Algo de valor

(Cuadro para microteatro)

 

Miguel Ángel Martínez (Pontevedra, 1974) es profesor de enseñanzas medias y universitaria y dramaturgo. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y máster en Escritura Dramática por la Universidad de Alcalá, imparte docencia en el IES Pérez Galdós Bachillerato y en el Centro Asociado de la Uned en Las Palmas de Gran Canaria. Ha publicado varios libros de poesía: ‘Filosofía de octubre’ (1997, Primer Premio de Poesía del VI Certamen Juventud y Cultura del Gobierno de Canarias), ‘Llanura abisal’ (1999), ‘Testamentos del mar nuestro’ (1999, Accésit del Premio Tomás Morales de Poesía 1998), y ‘Arquitectura del silencio’ (2001, Primer Premio de Poesía del Certamen Literario Juventud y Cultura 2000 del Gobierno de Canarias y Premio Pedro Marcelino Quintana 2000). También ha obtenido el Primer Premio del X Certamen Lírica Joven Ciudad de Telde, ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía de Peñaranda de Bracamonte 2002 y Mención de Honor en el I Certamen Internacional de Poesía Libertad y confraternidad. En el género narrativo ha sido galardonado e incluido en ‘Vuit relats per un món millor. Els relats del Milleni’, 2011. Como dramaturgo ha escrito en colaboración la obra Insulario y ha ganado el I Certamen On line de Escritura Express del Ateneo de Santa Lucía (2011). Por la obra ‘La cabeza de Asterión’ obtuvo el primer premio del II Concurso de Dramaturgia La Jarra Azul (2011), el primer premio nacional de Textos Dramáticos por la ‘Igualdad Dulce por Amargo’ concedido por la Escuela Superior de Arte Dramático y Profesional de Danza del Principado de Asturias (2012) y el primer premio de Teatro Buero Vallejo del IX Certamen Literario Cide Hamete Benegeli (2016, Universidad de Alcalá). Además ha sido accésit del XVII Premio Internacional de Teatro de Autor Domingo Pérez Minik por la obra ‘Corredera’ (2014); ganador del I Certamen de Textos Teatrales Escena Canaria (2015) con la obra ‘Números redondos’; ganador del I Certamen Internacional de Textos Dramáticos Juan Luis Galiardo (2016); ganador del XIII Certamen Internacional de Teatro Mínimo AmimaTsur (2016) por ‘Hotel Florida. Habitación número 10′; acésit del VI Concurso Internacional de Textos Teatrales Villa de Hecho (2016) por ‘Insectario’ y XXVI Premio Astoria de Escritura Teatral por ‘El rompeolas’. Ha sido seleccionado como dramaturgo del Proyecto para el Laboratorio de Escritura Teatral Canarias Escribe Teatro (Nuevas Voces) LET 2016.

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«¿Cómo puede el nuevo mundo lleno de confusión e ilusiones y cegado por frases idealistas ganar contra la férrea combinación de hombres habituados a dirigir las cosas y que solo tienen una idea que les hace mantenerse unidos: la de preservar lo que poseen?» —John Dos Passos

 

PERSONAJES
DICK, 28 años.
HENRY, hermano de Dick, 32 años.
MICHELLE, 26 años.

 

A un lado de la escena, DICK, teniente médico del ejército de los Estados Unidos. Está sentado en la habitación de un hotel con ventana al exterior. Lleva un brazalete de la Cruz Roja. Con la mirada ausente, tiene entre sus manos una carta. Una mujer permanece a oscuras en el extremo contrario del espacio. La acción transcurre en París, un día de febrero de 1945. Atardece.

VOZ DE MUJER: Queridísimo Dick, Te escribo desde la soledad del cuarto de la guardia de enfermería de un horrible hospital a mil kilómetros de ti. Te quiero muchísimo. Tenemos que vernos enseguida. Me pregunto qué dirán papá y Buster si vuelvo a Texas con un marido tan apuesto como tú. Al principio se pondrán furiosos, pero te aseguro que se les pasará enseguida. No quiero seguir trabajando en Bolonia. Ahora que el final de la guerra está cerca solo quiero viajar por Europa y ver cosas antes de volver a América. Lo único que me gusta de aquí es el ramillete de ciclámenes de mi mesilla de noche. ¿Te acuerdas de aquellos ciclámenes rosa tan bonitos? ¿No sientes nunca nostalgia, Dick? No creo que la sientas. Haz que te manden a Italia cuanto antes. Tenemos que vernos enseguida…

(La voz se interrumpe cuando entra en escena HENRY, hermano mayor de DICK. Viste uniforme americano de soldado raso de infantería.)

HENRY: ¡Qué hay, Dick! (DICK se incorpora, guarda la carta en uno de sus bolsillos del pantalón y dándole la espalda finge mirar por la ventana. HENRY se sienta donde estaba su hermano. Tras un silencio.) ¿Qué es lo que te pasa, chico? ¿Estás malo o algo?

DICK: No pasa nada. Solo que estoy harto del ejército.

HENRY (Sacando una petaca. Despreocupado.): Bueno… Está cantado que antes del verano los rusos o nosotros le afeitaremos el bigote a herr Charlot. (Imita el saludo nazi.) Entonces habremos cumplido con el Tío Sam y volveremos a casita hechos unos auténticos héroes. Anda, tómate un trago.

(DICK se gira y rechaza con un gesto.)

HENRY: Joder, Dick, si tienes cara de haber llorado y todo. Sigues siendo el mismo crío que metió en una caja de zapatos a la vieja y sarnosa Molly y la enterró y hasta le puso flores y se estuvo allí gimoteando hasta que madre fue a buscarte para cenar.

DICK (Se vuelve. Duro.): ¿Quieres callarte la boca de una vez?

(Silencio. HENRY toma un trago de la petaca.)

HENRY: Oye, Dick, tengo problemas. Tienes que ayudarme. Ya sabes que yo he roto más de una nariz por meterse con mi hermano pequeño…

(Silencio. DICK le interroga con una mirada entre dura y resignada.)

HENRY: ¿Te acuerdas de aquella chica que se llamaba Michelle, la que trabajaba en el guardarropa de la ópera? (DICK asiente.) Bien, pues anda diciendo por ahí que está preñada y que el orgulloso padre soy yo. ¡Es absurdo!

DICK: Bueno, a veces pasan esas cosas, Henry.

HENRY: Claro, joder, pero lo que también pasa es que no quiero casarme con ella, ni mantener a lo que tenga. Sería una estupidez. (Pausa.) Quién me dice a mí que ese niño es mío de todas todas. Vete tú a saber. (Pausa. Se toma otro trago. Con ansiedad creciente.) Esa petit zorrá dice que va a escribir al general Pershing. A algunos soldados los mandaron veinte años a la trena por violación a población civil no beligerante. Veinte años, figúrate chico, y con la guerra a punto de acabarse. Es completamente absurdo.

DICK (Amargo.): Una vez hasta fusilaron a dos en mi unidad. Se les fue la cabeza y la mano con un par de campesinas napolitanas. Después del Consejo de Guerra me tocó arreglar todo el papeleo de las defunciones.

HENRY: Vete a la mierda. (Se levanta para marcharse. Da la espalda a su hermano. Vuelve sobre sus pasos.) Oye, Dick, está bien, la he cagado, pero tienes que echarme una mano. Quiero que hables con ella. Tú sabes parlez-vous mejor que yo, además, eres teniente… (DICK lo mira largamente, dando a su hermano por imposible.) Tienes que sacarme de esta, hermano. Te juro que no te pediré nada más en la vida.

(Silencio.)

DICK (Rindiéndose.): De acuerdo, pero estoy tan cansado. (Se va a poner la guerrera, pero su hermano se anticipa y le ayuda.) ¿Cómo andas de pasta? El franco baja sin parar. A lo mejor le podemos dar algo a esa chica para que se arregle de momento, y como nos iremos pronto, luego estarás lejos para el chantaje.

(HENRY baja la cabeza.)

HENRY: Da vergüenza que uno tenga que confesar una cosa así a su hermano pequeño, pero hace dos noches me limpiaron al póquer. Estoy sin blanca.

(Después de observar a su hermano, DICK busca una cartera en algún lugar y se la mete en el bolsillo de la guerrera.)

DICK: ¿Dónde podemos encontrarla?

HENRY: Termina de trabajar a las ocho y media.

(Se hace el oscuro en la habitación mientras DICK y HENRY se dirigen y se encuentran con la mujer que sale de la penumbra. Ha anochecido.)

HENRY: Hola, Michelle. Este es Dick, mi hermano. Te lo presenté un día en la Brasserie Weber…

(Silencio.)

DICK: Buenas noches, mademoiselle. Henry me ha puesto al corriente de la delicada situación en la que se encuentra. (MICHELLE mira unos instantes a HENRY, que es incapaz de mantenerle la mirada.) Mire, Michelle, mi hermano no puede casarse con una mujer extranjera. Es natural que haya podido perder la cabeza por usted, pero pronto lo licenciarán y deberá cumplir con compromisos de famille… Ya me entiende. De todos modos, en nuestro país no gozaría usted de una posición desahogada. Henry volverá a su mesa de delineante. ¿Sabe usted lo poco que paga un arquitecto en Norteamérica a un delineante? Con la révolution mondiale a punto de estallar, a la chute du franc le seguirá la caída del dólar y se acabó la vie chère. Créame, con semejante panorama lo mejor es no remover las cosas. No llevarlas demasiado lejos inútilmente. Ya está bastante difícil la vida como para echarse encima más problemas, sobre todo cuanto todavía se está a tiempo de ponerles remedio. (Saca la cartera del bolsillo. De su interior extrae un fajo de billetes junto con una tarjeta. Lo ofrece a la mujer.) Son mil francos. Y la dirección de un doctor de máxima confianza. Discreción y seguridad absolutas. (Pausa.) Acepte nuestra ayuda, por favor.

(Silencio. MICHELLE vuelve a mirar largamente a HENRY, que se ha apartado levemente y desentendido del diálogo poniendo los ojos en cualquier sitio. Al final, como perro apaleado, observa un instante a la mujer. Entonces, ella se dirige a DICK con marcado acento francés.)

MICHELLE: Tiene usted razón: un mundo demasiado miserable para añadirle otra víctima inocente. (Pausa.) Pero no pienso abortar. No sé lo que le habrá contado su hermano sobre mí, pero pueden marcharse tranquilos. Yo no quería ni su apellido ni su América. Yo solo quería algo de valor. (Pausa.) No sé si me entiende. (Pausa.) En cambio, ustedes me dan todo lo que tienen: mil francos. (Pausa.) Pobres. (Coge el dinero y la tarjeta. Mete el dinero en el bolso y se queda con la tarjeta en la mano.) Pobres hombres a los que ya no les queda nada. (Se vuelve hacia HENRY. Su rostro refleja toda la fuerza y la dignidad de una verdadera victoria. Le pone la tarjeta en el pecho. El hombre la toma torpemente. A HENRY, con ironía y compasión infinitas.) Merci.

(MICHELLE vuelve a su lugar en la penumbra. HENRY queda también solo en la oscuridad, mientras DICK vuelve a la habitación del hotel, que se ilumina. Está agotado. Se quita la guerrera y saca la carta del bolsillo del pantalón. La desdobla y le echa una ojeada. Vuelve a mirar por la ventana. De nuevo se escucha la voz de mujer.)

VOZ DE MUJER: ¿No sientes nunca nostalgia, Dick? No creo que la sientas. Haz que te manden a Italia cuanto antes. Tenemos que vernos enseguida. Sucede algo que va a cambiar mucho nuestras vidas. Estoy terriblemente preocupada, pero tengo plena confianza en ti. Es difícil ser mujer, Dick, aunque sé que eres un hombre de honor. Haz lo que quieras, pero no me olvides. Te quiero tanto que si no vienes pronto quizá deje todo esto y me presente en París a verte. Siempre tuya, Anne Elizabeth.

(Se hace el oscuro sobre DICK.)

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