‘La espiral del silencio’ – Mayte Martín

Atando cabos

Cecilia Domínguez
Foto: Carlos Prieto.

Cecilia Domínguez Luis (La Orotava, 1948) es licenciada en Filología Hispánica. Premio Canarias de Literatura 2015 por su larga trayectoria literaria, es autora de más de una veintena de libros. Se prodiga en poemas, pero también se ha dedicado a la  narrativa y al cuento infantil, siendo este uno de los objetivos que más la incentivan. Primera mujer en acceder a la presidencia del Ateneo de La Laguna (entre 1999 y 2001), ha sido también una de las primeras escritoras en ingresar en la Academia Canaria de La Lengua, a la que pertenece desde 2011. Nombrada miembro del Instituto de Estudios Canarios en 2013, sus obras han sido traducidas a varios idiomas, como el francés, el rumano y el alemán, y ha participado como ponente en diversos congresos nacionales e internacionales de lengua y literatura, así como en encuentros de poesía, dentro y fuera de las Islas.

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por Cecilia Domínguez Luis

La espiral del silencio, frase que da título a la primera novela de Mayte Martín, publicada por Aguere-Idea, es una teoría de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neuman, según la cual, y tal como se dice en la novela, «los individuos tenemos miedo a expresar nuestra opinión en público y, muchas veces, nos dejamos llevar por lo que dice la mayoría, aunque, en el fondo, pensemos lo contrario».

Y es precisamente de ese miedo y la superación del mismo, a través de actos de valor y entrega a la profesión que se ha elegido, de lo que trata esta novela.

En un principio se podría pensar que estamos ante una novela negra o policiaca, pero ¿lo es realmente, o lo es, en su totalidad?

Cierto que tiene muchos de los ingredientes de este género literario: El cruel asesinato de Frida, una periodista de investigación y la aparición de Sandra, amiga de la víctima y detective, que pide a Mauricio, comisario de policía, colaborar en la búsqueda del asesino. Pero también aparece un personaje que va a dar un giro a esta búsqueda: es Nicolás Rusticano, periodista y amigo —más tarde pareja— de Sandra que colaborará para intentar esclarecer los hechos.

Las pistas, aportadas por la propia Frida —protagonista ausente de la historia— llevan a Sandra y a Nico a viajar hasta Argentina, y es a partir de este viaje y lo que encuentran allí sus protagonistas, cuando el lector puede empezar a preguntarse si realmente está ante una policiaca al uso —en la que por supuesto no falta el amor, el sexo, la corrupción política y policial— o ante algo más complejo y que tiene mucho que ver con el periodismo. No es baladí que la autora de esta novela ejerza esta profesión y que su padre, una de las personas a las que dedica el libro, fuese uno de los primeros detectives privados de España.

Detective y periodista se necesitan, no solo para esclarecer los hechos, sino para que el lector tome conciencia de otros problemas que están más allá del asesinato inicial.

Y es que La espiral del silencio es, y creo que, ante todo, un homenaje reivindicativo al periodismo, sobre todo al periodismo de investigación que, desgraciadamente se cobra víctimas cada día. No olvidemos el reciente asesinato de Khashoggi en Arabia Saudí, y la cantidad de periodistas que, casi cada día, son asesinados o secuestrados en diversos lugares del planeta, haya guerra o no.

La novela, dividida en veintinueve capítulos, cada uno con un título que también nos da ciertas pistas de lo que nos vamos a encontrar, está narrada en tercera persona omnisciente que se transforma en primera, cuando la narradora le concede voz propia a Sandra, a través de sus reflexiones, que aparecen, intercaladas y en cursiva, a lo largo de la novela.

El viaje que los protagonistas hacen a Argentina le sirve a la narradora para analizar la situación política y social, no solo de ese país sino de otros de Hispanoamérica, como Colombia o Venezuela. Países donde la corrupción política y policial, el narcotráfico, la violencia, la recurrencia a los sicarios, procuran un estado de terror que a muchos los hace caer en esa espiral del silencio.

A lo largo de la novela aparecen una serie de personajes de ficción, algunos víctimas también, como Armando (Hacheele), Mercy (Trece) psiquiatra y esposa de Frida, Isabel, viuda de una víctima relacionada con el narcotráfico, o los periodistas Rafa o Leonardo, que van trazando el camino a seguir y en el que nos encontramos con sucesos y personajes reales, como el asesinato del periodista José Couso en Bagdag por un carro de combate estadounidense, y el de otros reporteros en diferentes conflictos en Estados en guerra o en paz, dándonos porcentajes escalofriantes, y tejiendo una historia que, en un principio, parece paralela a la del asesinato de Frida. Sin embargo, al final, acabará cruzándose con ella, hasta llegar, después de una serie de avatares, promesas de vida y amenazas de muerte que culminarán con el regreso de Nico y Sandra a Gran Canaria, al esclarecimiento de los por qué de esos asesinatos, producto de ese deseo de callar para siempre a los que intentan buscar la verdad, en un mundo de corrupción y mentiras.

El capítulo titulado Por los pelos que, para mí, es el último de la novela, ya que el titulado Operación Flea es como la rúbrica final, Sandra le escribe mentalmente a Frida, esa protagonista esencial, aunque ausente, que no solo le proporciona las pistas para descubrir la trama sino que, al mismo tiempo, salva a la detective y a Nico, y le dice, al final: «Creo que ahora muchos periodistas podrán salvar sus vidas, o al menos se conocerán de primera mano testimonios que contribuyan a acabar con esa espiral de silencio».

Estamos pues, ante una primera novela en la que, a través de una trama policial, y con un lenguaje ágil, en el que no faltan referencia literarias e históricas, Mayte Martín reivindica la labor inestimable, pero olvidad o censurada a veces, del periodista y, al mismo tiempo, nos da su visión de lo que tiene de luminoso y de oscuro la naturaleza humana. 

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