Carlos Ortega Vilas: «Separo mi yo lector de mi yo escritor»

Entrevista exprés

Lector empedernido y profesor de Lengua, Carlos Ortega Vilas busca en su literatura, no solo sorprender, sino perfeccionismo e innovación en la estructura de sus obras. Ingredientes de género negro se entremezclan con un profundo estudio psicológico de los personajes. Ortega Vilas ha cosechado con su primera novela, El santo al cielo (Dos Bigotes, 2016), un gran éxito de crítica y varias nominaciones: como mejor novela del año en el Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, mejor novela escrita en español en Valencia Negra y al premio Memorial Silverio Cañada en la Semana Negra de Gijón.

Tres claves de tu último trabajo

Con El santo al cielo me planteé explorar los límites del género negro. Me interesaba, sobre todo, intentar darle la vuelta a ciertos tópicos con los que no me sentía identificado en absoluto. Cuidé mucho tanto la construcción de personajes como el lenguaje. En el primer caso, para evitar los estereotipos —en especial cuando se trataba de personajes femeninos u homosexuales—. En el segundo, para no repetir cierto tono machista que predominaba en muchas de estas novelas. Mis protagonistas son éticos y consecuentes, han sufrido discriminación y no lo olvidan. Esto se deja ver también en su manera de hablar. Dicho esto, en ningún momento pretendí escribir un relato moral. Por eso me centro en los personajes, en mostrar sus contradicciones, sus debilidades, sus motivaciones, sin ofrecer nunca juicios de valor sobre sus actos. En segundo lugar, procuré ser lo más honesto posible. Creo que, en general, no nos gusta que nos hagan trampas cuando leemos, de modo que evité sembrar la trama de pistas falsas o sustentar todo el peso de la historia en un misterio que hasta el final no hay forma humana de resolver, como en las novelas enigma. Desde las primeras páginas muestro quién es la víctima y quién el criminal (la criminal, en este caso). A partir de ahí, el interés se centra en los personajes. En sus motivaciones. En la cadena de acontecimientos que los irá transformando. Por último, quise dejar claro desde el comienzo que se trata de una fábula. Lo que mantiene cohesionado el texto es, ante todo, la lógica interna —aunque procuré también no descuidar aquellos detalles que debían aproximarse a la realidad para no romper la verosimilitud—. Por eso la ciudad no tiene nombre y todo transcurre en lugares inventados de una España imaginaria construida a retales, a partir de imágenes deformadas y fragmentarias de lugares reales o metafóricos: la presa del Aldarmen es un trasunto de la presa de Almendra en Zamora. Ruinas de Santa Marina toma el nombre de un cementerio histórico que hay en las Rías Bajas. La Plaza de los Mártires Hebreos existe, pero está en Rodas. La inscripción que lee Aldo en el friso del cementerio de Santa Marina puede leerse, también, en el Cementerio de Las Palmas… Todo es un juego de espejos.

¿Qué autor o autora te inspira?

Leer, para mí, supone una evasión. Escribir, un trabajo que precisa de una concentración y un esfuerzo enormes, así que entre las dos actividades suelo poner una distancia. Separo mi yo lector de mi yo escritor, para que el miedo a contar algo que, seguro, ya ha sido contado no me bloquee. Por tanto no hablaría exactamente de inspiración, pero sí de autores, autoras y obras que han conformado mi manera de entender la escritura. La lista sería demasiado extensa, y en ella aparecerían muchos nombres que forman parte del bagaje común de cualquier persona que se tome en serio este oficio o que, simplemente, ame la literatura. Nombraré solo a cinco —fuera de esa lista sobreentendida de autoras y autores imprescindibles— que en un momento dado lograron contagiarme el deseo, la necesidad, la urgencia por contar: Jane Bowles, Paul Bowles, Primo Levi, Marguerite Yourcenar, Patricia Highsmith

Un poema, una novela, un cuento

— Un poema: Tristeza no céu, de Carlos Drummond de Andrade. Aunque si pudiera incluir en este apartado prosa poética, creo que me decantaría por Mortal y rosa, de Francisco Umbral.

— Una novela: Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin.

— Un cuento: Un día perfecto para el pez plátano, de J.D. Salinger.

Una obra de teatro, un guion cinematográfico

— Una obra de teatro: ¿Quién teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee. La versión cinematográfica de Mike Nichols con Elizabeth Taylor y Richard Burton es grandiosa.

— Un guion: Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz.

Proyectos

Ahora mismo sigo trabajando en la siguiente novela, que supone un giro con respecto a la anterior y un reto importante. Por otro lado, continúo dando clases en los talleres de escritura creativa Fuentetaja (en la Galería Manuel Ojeda), una labor que no deja de darme satisfacciones.

¿Qué personaje de DRAGARIA serías?

El hombre invisible. La de material que iba a tener para escribir… Y lo que me iba a ahorrar en ropa.


'El santo al cielo', de Carlos Ortega Vilas
Portada de ‘El santo al cielo’, de Carlos Ortega Vilas.

Carlos Ortega Vilas (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) es escritor, profesor de español —labor que ha desempeñado tanto en España como en Grecia— y corrector profesional y de estilo. Dirigió entre los años 2007 y 2014 los cursos de escritura de relato en Letra Hispánica (Salamanca). Desde finales de 2015 coordina los talleres de escritura creativa Fuentetaja en Las Palmas de Gran Canaria, con sede en la Galería Manuel Ojeda. Es autor de los libros Tuve que hacerlo y otros relatos (Baile del Sol, 2015) y El santo al cielo (Dos Bigotes, 2016). Ha colaborado con El País en la edición digital de El Viajero y sus relatos se han publicado en diversas antologías, como Diario del Padre Tadeus Rintelen / Resaca negra (Ediciones Hontanar, 2013), A los cuarenta y otros relatos en crisis (Ediciones Beta, 2011) o La lista negra: nuevos culpables del policial español (Salto de Página, 2009), entre otras.

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