, Certeza o Primavera, estén construidos con una única palabra por verso.

Así, en su poema Certeza:

Todo lo
que
pronuncia
la
lluvia
permanece,
tras
su
marcha,
como
canto
indeleble
en
el
recuerdo
de
la
tierra.

José Antonio Lago, como los pescadores, lanza la red de las palabras, no solo para atrapar a los habitantes marinos sino para todo aquel que se acerque a su poesía y que, afortunadamente, correrá el riesgo de quedar atrapado por ella.

Ignoro si a este Ulises que viaja a través de la memoria y de los sueños lo espera una o dos Ítacas, pero sí que lo importante es ese itinerario vital que une dos islas lejanas en el espacio pero muy unidas en los afectos.

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