La prima de Fanny Norcross

Tina Suárez Rojas

Tina Suárez Rojas (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) es licenciada en Filología Hispánica y profesora de Lengua Castellana y Literatura. Es autora de: ‘Huellas de gorgona’ (Premio de Poesía Tomás Morales 1996), ‘Pronóstico reservado’ (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas 1997), ‘Una mujer anda suelta’ (Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya 1999), ‘Que me corten la cabeza’ (2000), ‘El principio activo de la oblicuidad’ (Premio Carmen Conde de Poesía 2002), ‘La voz tomada’ (2003), ‘Los ponientes’ (Premio Internacional de Poesía Odón Betanzos 2004), ‘Las cosas no tienen mamá’ (2008), ‘Blas y Catalina tras el Genio de la Ciencia’ (2010), ‘Brevísima relación de la destrucción de June Evon’ (2013), ‘Delirografías de un pequeño Dios’ (2014) y ‘Así habló Sara Trasto’ (2014). Ha formado parte de destacadas antologías como ‘La nueva poesía canaria’ (Verbum, 2001), ‘Ilimitada voz: Antología de Poetas Españolas 1940-2002′ (Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003), ‘Archivo de la Poesía Española Reciente de Abel Martín. Revista de Estudios sobre Antonio Machado’ (2003) o ‘Cambio de siglo. Antología de Poesía Española 1990-2007′ (Madrid, Hiperión, 2007), entre otras. Ha participado en recitales poéticos y revistas literarias nacionales e internacionales en las que ha sido traducida al italiano y al portugués.

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«Vivía rodeada de personas mediocres»
—Natalia Ginzburg – Boston, 28 de agosto de 1876

 

Querida Bonnie Sue:

El viaje de regreso a Boston ha resultado agotador, créeme, no obstante aquí me encuentro otra vez en la casa paterna, aunando fuerzas para retomar mis afanes después de los días de asueto que tan bien le ha venido a esta insobornable migraña.

Tenías razón. El pueblo de Amherst es una idílica postal de praderas verdes salpicadas de impolutas casitas. La brisa lleva esencia de rosas y magnolias… Todavía hoy siento que perfuman mis cabellos, ¿podrás creerlo?

Fanny Norcross fue muy gentil conmigo en todo momento. Tuve además ocasión de conocer a su prima, la tarde que fuimos a visitarla a su preciosa casa, rodeada de unos majestuosos olmos que casi parecían los ángeles custodios de aquella familia.

Te haré una confidencia: la prima de Fanny es tan extravagante que en la primera impresión me desconcertó sobremanera. Salió a recibirnos a la salita de estar  —de muy pobre decoración, todo hay que decirlo— con un traje de piqué blanco inmaculado, semejante a un canesú de esos que van bordados con realces de marfil. Mi  perplejidad fue aún mayor cuando, como respuesta a mi presentación, ella mostró una sonrisa pudorosa y me entregó una ramita de azalea con un casi imperceptible: «bienvenida a mi hogar, señora». Admito que me costó bastante disimular el estado de extrañeza en el que me sumió aquel ser menudo, de largos bucles rojizos, que más se asemejaba a una visión espectral que a una distinguida dama de Nueva Inglaterra. Claro que a medida que fui acomodándome —ya conoces mi gran capacidad para adaptarme a las situaciones— empecé a verla de otro modo, especialmente cuando tuvo la cortesía de llevarme al invernadero de su jardín, donde aprecié su exquisito gusto por el cultivo de los tulipanes y los lirios, o cuando nos dio a probar sus panecillos de jengibre recién horneados. Mientras tomábamos el té, puedo jurarte que habló tan solo de los petirrojos y de sus hábitos estivales, siempre bajo la atenta mirada de su madre, una anciana paralítica a cuyo cuidado se ha entregado, al parecer, en cuerpo y alma.

«lo más destacable de mi viaje a Amherst ha sido conocer a esa rareza que es la prima de Fanny Norcross»

Luego, ya casi al final de la tarde, cuando manifesté mi pasión por la repostería, Fanny aprovechó para elogiar las recetas de pudin, buñuelos y compotas de su prima, dado que tan inquietante criatura, según supe, es hacendosa y esmerada en su elaboración.

Así que, en definitiva, lo más destacable de mi viaje a Amherst ha sido conocer a esa rareza que es la prima de Fanny Norcross.

Ah, bueno, y sí, se llama Emily, Emily Dickinson, y creo que además escribe poemas, un fajo de cuartillas cosido con hilo transparente en el que da rienda suelta a sus fantasías de anacoreta… ¡Cielo Santo, imagínatela, ja, ja, ja, ja, ja…! Pero en fin… de todas sus aficiones, esta es sin duda la más irrelevante.

Me despido pues, querida, hasta una próxima vez. Espero verte pronto.

Afectuosamente, Lizzy.

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