La ciudad tendida

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

 

«La bahía espejeaba. Una niebla de luz difuminaba los contornos de los buques anclados y de algunos veleros con las inútiles velas lacias. La ciudad de Las Palmas, tendida al lado del mar, aparecía temblorosa, blanca, con sus jardines y sus palmeras.

El gran puerto había conocido días de más movimiento que aquellos de la guerra civil. De todas maneras, cajas de plátanos y tomates se apilaban en los muelles dispuestas al embarque. Olía a paja, a brea, a polvo y a yodo marino».

— Carmen Laforet, ‘La isla y los demonios’ (Destino, 1970) —

Ahí, abajo, está Las Palmas de Gran Canaria (…) La ciudad de la luz y los despojos. Ahí, tendida junto al mar, está una ramera haciendo la siesta, una apuesta contra el tiempo, una pregunta balbuceante».

— Alexis Ravelo, ‘El peor de los tiempos’ (Alrevés, 2017) —

«Durante el verano, los jueves y los domingos por la noche, cuando había paseo con música en la Alameda, acostumbraba a pararse con sus dos tías por fuera de la verja, para oír las polkas, los valses y las fantasías de la banda municipal y contemplar el desfile sempiterno de las mismas personas, todo el señorío atlántico, mil veces visto y mil veces comentado».

— Luis y Agustín Millares Cubas, ‘Antología de cuentos de la tierra canaria’ (Biblioteca Básica Canaria) —

A la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria no solo la podemos apreciar en las viejas fotografías que ahora desbordan la Red, y acaso grabamos compulsivamente, sino también en los textos de nuestros escritores, donde su imagen se instala en nuestra imaginación, casi desbordándola, aunque, en ocasiones, venga disfrazada con otro nombre.

Tenemos, y disfrutamos, una ciudad literaria. A poco que prestemos atención podemos descubrir en ella, paseando, a los escritores que un día fueron en los alrededores del Museo Canario o en las callejuelas de la Catedral y, para los más incisivos, también a algunos de sus personajes. La ciudad, como elemento aglutinador, no solo marca a los personajes y los caracteriza sino que sirve para situarlos en un lugar concreto, en un espacio que aún hoy podemos reconocer en los primeros escritores. Y, por supuesto, en los más recientes, sobre todo, los de novela negra.

Así, en las distintas lecturas antes reseñadas, apreciamos diferentes momentos y costumbres. Desde la simple descripción hasta su estado anímico, mezclado en armonía con el protagonista. En ellos vemos un clima concreto que se agranda en el resto del relato y que abre una expectativa al lector: que la acción sea más creíble.

«Acostumbrados a la literatura española y extranjera, parece que cuando la historia se desarrolla en nuestro espacio tiende a reducirse, si no a menospreciarse»

Y no por ello hablamos de costumbrismo, donde, aparentemente, se minusvalora lo escrito. Acostumbrados a la literatura española y extranjera, parece que cuando la historia se desarrolla en nuestro espacio tiende a reducirse, si no a menospreciarse. Y no debería ser así. Nuestro espacio, nuestras calles, nuestra ciudad es tan universal como cualquier otra. Verbigracia, hay excelentes novelas norteamericanas (muchas, posteriormente, convertidas en películas) que nos presentan relatos muy cercanos a su propia realidad; sin embargo, no las solemos tachar de costumbristas o localistas. Es verdad que la metrópoli ejerce su poder y su influencia y, nosotros, aquí, en la lejana provincia culturalmente conquistada, siempre estamos mirando hacia afuera. Así que no entendemos por qué hemos de minusvalorar lo nuestro y aceptar las profundas sensaciones del espacio norteamericano, por ejemplo. ¿Por qué uno es universal y el otro no? Tal vez porque no queremos dar importancia, sin apenas ser conscientes, a lo que por aquí se escribe. En fin, no sé ni lo que me digo. Yo solo quería señalar que nuestra querida ciudad es muy literaria. Y los ejemplos antes reseñados son solo una mínima muestra. Seguro que ustedes, inteligentes lectores, conocen otros más elocuentes. Así debe ser.

Carmen Laforet, Alexis Ravelo y los hermanos Luis y Agustín Millares Cubas, además de consolidar una visión particular de los espacios, configuran una estructura novelesca que da sentido a sus particulares visiones de la realidad que nos quieren mostrar. Diferentes momentos, distintas épocas y una misma ciudad, que crece, cambia y se transforma; que siempre es la misma y siempre diferente: Las Palmas de Gran Canaria.

Vivimos en una ciudad tendida, donde su visión desde el barco que nos acerca amplía la llanura del mar y las lejanas montañas parecen querer arroparla en su eterna protección. Sí, es una ciudad tendida a todo y a todos; por eso su puerto ha sido y es tan significativo: desde él hemos progresado y con él hemos partido en busca de un futuro mejor. La ciudad tumbada se muestra con los brazos abiertos, como si estuviera descansando, y parece abrazarnos cuando salimos a su encuentro. A ver qué ciudad del planeta nos recibe con la pachorra de Las Palmas de Gran Canaria: la ciudad acostada y recostada, donde su horizontalidad nos engulle sin percatarnos siquiera de que es principio y fin del embaucador y misterioso horizonte. Fue una ciudad pequeña y, tal vez, fea; ahora es más abierta que nunca y, desde que forma parte de la literatura, ha crecido en su autoestima. Y el azul que la rodea no solo la engrandece sino que, además, la reafirma en su personalidad única y diversa.

Por eso la literatura nos abre la mente y nos anuncia la aventura próxima: la ciudad alargada y yacente.

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