Villa Cuajo

Sasa sosa

Sasa Sosa (Gáldar, 1969) es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación. A los 40 años, después de una conferencia de Escohotado, sospechó que se había equivocado de carrera. Ahora no tiene ninguna duda. Fue finalista del Primer Certamen Literario de Montserrat 2016, con la consiguiente publicación de la obra, ‘Los disfraces de Celia’, en una antología. Es miembro de la asociación de escritores Palabra y Verso. También cuenta con un blog personal, Sasa Sosa, Cuentista Impenitente.

BlogFacebooken DRAGARIA

 

El alcalde de Villa Cuajo tiene sed de inmortalidad y ha decidido hacer historia. Siente que tiene el deber de dejar huella, de aparecer en las crónicas como el mejor alcalde que haya tenido población alguna en toda la historia de la humanidad. Nunca ha sido hombre de apuntar bajo y eso le ha valido para estar donde está. 

Tiene el ojo puesto en el 8 de marzo, Día Internacional de la mujer. Se conmemora la primera celebración en el año 1911, así que la ocasión merece actuaciones de envergadura que coloquen al pueblo, y por extensión a su alcalde, donde históricamente les corresponde.

Lo primero será reunir a todas las trabajadoras de la Concejalía de Igualdad. Se sabe que alguna vez algún hombre quiso formar parte de ese departamento, pero se determinó que era contradictorio que lo hiciera en detrimento de una mujer; negarle el puesto a una futura candidata podría considerarse discriminación… y el alcalde no está dispuesto a aceptar ninguna discriminación. Bueno, solo una, la positiva, que es una variedad socialmente aceptada y hasta reivindicada. La Concejala y el Alcalde presiden la reunión. El alcalde, tras la enorme mesa de su despacho, empieza diciendo:

—Buenos días, señoras y señoritas. Como saben, este es un año importante en la celebración del 8 de marzo y tenemos que esforzarnos por hacer actividades que den mayor gloria al Día Internacional de la mujer y, en consecuencia a este pueblo y esta corporación… —Le parece que añadir «y a este alcalde», es demasiado, aunque lo piensa.

La concejala continúa:

—El señor alcalde y yo hemos estado pensando en actividades que permitan visibilizar a la mujer, que la empoderen, y que la ayuden a desenvolverse en una sociedad que le es especialmente hostil. Varios estudios demuestran que siguen teniendo dificultades en las habilidades relacionadas con las tecnologías de la información, las llamadas TIC. Por ello, lo primero que haremos es un curso intensivo de Informática para mujeres; si ya existe uno para tontos, ¿por qué no uno para mujeres? 

«Entonces el alcalde mira el reloj y se disculpa ante las trabajadoras aduciendo una reunión urgente. La concejala se hará cargo de todo»

Entonces el alcalde mira el reloj y se disculpa ante las trabajadoras aduciendo una reunión urgente. La concejala se hará cargo de todo. Al fin y al cabo esto es cosa de mujeres ¿no? —dice guiñándole un ojo antes de marcharse.

El trabajo comienza; una de las técnicas propone la adaptación del hardware de los equipos del Ayuntamiento, para hacerlo más cómodo a las compañeras que tienen las uñas muy largas y no quieren verse obligadas a cortárselas, lo que supondría anular el derecho de cualquier trabajador o trabajadora a detentar una estética propia mientras no se oponga a los reglamentos de la empresa. Otra compañera propone la creación de un carril, en las calles adoquinadas, que permita caminar sin dificultad a las mujeres que usan tacones, de modo que se eviten caídas y las consiguientes exigencias de responsabilidad al Ayuntamiento. Además, también facilitaría las cosas a las que llevan carritos de la compra o arrastran pesados capazos de bebé. ¿El argumento? Pues que, dado que son ellas las que mayoritariamente realizan este tipo de actividades, es necesario suavizar los efectos de una situación tan desigual. Todas están de acuerdo porque es de justicia y, seguramente un paso decisivo en la lucha por la igualdad.

Durante una semana se suceden acciones del tipo Encuentros de mujeres por la cultura, charlas sobre cómo educar en igualdad, conferencias sobre Sensibilización en materia de violencia de género y…una extensa batería de actividades dirigidas exclusivamente a mujeres, con lo cual, los hombres del pueblo tienen poca conciencia de que se está reivindicando algo, y si la tienen, les está negado participar. Aún así, todos y todas entienden que es de justicia obrar así en pro de la equidad.

«todo el mundo quiere saber cuál es esa gran aportación que colocará al pueblo en el centro del mapa mundial»

Llega el ansiado día, el 8 de marzo, y la corporación entera está en la plaza del pueblo. Van a descubrir una placa en la pared principal de la biblioteca pública. Una alfombra roja recorre un tramo de unos tres metros hasta la pared, donde una cortinilla roja esconde el rótulo. El alcalde está a un lado y el párroco al otro. Los dos quieren ganar adeptos, por eso el alcalde no se pierde una procesión y el párroco se hace el loco cuando alguien le pregunta por qué la mujer no puede predicar la palabra de Dios. Detrás de ellos toda la corporación, 50 hombres y 50 mujeres en elegante paridad que esperan el momento de gloria, que quedará inmortalizado y colocará al pueblo como el más emprendedor en el campo de la igualdad. El alcalde no puede cerrar la boca de pura excitación, lo mismo que el párroco. Todo el mundo está allí, hasta las mujeres han abandonado sus tareas para no perdérselo; todo el mundo quiere saber cuál es esa gran aportación que colocará al pueblo en el centro del mapa mundial. 

El alcalde empieza su discurso:

—Señoras y señores, a partir de hoy, Villa Cuajo será recordado para siempre como el pueblo que fue capaz de ir más allá en la lucha por la igualdad, como el pueblo que marcó el camino que siguieron luego el resto de pueblos del mundo, que no pudieron más que rendirse ante tremenda genialidad. Hoy, queridos ciudadanos y ciudadanas, estamos haciendo historia. ¡Recuérdenlo en las próximas elecciones!

Dicho esto, agarra la cortinilla y, ante la mirada impaciente de todos y todas, descubre una placa que reza: 

Este pueblo creó Google Maps para Mujeres, el mayor invento de la modernidad

Se oye un ¡ohh! generalizado y el alcalde retoma el discurso:

—Se preguntarán cómo hemos conseguido algo tan grande. Y es que este Ayuntamiento, apoyado solo por la agudeza de una idea, ha conseguido que el gigante Google se haya rendido a la genialidad de nuestro proyecto. Las mujeres, hasta ahora en desventaja en cuestiones de orientación espacial, ocuparán por fin su lugar en el mundo y, además, sabrán encontrarlo en el mapa.  Es un avance para el planeta entero. ¡No lo olviden en las próximas elecciones!

«Son conscientes de que, sin esta ‘adaptación’, existía un agravio comparativo soterrado que hacía imposible a la mujer estar a la altura del hombre. Ahora, y solo ahora, será posible la genuina igualdad»

Todo el mundo irrumpe en aplausos y vítores; todo el mundo se pregunta cómo no se le había ocurrido a nadie antes; todos se dan cuenta de que ahí está el origen del problema, de que ahí arrancan las trabas que habían impedido que, hasta ahora, las acciones fueran eficaces. Son conscientes de que, sin esta adaptación, existía un agravio comparativo soterrado que hacía imposible a la mujer estar a la altura del hombre. Ahora, y solo ahora, será posible la genuina igualdad.

Al día siguiente, como siempre, las niñas en el colegio visten con falda y los niños con pantalones. Juntos van a clase de religión, donde les enseñan cosas muy útiles para perpetuar la desigualdad y que las cosas cambien lo suficiente como para que parezca que cambian, pero no tanto como para que cambien de verdad. 

Todas las aulas las preside la foto de un rey que se ha saltado a sus hermanas en la línea sucesoria porque es de ley y así ha sido siempre. Las cuentas salen, está todo dentro del presupuesto. Bienvenida sea la inmovilidad, hermana mayor de la cosificación y prima hermana de las políticas de igualdad. 

FIN, ojalá

Puedes comentar este artículo en nuestra página de Facebook: