‘Y tú serás el río’- Cecilia Domínguez Luis

 

El delicado río narrativo

Juan Ferrera Gil

Juan Ferrera Gil (Arucas, 1956) es licenciado en Filología Hispánica. Sus primeros relatos se publicaron en ‘El cartel de las letras y las artes’ del desaparecido ‘Diario de Las Palmas’. De 2005 a 2011 colabora con Arucas Digital. A partir de 2011, con infoNorte Digital, donde, además, tiene publicados dos libros digitales: ‘Relatos surrealistas en la Sala de Profesores’ y ‘El alcalde chino y otras narraciones’. También escribe en La Gaceta de Arucas y, ocasionalmente, en BienMeSabe. En distintos tiempos, Radio Arucas: ‘Cerca de las estrellas’, ‘Parque Chino’ y ‘La sorriba’. Y también editor ocasional en ‘Litteraria, Revista de literatura y opinión’.

en DRAGARIA

 

Acabo de leer Y tú serás el río y he quedado atrapado en sus páginas. La novela llegó a mis manos de las manos generosas de un amigo entrañable, allá en Los Silos. Y en cuanto empecé a leer no pude parar: el poder de las palabras de Cecilia Domínguez Luis me dejaron sin aliento, que recuperé, en parte, al final. No sé explicar cómo escribe esta autora ni cuál es su secreto; sin embargo, el Premio Canarias de Literatura otorgado en 2015 es un reconocimiento claro a toda su obra, incluso la que no había publicado cuando se le concedió el premio. Lo que sí sé es que en esta novela hay algo que te engulle y en la que el lector agradece sentirse atrapado. Quizás todo proceda de su misma naturalidad y de la aparente sencillez de su prosa, que ha encontrado el asiento perfecto en estas páginas. No lo sé y ni siquiera me voy a molestar en averiguarlo. Prefiero disfrutar de su apasionada narrativa en la que los personajes, y toda su peripecia, adquieren una sinceridad y cercanía que ahoga, pero que deja respirar.

Cecilia Domínguez Luis ha dividido la novela en dos partes bien diferenciadas, donde las distintas voces narrativas nos conducen por los vericuetos de la trama. La primera, Julia, es la voz de una mujer que lucha por la vida y que, desde su particular visión, nos introduce en la aventura: una realidad cercana y profunda. La segunda parte, Ernesto, cambia casi radicalmente: la voz del hermano de Julia es el que ahora tomas las riendas de la novela y nos habla de su vida a través de las cartas que dirige a su amada, donde las indicaciones temporales nos hacen avanzar en su recorrido hasta el final. A medida que nos adentramos vamos comprendiendo aspectos no del todo aclarados en la primera parte. Por supuesto, ésa era la intención de la autora: con inteligencia narrativa el relato se va conformando: cada piedra va encajando en la estructura del edificio narrativo que Domínguez Luis construye para nosotros. Su indudable maestría adquiere la forma de la lectura vertiginosa que provoca el deseo de saber qué pasará después. Su lenguaje, sencillo y preciso, es distinto a otros: es tan personal que solo ella ha podido escribir esta historia de valor y coraje. Y nosotros, modestos lectores, estamos muy agradecidos por el regalo que nos ofrece. Los distintos personajes, acaso reales y cercanos biográficamente a su familia, caminan en la novela con pie firme y personalidad propia: no son planos en ningún momento: tienen vida propia y desde sus impresiones más directas juegan a la confidencia con el avezado lector que, pasadas las primeras páginas, no puede dejar de leer: la historia ha entrado fuerte y firme seguirá hasta el final. Las dos partes del relato se complementan cada vez que cerramos el libro.

Realmente Cecilia Domínguez Luis domina la técnica narrativa. Y desde su aparente sencillez, trabajada y elaborada hasta el último aliento, consigue sorprendernos gratamente. ¿Por qué he tardado tanto tiempo en descubrirla? Ya se sabe que las cosas llegan cuando llegan y desde la Isla Baja, donde empezamos su lectura, comprendimos después que nos sentíamos más cerca de la escritora de lo que pensábamos. O, al menos, queremos creer que ha sido así: una ilusión como otra cualquiera.

Cecilia Domínguez Luis ha escrito una novela profunda y minuciosa, con la suficiente calidad para caminar en este mundo de vanidades y egos escritos. Queremos pensar que Cecilia Domínguez tiene los pies en el suelo y que su mirada, personal e intensa, camina perfectamente por los ríos narrativos del momento, y por sus dos orillas. Sus palabras, acaso las más cotidianas, tienen el valor de transportarnos y elevarnos, y dejarnos después en la calle de la Literatura donde su estilo se conforma y demuestra, además, su fuerza expresiva. Por eso su imaginación desbordante está a ras de suelo, como la Isla Baja.

Y fluye como un río…

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