Tomás Morales y Rosa de Felipe

A propósito de la exposición de Rosa de Felipe en Moya

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

Tomás Morales ha invitado a la pintora Rosa de Felipe a su casa en Moya. Y allí pasarán unos días en continua y animada charla, casi perfecta, donde los espacios compartidos vienen a enriquecer el lugar y a concederle aún más profundidad.

Rosa de Felipe se ha adueñado de las paredes medio vacías, compartiendo con el poeta, pero sin invadir, los espacios en los que hay que mirar. Y escudriñar. No es Rosa de Felipe, en sus propuestas ilustrativas que acompañan la antología ilustrada que le ha regalado a Tomás, una artista superficial y ligera; todo lo contrario. Ella misma ha declarado: «Los versos del poeta han sido mi morada durante la elaboración de las ilustraciones». Y ahora lo que hace Tomás es devolverle y regalarle la suya para que se reponga y la disfrute. Y para que los visitantes de estos días confirmen no solo la existencia de Tomás, más vivo que nunca, sino la grata presencia de una artista de altura, de delicado trazo y profundas sugerencias y tonalidades. Rosa de Felipe escribe con colores y líneas trabajadas y buscadas en su interior, donde la inspiración y la tenacidad y sinceridad se unen para ofrecer nuevas visiones. Tomás, en cambio, pinta con palabras. Tenemos la simbiosis perfecta.

A los 133 años del nacimiento del poeta, Tomás sigue sumando amistades: no puede parar. Tampoco lo desea. Ahora que no está presente está más presente que nunca. Es lo que tiene la literatura. Y la pintura. Por eso, en las próximas semanas, Tomás y Rosa vivirán un idilio artístico: el preciso y necesario para no invadir sus respectivas intimidades ni sus personalidades definidas. Luego cada uno seguirá su camino. Seguramente Tomás invitará a otros artistas a su casa. Y Rosa de Felipe volverá a su peculiar mirada en otros lienzos y otras propuestas. Al final los dos hacen lo mismo: palabras nuevas con el fin de renovar lo viejo. Y palabras debe entenderse en sentido amplio porque los colores y las líneas dibujadas, y seleccionadas entre otras que se han descartado, también son palabras que dicen. Y está bien que lo nuevo se una a los versos de Tomás. Al final, ganan ellos y ganamos todos nosotros.

Porque sus palabras, las de los dos artistas, de sinceras que son, sirven para traspasar el tiempo y acaso detenerlo. De lo que se infiere que la Literatura y la Pintura detienen los momentos y los agrandan.

Un milagro como otro cualquiera que, inteligente lector, podrá disfrutar hasta el próximo 31 de octubre en la Casa Museo Tomás Morales, en la Villa de Moya. No se la pierda.

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