Un alcaraván cantó

Extracto del texto de presentación de 'Un alcaraván cantó', de José Francisco Armas Pérez, en la Casa de El Hierro en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de septiembre de 2017

Antonio Arroyo Silva

Antonio Arroyo Silva (Santa Cruz de La Palma , 1957) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna. Ha sido colaborador de revistas como ‘Artymaña, La Menstrua Alba’ (Canarias), ‘Zurgai’ (Bilbao), ‘La palabra y el Hombre’ (Veracruz, México) y de medios digitales como la revista de la Sociedad de Escritores de Chile, ‘Cinosargo, Neotraba’, o de la prensa local, sobre todo en ‘Diario de Avisos’. Ha publicado los libros de poemas ‘Las metamorfosis’, ‘Esquina Paradise’ , ‘Caballo de la luz’, ‘Symphonia’, ‘No dejes que el arquero’ (Col. Instante Estante, Brasil, 2012), ‘Sísifo Sol’, ‘Poética de Esther Hughes. Primera y Mis íntimas enemistades. Las plaquettes Material de nube’, ‘Un paseo bajo los flamboyanes’ (2012). En ensayo, ‘La palabra devagar’. Ha participado en antologías nacionales e internacionales. Es miembro de Remes (Red de escritores Mundiales en Español) y de la Nueva Asociación Canaria para la Edición (Nace).

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La emigración canaria hacia Cuba, tras la Guerra Civil Española, trajo para Canarias y, en este caso, para la isla de El Hierro muchos beneficios, pero también inconvenientes. Beneficios porque en una isla tan pequeña, que por esos tiempos había sufrido las terribles consecuencias de una epidemia de tifus que arrasó con la población y dejó tras de si la hambruna. Eso, aparte de la represión política y religiosa que impuso el régimen franquista. Inconvenientes, sobre todo para las mujeres que quedaron a la espera a este lado del Atlántico, sin apenas recibir noticias de sus esposos, quienes en muchos casos formaban otra familia allá y no regresaban. Lo mismo ocurrió después, en los años 60, en la emigración a Venezuela. Eso pasó en muchas familias de El Hierro, La Palma y todo el Archipiélago. Las mujeres se quedaban, según decían, en un estado en que no eran ni solteras, ni casadas, ni viudas. Por las condiciones sociales y religiosas de las Islas una mujer no podía emparejarse con otro hombre y, aún menos, en una isla como El Hierro o La Palma.

Entrando en la novela de José Francisco Armas PérezUn alcaraván cantóque publica la editorial Idea-Aguere, he de resaltar las palabras previas de su editor Ánghel Morales cuando me propuso escribir estas palabras de presentación. Me decía Morales que se trata de una narrativa que recoge la tradición oral; es decir, lo que viaja de boca en boca por el espacio y el tiempo de la isla herreña. Y, efectivamente, tras lenta lectura, se observa que en esta obra se habla de las costumbres de la isla como el curanderismo, el trabajo del campo, el sistema patriarcal y, por supuesto, el extremo aislamiento de sus habitantes respecto de las islas mayores y de la Península. También las causas económicas y sociales que llevó a tantos campesinos a buscar fortuna en Cuba.

En este contexto se desarrolla la trama a lo largo de 37 capítulos que por su brevedad hacen que la acción transcurra con agilidad desde el principio hasta el final. Aparentemente, esta acción transcurre de forma lineal, pero con dos linealidades paralelas. Del capítulo I al XXXI transcurre en la isla (no recuerdo que se hable de El Hierro, pero la referencia a esa isla está clara). Aquí se presenta a los personajes principales: Manuela, Nicasio. Después, el viaje de Nicasio hasta Cuba, la llegada de una carta esperanzadora y, posteriormente, nada más de dicho personaje. Las demás noticias solo llegan de forma tenue e indirecta a través de cartas de otros vecinos que revelan la decisión de Nicasio de unirse sentimentalmente a la negra Caridad, etc. Del capítulo XXXII al XXXVII, en contrapunto con lo que sucede en la isla, se cuentan las hazañas verdaderas de Nicasio en Cuba y su regreso.

«Esta manera de contar crea un paralelismo entre ambas orillas, al mismo tiempo que un contraste entre lo que la gente de El Hierro contaba y lo que realmente ocurrió»

Esta manera de contar crea un paralelismo entre ambas orillas, al mismo tiempo que un contraste entre lo que la gente de El Hierro contaba y lo que realmente ocurrió. Pero no voy a revelar más, pues son ustedes quienes han de leer la novela como yo. Solo me gustaría analizar el triángulo Manuela-Nicasio-Caridad y por otro lado la relación epistolar entre Mayte y María.

Según el sociólogo Denis de Rougemont en su ensayo El amor y Occidente, toda la cultura occidental está regida por el mito del triángulo amoroso. Hace un análisis de la literatura desde Tristán e Isolda hasta los místicos españoles para aplicarlo al mundo contemporáneo. En la novela de José Francisco Armas también se reproduce el mito o esquema del triángulo, no solo por la tradición oral sino por la escrita. Así vemos la relación entre Nicasio y Manuela, el trato de este no solo machista sino salvaje, hasta el punto que le pone mayor importancia al nacimiento de un becerro que al de su propia hija María. Su argumento era que el becerro los iba a alimentar a todos. En contraste, cuando Nicasio se va a Cuba, tras su fracaso y el sentimiento de frustración completo de este, emprende una relación amorosa intensa con Caridad, hasta que ella muere tras el parto de su otra hija, Mayte. Nicasio se ocupa de los cuidados y educación de Mayte, cosa que nunca hizo con su hija herreña.

Y no les cuento más, amigos y amigas, sólo les invito a leer la novela de José Francisco Armas, que mucho tiene que decirles.

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