Anacronismo

Poema inédito perteneciente al ‘Libro de las horas y los días’, cedido por la familia de la escritora para su publicación en DRAGARIA con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento

Especial Dolores Campos-Herrero

 

Dolores Campos-Herrero

Dolores Campos-Herrero (Arona, 1954 – Las Palmas de Gran Canaria, 2007) se licenció en Ciencias de la Información, formó parte de la plantilla fundacional de ‘Canarias7’, fue corresponsal de ‘El País’ y escribió para ‘Quimera’, ‘El viejo topo’, ‘El urogallo’, ‘Disenso’, ‘Alharafish’, ‘La plazuela de las letras’ o ‘Cuadernos del Ateneo de La Laguna’. Su actividad fue variada y profusa: guionista de televisión (trabajó en RTVE desde 1987 hasta su muerte), dramaturga, periodista, bloguera, activista cultural y formadora en diferentes talleres literarios, cultivó diversos géneros como la poesía, el relato breve o la literatura infantil. En los años ochenta se dio a conocer con su obra poética en la colección Nuevas Escrituras Canarias. Enriqueció el panorama literario femenino en Canarias con la publicación de quince libros y tres plaquettes que incluyen diferentes géneros, destacando en el relato breve –microrrelato– o brevería, como a ella le gustaba llamarlo. Su primera obra poética publicada fue ‘Chanel número cinco’ (1985). A ésta le siguieron otros títulos como ‘Siete Lunas’ (2002), ‘Otros domingos’ (2003) ‘Noticias del paraíso’ (2005), ‘Una vida imaginada’ (2007) y ‘El libro de los naufragios’ (2009). Se estrenó como narradora con ‘Daiquiri y otros cuentos’ seguida de ‘Basora’ (1989), ‘Fieras y ángeles. Un bestiario doméstico’ (2004), ‘Veranos mortales’ (2005), ‘Santos y pecadores’ (2006) ‘Eva, el Paraíso y otros territorios’ (2006), ‘Ficciones mínimas’ (2007), ‘Breverías’ (2008) y ‘Finales felices’ (2008). En su bibliografía sobresalen, además, los títulos de literatura infantil y juvenil ‘Azalea’ (1993), ‘Arajelbén’ (2005), ‘Rosaura y los autómatas’ (2007), ‘El viaje de Almamayé’ (2007) y ‘Fanny y los seres impares’ (2010).

Wikipedia – en DRAGARIA

 

 

 

 

Este caballero que todavía luce
una flor azul sobre su pecho
está demasiado exhausto.
Por mucho que quiera,
no es temible su lanza.
Se ha quedado sin aliento,
sin vigor, sin sueños.
Para su reposo, le ofrezco
esta ciudad vencida.
Para su comodidad,
la noche que,
en mil balcones, cuelga.

Lunas de once formas
a escasos minutos
del final del trayecto.

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